Varias personas recogen aceitunas durante el comienzo de la campaña, en Quiroga, Lugo, Galicia (España).
La realidad del aceite español en Mercosur: «Sacrificamos a nuestros ciudadanos por vender cuatro litros»
Los productores consideran que los nuevos socios «no son, ni serán a corto plazo, grandes consumidores de aceite de oliva»
Vino y aceite de oliva. Estos son los dos productos agroalimentarios que se han destacado en todo momento por parte de la Unión Europea (UE) y el Gobierno de España como los principales beneficiados del país por el acuerdo de libre comercio con Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Brasil) con el objetivo de favorecer la alianza.
Los impulsores del trato con el bloque sudamericano han insistido en reivindicar las oportunidades que se abrían para los vitivinícolas y aceiteros españoles: un mercado de 270 millones de personas que comparte más vínculos y costumbres con España que muchos Estados miembro y donde, según su juicio, estos valores de la gastronomía ibérica podían multiplicar su negocio.
El foco de los viticultores respecto a Mercosur está en Brasil. El arancel actual del 30 % no evita que allí se vendan el 75 % de las botellas que España exporta a estos nuevos aliados, por lo que la eliminación gradual de la barrera llena las viñas de ilusión.
El sentir es completamente opuesto en el olivar. Los productores de aceite de oliva, en contra de lo defendido por la Comisión Europea y el Gobierno de Pedro Sánchez, consideran que el pacto será perjudicial para sus intereses y rechazan las bonanzas anunciadas por todo lo alto tanto desde Bruselas como desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
«Se está sacrificando la salud y la soberanía alimentaria de nuestros ciudadanos por la posibilidad escasa de vender cuatro litros de aceite», lamenta el responsable de Olivar de COAG Andalucía, Francisco Elvira, que se alinea con la postura mayoritaria de los agrarios nacionales que condena el acuerdo por su riesgo de provocar competencia desleal sobre las producciones del viejo continente.
La delegación de la organización profesional agraria en Jaén, región con más producción de oro líquido de Europa, contradice el triunfalismo de la UE sobre una exportación masiva de aceite de oliva rumbo América. «Los países de Mercosur no son, ni serán a corto plazo, grandes consumidores de aceite de oliva. Concretamente, el 98 % del volumen exportado de aceite de oliva a países del Mercosur va destinado a Brasil, donde tienen un 10 % de arancel, que desaparecerá en 15 años máximo», indica COAG, que precisa que el aceite de oliva consumido por este país es menor al 1 % del total de aceites vegetales.
El arancel para Argentina actual supone el 31%, aunque la capacidad de exportación se antoja compleja dado que es un país productor. «De hecho, ya exportan el 80 % de lo que producen, compitiendo con nosotros», apunta Elvira, que señala que con Paraguay el arancel es del 0 % y el margen de crecimiento es escaso, mientras que Uruguay, que tiene el PIB per cápita más alto de Mercosur –lo que lo convierte en la única economía de ingresos altos dentro del bloque–, solo consume 1.500 toneladas de aceite de oliva al año; es decir, lo que produce un pueblo de 1.000 habitantes en la campiña de Jaén. «Es un nicho, no un mercado de masas».
Elvira muestra su desconfianza por las cláusulas de salvaguardia incluidas por la Comisión a última hora para apaciguar la rebelión de los agrarios. Estos mecanismos se activarían cuando la importación de productos sensibles como el vacuno, pollo, arroz, miel, huevos, ajo, etanol y azúcar aumente un 5 % o el precio de los mismos caiga ese porcentaje: «El acuerdo con Mercosur no es el maná para el aceite de oliva que la Comisión Europea intenta vender. Las supuestas cláusulas de salvaguarda son mentira y se está abriendo la puerta a productos con menos garantías sanitarias y un coste ecológico inasumible».
El olivarero utiliza el ejemplo de Túnez para denunciar la inacción de la UE en casos de competencia desleal. «Se promete una cláusula de salvaguardia para proteger a los agricultores, mientras desde Mercosur ya han avisado de que dicho punto no figura en el texto final. Recordamos el precedente de Túnez, donde las medidas de protección nunca se aplicaron, distorsionando el mercado europeo de forma permanente. ¿De qué sirve un botón de SOS si no hay nadie para pulsarlo?», asevera el dirigente de COAG, que ahonda en que a los olivareros de Jaén se les asfixia con normativas fitosanitarias y laborales estrictas al tiempo que se fomenta la entrada de alimentos producidos bajo estándares mucho más laxos.