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León XIV saluda a la multitud durante la audiencia general semanal en la plaza de San Pedro

León XIV saluda a la multitud durante la audiencia general semanal en la plaza de San PedroAFP

El Papa advierte sobre el «drama del humanismo ateo»: «Al negar a Dios se pierde el valor trascendente de la persona»

Durante la Audiencia General centrada en la constitución Gaudium et Spes, el Pontífice defiende que el progreso científico y técnico no rivaliza con la fe, pero exige que el avance humano esté «orientado por la caridad»

En una nueva Audiencia General en la Plaza de San Pedro, el Papa ha dedicado su catequesis al tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, titulado «La actividad humana en el mundo», reflexionando sobre el valor del trabajo y del desarrollo técnico, social y científico. Durante su intervención, el Santo Padre ha salido al paso de aquellas corrientes culturales que pretenden presentar la ciencia y el progreso como elementos contrapuestos a la fe cristiana.

El engaño de la rivalidad entre Dios y el hombre

El Pontífice ha denunciado el prejuicio, prevalente en parte de la cultura occidental postcristiana, que intenta desvincular el saber humano de la Revelación. En este sentido, ha criticado la lógica ideológica en la que «el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios».

Frente a este planteamiento, el Papa ha advertido con severidad sobre las graves consecuencias éticas y antropológicas de apartar al Creador de la sociedad: «Al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana». Citando expresamente las reflexiones del teólogo Henri de Lubac, el Santo Padre ha definido este fenómeno como el «drama del humanismo ateo».

Las victorias del hombre, signo de la grandeza divina

Evocando grandes hitos de la historia moderna, como la llegada del ser humano a la Luna en julio de 1969, el Papa ha recordado que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es legítimo «agente del progreso».

Para desmontar la falsa premisa de que la fe frena la evolución social o científica, ha recurrido directamente a la doctrina conciliar: «Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios».

De este modo, ha argumentado que Dios ha puesto en manos de la humanidad una creación «en camino» para que hombres y mujeres la conduzcan a su plenitud mediante una actividad sabia y responsable.

Santificar el trabajo y orientar la ciencia con caridad

En otro punto de su discurso, el Santo Padre ha subrayado la trascendencia de las tareas cotidianas, recalcando que la búsqueda de Dios no exige alejarse de la realidad secular. «Para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo», ha enfatizado.

Por último, el Papa ha fijado la condición imprescindible para que la técnica no degeneren en herramienta de exclusión: «Para constituir auténtico progreso humano —es decir, de todo el hombre y de todos los hombres— el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad». Solo así, ha concluido, la ciencia servirá para defender la dignidad humana y proteger a los más desfavorecidos, invitando a la Iglesia a «compartir el pan del saber y del saber-hacer» para construir un futuro mejor.

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