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Los cuatro seminaristas que serán ordenados diáconos el sábado

Los cuatro seminaristas que serán ordenados diáconos el sábadoArzobispado de Sevilla

Cuatro nuevos diáconos y un sacerdote para Sevilla

Oriundos de la archidiócesis, de Cabo Verde y de Italia, invitan a los jóvenes a plantearse la vocación: «No mires solamente tu debilidad»

La catedral de Sevilla acogerá este sábado la ordenación diaconal de cuatro seminaristas de la archidiócesis. Una ceremonia presidida por el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, en la que, además, se ordenará sacerdote al diácono Pedro Lu.

Carlos Javier Corento, de 34 años (Mairena del Aljarafe); Elder João Tavares, de 26 años (Cabo Verde), y Javier Garrido, también de 26 años (Dos Hermanas), del Seminario Metropolitano, y Fabio Martarelli, de 50 años (Osimo, Italia), del seminario Redemptoris Mater, se preparan ante su ordenación reconociendo que con el diaconado no alcanzan «una etapa más, sino de recibir un don inmerecido. El diaconado significa ser configurado con Cristo Siervo, con aquel que ha venido no para ser servido, sino para servir y dar la vida», explica Fabio, en una entrevista difundida por la archidiócesis andaluza.

Cada uno de los nuevos diáconos tiene un testimonio vocacional distinto: a unos Dios les llamó pronto y a otros un poco más tarde; a unos en Sevilla, y a otros de fuera. Algunos venían de coquetear con otras religiones o de vivir casi como ateos, mientras que otros iban creciendo en la fe en el seno de las hermandades o de una comunidad parroquial. Sea como fuere esa primera llamada, los cuatros coinciden en que no hay que tener miedo de responder al Señor porque Él solo quiere nuestra felicidad.

«No mires solamente tu debilidad»

«Mi experiencia es que el Señor no defrauda –afirma Fabio–. Por eso, a un joven que siente la llamada le diría: no mires solamente tu debilidad; mira lo que Dios puede hacer con tu debilidad. Déjate acompañar por la Iglesia, discierne la llamada y, si descubres que el Señor te llama, no tengas miedo de decirle que sí».

Elder también recomienda no tratar de responder todas las preguntas antes de comenzar el camino, porque «muchas veces queremos tener todo claro antes de dar un paso, pero la vocación se va descubriendo poco a poco. Lo importante es confiar en el Señor, dedicar tiempo a la oración y dejarse acompañar por personas que puedan ayudar en el discernimiento. Decirle 'sí' a Dios no significa que desaparezcan las dudas o las dificultades, sino confiar en que Él estará presente en medio de ellas».

Además, Javier recuerda que todos «tenemos una misión en la vida, que no estamos aquí de paso, sino que hay algo que Dios quiere de ti: ser semejante a Él, ser eternamente feliz. Esto lo seremos si descubrimos la misión que Él nos tiene preparada. Por eso, busca con deseo lo que Dios quiere de ti, te garantizo que te cambiará la vida y en el caminar serás verdaderamente feliz, ya sea buscando la santificación de tu esposa o de tu marido, como sacerdote de Cristo, religiosa o monja contemplativa».

Para terminar, Carlos invita a todos a aquellos jóvenes que sientan inquietud vocacional a hablar con sus párrocos y que, a través de la Pastoral Vocacional, «vayan a conocer la realidad del Seminario de Sevilla, vean cómo vivimos y lo que hacemos, y puedan escuchar los testimonios vocacionales de diferentes seminaristas, donde quizás se encuentren identificados con historias concretas. Lo importante -recalca- es ponerse delante del Señor, rezar y dejarse acompañar para descubrir qué quiere Él de cada uno».

El diaconado es un paso que «impresiona», confiesa Javier, al ser consciente de cómo el diácono puede proclamar la Palabra, servir al altar y a los pobres. Le emociona también la posibilidad de «poder bautizar y dar a luz a la fe de la Iglesia a tantos niños y adultos, poder ser testigo del amor trinitario en el sacramento del matrimonio, despedir santamente a los difuntos, rezando por su salvación y anunciando la esperanza en el Reino de los Cielos, que tanta falta hace en este mundo desesperanzado en tanto momentos. Es una tarea ardua, pero me ilusiona, no por lo que haré sino por lo que Dios hará por medio de mí para con su pueblo y para conmigo».

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