Hecho que comenzó en 1957 impulsado por el obispo Herrera Oria
Semana Santa
Málaga recupera el pésame a la Virgen de los Dolores el Sábado Santo sesenta años después
La orden de Servitas restituye el acto de recogimiento impulsado por el obispo Herrera Oria en 1957, que ahora se celebrará en San Felipe Neri la mañana del Sábado Santo
Hay gestos que vuelven. Y lo hacen, a veces, después de décadas de silencio. La Semana Santa de Málaga recupera este 2026 una tradición que se perdió hace sesenta años: el pésame a la Virgen de los Dolores de la Orden Seglar de Siervos de María, los conocidos como Servitas. No es un acto más. Es una ceremonia íntima, de esas que invitan a bajar la voz y a mirar hacia dentro.
Fue el obispo Ángel Herrera Oria quien impulsó esta iniciativa en 1957. Durante una década, hasta 1967, la imagen de la Virgen, tallada por Fernando Ortiz en el siglo XVIII, permanecía en el altar mayor de la Catedral desde la madrugada del Viernes Santo hasta la tarde del Sábado Santo. Los fieles desfilaban sin cesar para acompañar a la Madre en su soledad, en ese día de silencio que media entre la muerte y la resurrección.
Acto de oración en Sábado Santo
Ahora, la orden ha decidido retomar este ejercicio de piedad. Pero con un cambio significativo: no será en la Catedral, sino en su sede canónica, la iglesia de la Santa Cruz y San Felipe Neri. «Gracias a la generosa disposición de nuestra parroquia», explican desde Servitas, este acto volverá a celebrarse en la mañana del Sábado Santo.
La intención es clara. «Tras décadas de ausencia en la vida litúrgica de nuestra ciudad, se restituye este ejercicio de piedad, permitiendo que la contemplación de María en su Soledad vuelva a ser punto de encuentro para los fieles que desean acompañar el dolor de la Madre», destacan desde la orden. No buscan el ruido, sino todo lo contrario.
Luz de cera y silencio
Quienes se acerquen a San Felipe Neri el Sábado Santo encontrarán una estampa sobrecogedora. La imagen de la Virgen de los Dolores estará expuesta «de riguroso luto, con las luces apagadas y acompañada con luz de cera», según han detallado los responsables de la orden.
El acceso será por la calle Guerrero, y el templo abrirá sus puertas de 11.30 a 14.30 horas. Durante ese tiempo, los fieles no podrán visitar otras capillas; el foco estará puesto únicamente en la Dolorosa. «Quien lo desee podrá permanecer sentado unos minutos ante la imagen de la Santísima Virgen», añaden. Una invitación al recogimiento en uno de los días más litúrgicamente vacíos del calendario.
Imagen de la Virgen en su templo
Un día de espera silenciosa
El Sábado Santo tiene, en la tradición católica, un carácter especial. No hay celebraciones hasta la misa de la vigilia pascual. Es un día de espera, de duelo contenido, de iglesias en penumbra. Por eso este acto de los Servitas cobra tanto sentido. Como recogen las crónicas de aquel primer pésame de 1957, las puertas de la Catedral permanecieron abiertas toda la noche, y cientos de personas rezaron el rosario ante la Dolorosa. El desfile de fieles fue, literalmente, interminable.
Este año, el acto se suma a otra tradición arraigada en la mañana del Sábado Santo: la llamada 'misa de privilegio' que celebra la Congregación de Mena en honor de su Virgen de la Soledad. Aquella ceremonia hunde sus raíces en 1756, cuando la intercesión de la Dolorosa salvó a la tripulación de una fragata frente a las costas de Málaga. Dos formas distintas de honrar a la Madre en su soledad.
El recuerdo de Herrera Oria
Detrás de esta recuperación está la figura de Ángel Herrera Oria, el obispo que supo ver la necesidad de dar al Sábado Santo un acento de contemplación. Aquel prelado, que había sido periodista y fundador de la Asociación Católica de Propagandistas, llegó a Málaga en 1947 y transformó la vida religiosa de la diócesis. Su impulso al pésame a la Virgen fue solo una de sus muchas iniciativas.
El obispo Herrera Oria en una instantánea de la época
La memoria cofrade guarda imágenes de aquella época. La Dolorosa enlutada, sin más luz que la de los cirios, acompañada por sus hermanos rezando la corona dolorosa. Nada que distrajera. Todo lo esencial: sombra, cera, plegaria y una belleza antigua, la de una devoción que no necesita explicarse. Ahora, sesenta años después, los malagueños podrán volver a vivirla.