Dos hombres descargan una furgoneta, en un servicio de mudanza, en una imagen de archivo
Crisis sector inmobiliario Crece el éxodo de malagueños que dejan la costa para vivir en el interior por los altos precios de la vivienda
Los altos precios en la capital y la costa provocan un éxodo de familias hacia localidades como Mollina, Fuente de Piedra o Humilladero, que crecen en población pese a la amenaza de la sequía
Los altos precios de la vivienda en la costa malagueña empieza a tener un efecto en el interior. Y es que familias enteras, hartas de no encontrar un hogar asequible en Málaga capital o el litoral, están mirando hacia la comarca de Antequera. Allí, por un precio similar al de un estudio en la ciudad, se puede conseguir una casa con tres dormitorios y hasta un pequeño patio.
Mollina es uno de los ejemplos más claros de esta tendencia. Su alcalde, Eugenio Sevillano, asegura que el municipio ha ganado cerca de 200 vecinos en los dos últimos años. «Muchas familias que vivían en la capital se están viniendo al interior por el precio de la vivienda», explica. El regidor lo tiene claro: el teletrabajo ha cambiado las reglas del juego, y ahora da igual dónde se esté si hay una buena conexión a internet.
Fuente de Piedra, a 45 minutos de la capital, ha superado ya los 3.000 habitantes. Su alcalde, Siro Pachón, señala que la buena ubicación es uno de los grandes reclamos para los recién llegados. Lo cierto es que una vivienda allí puede costar entre 80.000 y 120.000 euros, una auténtica ganga si se compara con los precios de la costa.
Sin embargo, este idílico panorama tiene su lado amargo. La creciente demanda está empezando a tensionar el mercado. «Cada vez hay menos oferta de vivienda, porque son muchos los que se están viniendo», lamenta Pachón, advirtiendo de un posible aumento de precios en el futuro. La misma preocupación la traslada el alcalde de Alameda, José García, quien ya nota cómo sus propios vecinos lo tienen más complicado para comprar.
Zona de restricción de agua
Pero si un fantasma sobrevuela este repunte demográfico, ese es el de la falta de agua. A pesar de las intensas lluvias de los últimos meses, los acuíferos de la comarca siguen en estado crítico. Su recarga es lentísima: dependen del agua acumulada en roca caliza, un proceso que puede llevar años, no semanas como en los embalses convencionales.
El caso más extremo lo vive Humilladero. Llevan cinco años sin poder beber agua del grifo por un exceso de nitratos. Una vecina, visiblemente preocupada por el futuro, resume el sentir general: «Sin agua no hay vida». Su alcaldesa, Auxi Gámez, incide en esta idea: «Ese incremento de población es un incremento de consumo, y si no se nos asegura el abastecimiento, vamos a tener una situación muy grave».