Obra de Andrea Mantegna del martirio de San Sebastián

Obra de Andrea Mantegna del martirio de San SebastiánWikipedia

Memorias

El soldado romano que salvó a Palma de la peste desde el cielo: la historia del patrón de la ciudad

A falta de fiestas para conmemorar a su protector histórico, suspendidas por la tragedia de Córdoba, siempre queda el recuerdo de quién fue Sant Sebastià

Este 20 de enero, Palma vivirá un Sant Sebastià distinto, marcado por el silencio y el duelo tras la tragedia ferroviaria de Córdoba que ha llevado al Ayuntamiento a suspender todos los actos festivos. Pero más allá de los habituales festejos que este año no se podrán realizar, este día también sirve para recordar quién fue Sant Sebastià y por qué su figura se convirtió en símbolo de protección, fe y resistencia, entrando de lleno en el corazón de los palmesanos.

Sant Sebastià fue un soldado romano del siglo III, nacido probablemente en Narbona (Francia), en el seno de una familia militar. Alcanzó el rango de capitán de la guardia pretoriana del emperador Maximiano, un cargo reservado a hombres ilustres. Aunque servía en el ejército imperial, en secreto profesaba la fe cristiana y ayudaba a los cristianos perseguidos y encarcelados.

Ejecutado por su fe cristiana

Cuando su religión fue descubierta, el emperador le obligó a elegir entre renunciar a su fe o abandonar el ejército. Sebastián se negó a traicionar sus creencias. Por ello fue condenado a morir asaeteado por flechas, una ejecución simbólica que más tarde daría forma a su legendaria iconografía: el santo atado a un árbol y atravesado por saetas.

Según la tradición, sobrevivió milagrosamente al primer martirio gracias a la ayuda de una mujer cristiana llamada Irene, que curó sus heridas. Tras recuperarse, se presentó de nuevo ante el emperador para reprocharle su persecución contra los cristianos. Aquella valentía le costó la vida: fue finalmente lapidado y apaleado hasta morir, y su cuerpo arrojado a una cloaca de Roma.

Símbolo contra las epidemias

Desde la Edad Media, San Sebastián fue adorado en toda Europa como protector frente a epidemias y pestes. La razón está en su propio martirio, ya que las flechas con las que fue ejecutado simbolizaban, en la cultura antigua, las plagas y enfermedades enviadas por los dioses. Así, el santo que sobrevivió a las saetas se convirtió en el «abogado contra la peste».

Esta devoción se extendió por el Mediterráneo y llegó a Mallorca durante la Reconquista. Las huestes de Jaime I ya ya veneraban a San Sebastián, y su figura comenzó a ganar peso en la isla, especialmente en Palma.

El hueso milagroso

La relación definitiva entre San Sebastián y Mallorca se confirmó en el año 1523, cuando Palma sufría una de las peores epidemias de peste de su historia. En plena crisis llegó a la ciudad Manuel Suriavisqui, arcediano de la orden religiosa San Juan de Rodas, portando una reliquia del santo: un hueso de uno de sus brazos.

Según la leyenda, tras la llegada de la reliquia muchos enfermos se curaron de forma milagrosa. Además, un fuerte temporal impidió varias veces que el arcediano abandonara la isla, lo que se interpretó como una señal divina: San Sebastián debía quedarse en Palma para protegerla.

El 15 de septiembre de ese mismo año la reliquia fue donada a la Catedral de Mallorca. A partir de entonces la leyenda del santo se hizo cada vez más grande con el paso de los años. En 1541 ya tenía un altar propio en la Seu, y en 1634 fue declarado patrón y protector de Palma, sustituyendo al anterior patrón de la ciudad, el Àngel Custodi. La Santa Sede confirmó oficialmente este título en 1868.

La figura del santo permanece muy presente en Palma. Su capilla en la Catedral de Mallorca, restaurada tras ser destruida por un rayo en 1711, sigue custodiando la imagen que los palmesanos veneran como su protector.

San Sebastián no fue sólo un mártir cristiano del Imperio romano. Para Palma es, ante todo, el santo que, según la tradición, libró mágicamente a la ciudad de la peste, y se convirtió en un emblema de su historia, su fe y su identidad.

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