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Cuando la farmacia es el sanitario que nunca se va del pueblo: el salvavidas de la Andalucía rural

Los farmacéuticos rurales ejercen en el 75 % de los municipios andaluces y atienden a una población especialmente envejecida y dispersa, para la que estos establecimientos son mucho más que el lugar donde recoger medicamentos

Este viernes, 25 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Farmacéutico. En Andalucía, la efeméride adquiere un significado especial lejos de las grandes ciudades, donde la farmacia se ha convertido en uno de los servicios sanitarios más próximos para miles de vecinos de pequeños municipios.

Hay pueblos andaluces donde comprar un medicamento es solo una pequeña parte de lo que ocurre detrás del mostrador de una farmacia. Controlar que una persona mayor tome correctamente cinco medicamentos distintos, comprobar su tensión o detectar que lleva meses acumulando cajas caducadas en casa forman también parte de una asistencia especialmente valiosa en el medio rural.

Andalucía cuenta con 3.870 farmacias comunitarias, de las que 2.534 están situadas fuera de las capitales de provincia, según los últimos datos publicados por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos.

La presencia territorial es todavía más significativa cuando se observa únicamente el ámbito rural. La Asociación de Farmacéuticos Rurales de Andalucía señala que estos profesionales ejercen en alrededor del 75 % de los 769 municipios andaluces y atienden aproximadamente al 12 % de la población regional.

Una red que cobra importancia en una comunidad donde el problema demográfico afecta a buena parte del territorio. La Junta mantiene actualmente 470 municipios andaluces como prioritarios por su riesgo de despoblación, atendiendo a factores como el envejecimiento, la pérdida de habitantes o la baja densidad de población.

Mucho más que dispensar medicamentos

El Día Mundial del Farmacéutico se celebra este año bajo el lema internacional «Empoderar a los farmacéuticos para futuros más saludables», con especial atención a su papel en la prevención, el acceso a la atención sanitaria y la sostenibilidad de los sistemas de salud.

Ese papel se percibe especialmente en los pueblos. Allí, la cercanía convierte al farmacéutico en una figura a la que muchos vecinos recurren con frecuencia, especialmente personas mayores y pacientes crónicos.

El envejecimiento hace que esta tarea adquiera todavía más peso. Los mayores de 65 años generaron en Andalucía el 52 % de todas las recetas durante 2024 y recibieron una media de 74,17 prescripciones anuales por persona, frente a las 15,69 de los menores de esa edad, según la documentación presupuestaria de la Junta.

No significa que la farmacia sustituya al médico o al centro de salud, sino que puede desempeñar una función complementaria: detectar problemas con la medicación, favorecer que los tratamientos se sigan correctamente o recomendar acudir a otros profesionales sanitarios cuando resulta necesario.

El problema de tanto medicamento

Granada ofrece un ejemplo de cómo esa función está ampliándose en la práctica. La Diputación provincial y el Colegio Oficial de Farmacéuticos renovaron este verano el proyecto «Mi Reto», destinado a personas mayores de municipios en riesgo de despoblación.

El programa permite realizar gratuitamente controles de tensión arterial, glucosa, colesterol o saturación de oxígeno, además de revisar los botiquines domésticos para localizar medicamentos caducados o que ya no deberían utilizarse.

También mantiene el Sistema Personalizado de Dosificación, mediante el que el farmacéutico organiza la medicación para reducir errores y olvidos. El proyecto nació dirigido a mayores de 64 años que toman cinco o más medicamentos de forma crónica y viven solos o con personas en circunstancias similares.

Son situaciones frecuentes en una comunidad en la que el envejecimiento y la dispersión geográfica dificultan la prestación de algunos servicios en las mismas condiciones que en los grandes núcleos urbanos.

El reto de las farmacias rurales

La ventaja de la farmacia es precisamente su capilaridad. La legislación andaluza contempla que pueda existir, al menos, una oficina de farmacia en cada municipio y establece mecanismos de planificación para garantizar el acceso a medicamentos incluso en determinados núcleos aislados.

El problema aparece cuando esos establecimientos deben mantenerse en pueblos que pierden habitantes. Menos población supone también una menor actividad económica para negocios que, al mismo tiempo, prestan un servicio difícil de sustituir para quienes permanecen allí.

Por eso, detrás de muchas cruces verdes de la Andalucía rural existe algo más que un establecimiento donde retirar una receta. Para miles de mayores es un profesional sanitario cercano, accesible y presente en el mismo lugar en el que viven, incluso cuando buena parte de los servicios se encuentran a varios kilómetros de distancia.

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