Vuelve a verse fuego en las plantas superiores del hotel

Vuelve a verse fuego en las plantas superiores del hotel

Incendio declarado hace un mes

Madera, viento y riesgo de derrumbe: por qué el fuego del Ibis de Málaga no se apaga

Las llamas se reavivan de forma recurrente en el Pasillo de Guimbarda mientras los bomberos mantienen un retén permanente ante el riesgo de colapso

Cuesta creerlo, pero está pasando. Las llamas continúan devorando el hotel Ibis, en pleno centro de la ciudad, y lo que parecía un incendio más se ha convertido en un culebrón de fuego y humo que mantiene en vilo a vecinos y viandantes. Este miércoles, a punto de cumplirse los treinta días del siniestro, las ventanas del inmueble volvieron a escupir lenguas de fuego. Una imagen que ya se ha repetido en decenas de ocasiones desde aquella madrugada del 25 de mayo.

El incendio se originó en el Le Grand Café, el local hostelero de la planta baja. Las primeras hipótesis apuntan a que todo empezó ahí, aunque la investigación oficial sigue abierta a la espera de que los bomberos puedan acceder al interior. Lo que sí se sabe es que el fuego se extendió con rapidez al hotel, cuyas 189 habitaciones fueron desalojadas sin que se registraran heridos. Los huéspedes salieron a tiempo, pero el edificio quedó atrapado en un infierno que aún no se ha extinguido.

Impotencia de los bomberos

Desde entonces, una dotación de bomberos permanece destinada de forma continua al edificio del Pasillo de Guimbarda. Y es que el fuego, lejos de darse por controlado, se ha convertido en un visitante inesperado que regresa una y otra vez. La última reactivación, antes de la de este miércoles, se produjo el pasado viernes. Los efectivos trabajan sin descanso, pero su margen de maniobra es limitado.

¿El motivo? El riesgo de colapso estructural. Los bomberos no pueden acceder al interior del inmueble para atacar el fuego de forma directa. «Por motivos de seguridad, no podemos acceder al interior, de modo que permanecemos en el lugar para controlar estas reactivaciones mediante tareas de enfriamiento y prevención», explicaba recientemente Salvador Castillo, jefe del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento de Málaga. Una situación que, según reconoció el propio Castillo, nadie esperaba que se prolongara tanto: «No pensábamos que se extendería durante tanto tiempo».

Madera y viento: una combinación letal

La clave de esta persistencia infernal está en los materiales. El edificio cuenta con forjados de madera laminada que, ante el fuego, se comportan como una barbacoa que parece apagada por fuera pero mantiene brasas incandescentes en su interior. «Es como cuando tienes una barbacoa que parece apagada: remueves el carbón o la madera y por debajo sigue incandescente», señaló Jesús Miranda, director de la Cátedra de Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga. Esta combustión lenta se ve además alimentada por las corrientes de aire que genera la ubicación del hotel junto al cauce del río Guadalmedina, que actúa como un pasillo de viento y reactiva los focos cuando se producen aperturas en la estructura.

El pasado 4 de junio, cuando ya habían transcurrido diez días desde el inicio del incendio, Castillo visitó los estudios de Cope Málaga y lanzó un mensaje esperanzador: «Me gustaría pensar que va a ser en breves porque es cierto que ayer por la tarde pudimos acometer el incendio desde la cubierta». Aquellas declaraciones se produjeron hace ya 21 días. El fuego, tozudo, sigue ahí.

Mientras tanto, el proyecto de demolición total del inmueble ya está en tramitación. El edificio desaparecerá por completo, pero no será de inmediato. Hasta entonces, Málaga convive con un incendio que se niega a apagar la luz.

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