Oblatas junto a Marías y chicas poco después de llegar a la Casa de la Piedad (Palma)

Oblatas junto a Marías y chicas poco después de llegar a la Casa de la Piedad (Palma)

Cien años de misericordia: las Hermanas Oblatas y su misión en Mallorca

  • De la histórica Casa de la Piedad al barrio chino de Palma, la congregación ofrece refugio y programas de integración a mujeres que ejercen la prostitución

  • «Siempre lo han hecho por vocación y son especialistas en su labor, por eso tienen el respeto de la Iglesia y las instituciones», explica Pere Fullana

Cien años de misericordia, siendo el escudo inquebrantable de las mujeres vulnerables. Especialmente de aquellas que viven en una situación de calle. Las Hermanas Oblatas llegaron a Mallorca en 1924 para afrontar la encomiable misión de acoger, acompañar y reconducir a las mujeres que practican la prostitución. Durante un siglo, esta congregación femenina religiosa ha escrito una historia sagrada de valentía, sacrificio y lucha incansable contra la estigmatización y el desamparo de las más necesitadas. «Siempre lo han hecho por vocación y son especialistas en su labor, por eso tienen el respeto de la Iglesia y las instituciones», explica el historiador Pere Fullana.

Las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor nace en el año 1870 en Madrid. Fundada por la hermana Antonia María de Oviedo y el monje José María Benito Serra, el objetivo de su fundación era «redimir» a chicas jóvenes que querían salir de una situación de calle. «Lo hacían con toda naturalidad y eran profesionales», apunta el experto sobre la dificultad de la época para ayudar a un colectivo tan estigmatizado.

Esta bonita tarea cuenta con una larga tradición que data del siglo XVI, cuando surgen los primeros grupos religiosos especializados. En el siglo XIX, destacaban las Adoratrices y las Oblatas, «que ya trabajaban en sintonía con las instituciones y tenían un gran reconocimiento por parte de la Iglesia», prosigue Fullana, autor del libro Cien años abriendo puertas (1924-2024).

Tras fundar espacios en diferentes puntos de España, las Hermanas Oblatas llegaron a Mallorca en 1924, aprovechando que se había creado un tribunal tutelar de menores: «Necesitaban la ayuda de las instituciones, muchas de aquellas mujeres estaban en manos de la Justicia».

Las monjas se instalaron en la histórica Casa de la Pietat, donde ya habitaban unas pocas mujeres arrepentidas de ejercer la prostitución. Pero el inmenso estigma propio de la época provocó su marcha temprana del lugar: «Hubo problemas con las señoras mayores que regentaban el lugar», asegura Fullana. Después de ser rechazadas, buscaron su propio asilo y acabaron comprando una finca en La Vileta. El historiador relata que «el obispo Rigoberto Doménech las invitó a fundar en Palma una casa de Oblatas, las chicas tenían que estar vigiladas por la Justicia, y desde allí podrían ayudarlas mejor».

Comunidad de Hermanas Oblatas en el claustro de la Casa de la Piedad, en 1925

Comunidad de Hermanas Oblatas en el claustro de la Casa de la Piedad, en 1925

En los años 20, la prostitución era una práctica muy habitual en Palma, ya que «donde hay puerto, hay mucho intercambio y prostitución». La mayoría de chicas que acogían las monjas eran «jóvenes prostitutas enviadas por la Policía o hijas que huían de casa por la mala vida que sus familias denunciaban». Así sería hasta el siglo XX.

Durante la posguerra, entre 1940 y 1960, la casa de La Vileta se convirtió en una estancia muy complicada para las mujeres: «Se sentían como en una cárcel o un reformatorio, tenían normas muy rígidas con intervención judicial», expresa Fullana. Además, el malestar por la reclusión se entremezclaba con el ambiente sórdido y la delincuencia que giraba alrededor de muchas de ellas: «Había madres solteras, jóvenes descarriadas, viciosas, delincuentes...el ambiente no era fácil», detalla.

Había madres solteras, jóvenes descarriadas, viciosas, delincuentes...el ambiente no era fácil

«La prostitución en muchos casos iba unida a la droga, también porque la Policía pillaba a los delincuentes y ladrones en las casas de las chicas, y acababan pagando», lamenta Fullana sobre el drama de la adicción que asoló a toda España durante los años de transición democrática. Sin duda, fue un difícil obstáculo para la reconversión de muchas chicas, que «seguían ejerciendo la profesión para poder consumir». Una época de gran lucha por parte de las Oblatas, que "reclamaban a los agentes de seguridad que no se las llevaran en furgones, que ellas eran las que tenían que dejarlo por su voluntad».

Reclamaban a los agentes de seguridad que no se llevaran a las chicas en furgones, que ellas eran las que tenían que dejarlo por su voluntad

Entre las cientos de historias que Fullana conoce de aquellos durísimos años, destaca el rescate de una joven nicaragüense que llegó engañada a la isla. «Una mafia le mintió, la drogaron y la metieron en un polígono donde estaba esclavizada». La chica pudo liberarse y encontró refugio en las monjas, que la ayudaron a volver a casa. Mediante un ejercicio de coraje e inteligencia, lograron meterla en un avión para que escapara, ya que «había venido con billete de ida y vuelta». El historiador tuvo la oportunidad de cenar con ella para entender su situación, pero confiesa que después de aquella reunión pasó "una semana sin dormir».

Las Hermanas Oblatas fueron pioneras en Mallorca a la hora de trabajar muy de cerca con las grandes instituciones y la Iglesia. «Tienen mucho mérito, pero es cierto que siempre han contado con ayuda». El «gran visionario» fue el Obispo Teodoro Úbeda, impulsando en 1982 que se fueran a vivir al barrio chino de Palma. Según el historiador, «el Obispo veía que la Iglesia tenía que estar donde estaban los grandes problemas».

Tienen mucho mérito, pero es cierto que siempre han contado con ayuda

Finalmente, en 1988 empezó una «nueva historia» para todas ellas. Dejaron La Vileta y se mudaron al barrio chino. Allí, se instalaron en los clásicos puntos de prostitución de la ciudad, como la Porta de Sant Antoni.

El barrio chino de Palma poco antes del inicio de las obras del Plan Urban

El barrio chino de Palma poco antes del inicio de las obras del Plan Urban

Acabaron fundando el Casal Petit en las cercanías de la zona, un centro de acogida y proximidad que ofrece programas de integración para mujeres excluidas dispuestas a abandonar su situación de calle. Aunque al principio la adaptación fue compleja porque la Policía conocía sus actividades, «desde entonces todo fue más fácil por la cercanía con la Iglesia y las instituciones», deta Fullana.

Las Hermanas Oblatas gozan de un reconocimiento intachable en Palma. «La Iglesia o Cáritas derivan los casos de prostitución a ellas, porque es su mayor especialidad», comenta Fullana. Plantean la inclusión y la misericordia como aspectos fundamentales de la moral católica. Bajo el lema «Las que ejercen la prostitución también son personas», dan respuesta a una cuestión desatendida históricamente: ¿Quién cuida de ellas?

Visita del Equipo General de las Hermanas del Santísimo Redentor, 2018

Visita del Equipo General de las Hermanas del Santísimo Redentor, 2018

«Son muy luchadoras para romper las cadenas de esclavitud sexual, turismo sexual y comercio sexual, es su vocación», destaca Fullana. Aunque cada vez «se visibilizan más los derechos en la prostitución», la lucha de las Hermanas Oblatas no descansa y, tras 100 años de amor y esfuerzo, muestran la misma pasión que el primer día.

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