Atalbéitar, en la Alpujarra granadina, es un reflejo de la despoblación, ya que cuenta con solo 38 habitantes censados
Granada envejece: más años de vida, menos nacimientos y una despoblación que avanza en el interior
La provincia combina un aumento lento de población con un fuerte desequilibrio demográfico, especialmente en los municipios rurales
Granada crece en población, pero envejece. Esa es la paradoja demográfica que atraviesa hoy la provincia: mientras el número total de habitantes sigue aumentando de forma moderada, impulsado en buena medida por la población extranjera, el peso de los mayores sube, los nacimientos caen y buena parte del interior pierde población y servicios. A 1 de enero de 2025, la provincia sumaba 945.797 habitantes, con una edad media de 43,92 años, un dato que evidencia el progresivo envejecimiento de su estructura demográfica.
Ese cambio no es solo una fotografía estadística. Tiene consecuencias económicas, sociales y territoriales. Granada cuenta ya con un 21,5 % de población de 65 años o más, por encima de la media andaluza, mientras la natalidad sigue en mínimos: los nacimientos han caído a la mitad en medio siglo y la cifra de 2024 quedó un 51 % por debajo de la registrada en 1975.
Más edad media y menos relevo
La combinación de menor natalidad, mayor esperanza de vida y salida de población joven está alterando el equilibrio demográfico de la provincia. El propio Informe del Mercado de Trabajo de Granada, elaborado por el SEPE con datos de 2025, advierte de que las cifras actuales «no permiten asegurar un relevo generacional» en los próximos años, especialmente si continúa la marcha de jóvenes por la falta de oportunidades laborales.
Ese desequilibrio se percibe con más intensidad fuera de la capital y del cinturón metropolitano. Mientras las áreas urbanas resisten mejor gracias a la concentración de empleo y servicios, en buena parte del territorio rural se agrava la pérdida de población activa y aumenta el peso de los mayores. El resultado es una provincia que mantiene volumen global, pero con crecientes diferencias internas entre los núcleos que crecen y los que se vacían.
La despoblación en el interior
Granada es, además, la provincia andaluza con más municipios incluidos en la estrategia autonómica frente al desafío demográfico. La última actualización de la Junta sitúa en 113 las localidades granadinas consideradas prioritarias por riesgo de despoblación, de las que 28 están catalogadas con prioridad alta. Ninguna otra provincia andaluza concentra tantos municipios en esta situación.
Ese dato confirma que el envejecimiento no puede analizarse de forma aislada. En Granada está directamente ligado a la pérdida de habitantes en el interior, al cierre de negocios, a la dificultad para mantener servicios básicos y a una menor capacidad de atraer o retener población joven. La despoblación ya no es una amenaza futura, sino un proceso en marcha en comarcas donde cada vez nacen menos niños y viven más mayores.
Un desafío estructural para la provincia
El envejecimiento de Granada no es solo un asunto demográfico, sino un reto de primer orden para su futuro. Menos jóvenes implica menos relevo en el mercado laboral, más presión sobre el sistema sanitario y de dependencia y más dificultades para sostener la actividad económica en los municipios más frágiles. Al mismo tiempo, el ligero crecimiento total de población puede enmascarar una realidad mucho más delicada en el interior.
La cuestión de fondo ya no es únicamente cuántos habitantes tiene Granada, sino qué edad tienen, dónde viven y quién sostendrá la provincia dentro de una década. Ahí está el verdadero alcance del problema: en una Granada que todavía crece en cifras absolutas, pero que envejece, pierde natalidad y ve cómo la despoblación se convierte en una de sus grandes amenazas estructurales.