Cartel de la fiesta

Cartel de la fiestaAyuntamiento de Valle de Abdalajís

Málaga

La fiesta del pan duro del Valle de Abdalajís (Málaga): sus sabrosas migas atraen hasta 2.000 personas

La segunda edición de esta original celebración (22 y 23 de noviembre) recupera la cocina de aprovechamiento con una ruta de tapas, talleres infantiles y un mercado local durante todo el fin de semana

¡Quién lo iba a decir! Que un trozo de pan que se queda duro en la cocina porque no se consume, ahora es el protagonista de toda una fiesta en Valle de Abdalajís. La gente ya está calentando motores para la segunda edición de esta celebración que rinde homenaje a la cocina de toda la vida, esa que no tiraba nada. Por la mañana, el olor a migas se mezcla con las risas de los que pasean entre puestos.

Siete bares del pueblo se han puesto el delantal para crear tapas que harían feliz a cualquier abuela. En el Bar Reondón andan con la mazamorra hasta que quede perfecta, mientras en Venta Los Atanores repiten por décima vez sus albóndigas. «Va a salir redondo», murmura uno de los cocineros mientras prueba el punto de sal.

Recetas con historia

Lo más bonito es escuchar a los mayores contando cómo sus madres preparaban estos platos. Manuela, de 83 años, recuerda: «Es mejor el pan duro que el tierno, te da más posibilidades». Sus ojos brillan al ver que esas recetas de necesidad ahora son motivo de celebración. Las cocineras más veteranas asienten con complicidad.

En la plaza principal montan los fogones para las demostraciones. El sonido de la sartén al recibir las migas se mezcla con las explicaciones de los chefs. La gente se agolpa para cazar los trucos que luego podrán usar en casa. ¡Y luego las catas! Pequeños bocados que despiertan recuerdos y crean nuevos sabores.

Los niños se mancharán las manos de harina en los talleres. Sus caras de concentración al amasar valen más que mil palabras. Entre molde y molde, aprenden sin darse cuenta esa lección que tantas veces repiten sus abuelos: «La comida no se tira, niño».

Y de postre, música y paseos

Cuando el estómago pida un respiro, el mercadillo de la calle Real espera con sus productos de la tierra. O si prefieres mover las piernas, las rutas senderistas muestran los paisajes que rodean este valle con tanto encanto. La Panda de Verdiales pondrá la banda sonora perfecta con sus melodías de toda la vida.

Así que entre el ruido de las ollas y las risas, esta celebración se convierte en mucho más que la comida que conocemos; es el abrazo de una comunidad que valora sus tradiciones como oro. Cada migaja compartida es un relato de tradición, de esos sabios consejos compartidos en la cocina de abuelas a nietos. La noche se llena de música y baile, mientras el pan duro, quizá el alimento más humilde, sigue uniendo corazones alrededor de la mesa.

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