En la provincia de Málaga hay decenas de fortificaciones utilizadas por varias civilizaciones

En la provincia de Málaga hay decenas de fortificaciones utilizadas por varias civilizacionesDiputación de Málaga

La ruta de las fortalezas en Málaga: las fronteras entre reinos y religiones que perduran

La provincia alberga cerca de un centenar de estas construcciones, testigos mudos de batallas, rebeliones y leyendas que marcaron el devenir de Andalucía

La provincia de Málaga guarda en sus montes y cerros cerca de 90 castillos y fortalezas. No es casualidad. Su posición como territorio fronterizo entre reinos, culturas y continentes la convirtió en escenario de episodios que aún hoy resuenan entre sus piedras. Algunos llegaron casi intactos hasta nuestros días; otros apenas son ruinas que aún así conservan el eco de hazañas pasadas.

El bastión contra los Omeyas

En el municipio de Ardales, entre pinares y encinas, se alza Bobastro. Este enclave fue algo más que una fortaleza: fue la capital de una rebelión. Omar Ben Hafsun, un muladí malagueño, estableció allí su cuartel general a finales del siglo IX para desafiar al poder del emirato de Córdoba. La ciudad llegó a albergar a más de 1.500 personas.

«Bobastro fue la base del politeísmo, morada de infidelidad y mentira», llegó a escribir Abderramán III tras conquistarla en el año 928. El califa ordenó destruir las iglesias que Ben Hafsun había levantado tras convertirse al cristianismo. Hoy, la iglesia rupestre mozárabe, excavada en la roca con tres naves y arcos de herradura, sigue en pie como testimonio único.

Teba y la gesta escocesa

En el Valle del Guadalteba, el castillo de la Estrella corona la localidad de Teba. No es uno cualquiera: con 25.000 metros cuadrados de superficie y 18 torres en su origen, es el más grande de la provincia. Pero lo que lo hace único es una historia que trasciende fronteras.

Allí, en 1330, murió Sir James Douglas, un noble escocés que viajaba con el corazón embalsamado de su rey, Robert The Bruce, para llevarlo a Tierra Santa. Se unió a las tropas de Alfonso XI en el asedio al castillo. «En la toma de la fortaleza, este osado escocés y algunos de sus compatriotas perdieron la vida», recuerdan las crónicas.

Hoy, la Torre del Homenaje alberga el centro de interpretación «Una Cruzada en el Guadalteba». Desde allí, los visitantes pueden conocer cómo aquel episodio convirtió a Douglas en héroe legendario en su Escocia natal. Cada agosto, Teba celebra los 'Douglas’ Days' con un mercado medieval y recreaciones históricas que hermanan culturas separadas por siglos y kilómetros.

Álora, la bien cercada

En el Valle del Guadalhorce, el castillo de Álora vigila el pueblo desde lo alto. También tuvo su papel en las revueltas de Omar Ben Hafsun y fue testigo de la batalla en la que murió Diego Gómez de Ribera, el Adelantado de Andalucía. Aquel episodio inspiró un poema que aún perdura: ‘Álora, la bien cercada’.

Pero lo más valioso aguarda dentro. Allí se conserva un arco de herradura que los expertos señalan como único en occidente. Y junto a él, la capilla del Nazareno, levantada sobre lo que fue una antigua mezquita. El castillo fue cementerio hasta hace pocos años; hoy es símbolo de un municipio que recupera su memoria piedra a piedra.

Fortalezas que miran al mar y al pasado

La costa también guarda sus centinelas. En Fuengirola, el castillo de Sohail fue levantado en el siglo X por Abderramán III sobre un cerro junto al mar. Hoy rehabilitado, ha cambiado la defensa por la música: se ha convertido en auditorio para conciertos y eventos.

En Manilva, el castillo de la Duquesa, también conocido como de Sabinillas, data de tiempos de Carlos III. Su misión era otra: defender la costa de los ataques piratas que durante siglos asolaron estas tierras. Y en Estepona, las torres vigías como Arroyo Vaquero, Baños o Guadalmansa salpican el litoral como mudos testigos de aquella amenaza constante.

De Ronda a la Sierra de las Nieves

Gaucín presume del castillo del Águila, desde cuyas almenas se divisa el Peñón de Gibraltar y buena parte de la Serranía de Ronda. En su interior, una ermita del siglo XVII, la del Santo Niño, convive con los restos de la fortaleza árabe. Allí, según algunas crónicas, murió Guzmán el Bueno durante un asedio en 1309.

Y en Alozaina, las piedras del castillo musulmán guardan una historia de ingenio y valor. Fue allí donde María Sagredo, una joven pechera, utilizó colmenas para repeler el ataque de las tropas moriscas de El Yebali en el siglo XVI. Las abejas, según la leyenda, se cebaron con los atacantes y salvaron la población.

Patrimonio que despierta del abandono

No todas estas fortalezas han corrido la misma suerte. Muchas pasaron siglos en el olvido, expoliadas y desmanteladas. En Teba, el castillo de la Estrella sufrió un largo periodo de pillaje hasta que sus propietarios nobles trasladaron su residencia a la corte. Llegaron a desmontar hasta los mampuestos de la torre del homenaje.

Pero algo está cambiando. El Ayuntamiento de Teba actualizó hace años un plan director para recuperar su joya monumental, con una inversión global de dos millones de euros. Las primeras actuaciones, con georradares y excavaciones arqueológicas, ya han permitido nuevas hipótesis sobre sus orígenes. La provincia, poco a poco, va reivindicando unas piedras que fueron frontera y que ahora quieren ser memoria viva.

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