Ellas estudian más, pero también cargan más: las adolescentes marroquíes abandonan en silencio por obligaciones domésticas

Ellas estudian más, pero también cargan más: las adolescentes marroquíes abandonan en silencio por obligaciones domésticasGetty Images

Informe Baleares

Por qué tantos jóvenes marroquíes dejan los estudios: sólo el 4% llega al bachillerato

Un estudio en Baleares revela que los chicos dejan las aulas por el empleo temprano y las chicas por las cargas domésticas y los roles de género

El abandono escolar sigue siendo uno de los grandes retos educativos en Baleares, una comunidad que históricamente ha presentado tasas elevadas en comparación con el resto del país. Dentro de este panorama, el alumnado de origen marroquí constituye un caso especialmente significativo, no tanto por falta de escolarización en las primeras etapas, sino por las dificultades que aparecen con fuerza en la transición hacia los estudios postobligatorios.

Según el estudio Escolarización y abandono escolar en la población marroquí residente en Baleares (2023-2024), la comunidad marroquí supera los 40.000 residentes en las islas y constituye el segundo colectivo extranjero más numeroso. En 2022 había 6.723 alumnos marroquíes escolarizados, pero la continuidad se desploma en los estudios postobligatorios: sólo entre un 4% y un 8% logra seguir tras la ESO, frente al 14%-18% del conjunto del alumnado. Mientras los chicos abandonan para incorporarse pronto al mercado laboral, muchas chicas se ven frenadas por obligaciones domésticas.

El estudio analiza distintos factores sociales y estructurales, pero una de las conclusiones más claras que emergen de las entrevistas con profesorado y trabajadoras sociales es que existe una raíz familiar muy poderosa que condiciona profundamente la continuidad educativa de estos jóvenes.

El paso a Bachiller: el desplome

Desde infantil y primaria, los datos muestran una integración escolar alta: la escolarización es prácticamente completa y ha crecido de manera notable en los últimos años. Sin embargo, es en la ESO donde comienzan a detectarse los primeros signos de abandono, y sobre todo en el paso hacia bachillerato, formación profesional o universidad, donde se produce un desplome evidente.

Para el profesorado entrevistado, la explicación principal no se encuentra en un rechazo abierto hacia la escuela, sino en una combinación de prioridades familiares, expectativas limitadas y una visión práctica de la vida que se impone con fuerza.

Muchos docentes coinciden en que la baja formación educativa de los padres influye decisivamente. En numerosos hogares, especialmente aquellos procedentes de entornos rurales de Marruecos, la escuela no ha ocupado históricamente un lugar central. Esto provoca que el seguimiento académico sea escaso, no por desinterés absoluto, sino porque muchas familias no cuentan con herramientas culturales o experiencia propia para acompañar la trayectoria educativa de sus hijos.

Poco compromiso de la familia con la formación

En palabras de los propios profesores, cuesta que las familias perciban la utilidad real de prolongar los estudios más allá de lo obligatorio. La educación se valora, sí, pero a menudo se entiende como un trámite básico: aprender lo necesario y, cuanto antes, incorporarse al trabajo.

Aquí entra otro factor clave: el económico. Baleares es una comunidad marcada por el turismo y por un mercado laboral que ofrece empleo relativamente rápido en sectores poco cualificados. Para muchos adolescentes, especialmente varones, la tentación de abandonar los estudios para empezar a ganar dinero es enorme. Y en muchas ocasiones, la familia lo acepta o incluso lo impulsa, porque el aporte económico inmediato pesa más que una inversión educativa a largo plazo.

Trabajadoras sociales constatan el rol de género

Las trabajadoras sociales entrevistadas refuerzan esta interpretación. Con años de experiencia en municipios con alta presencia marroquí, explican que el absentismo y el abandono están estrechamente ligados al modelo familiar tradicional. En muchos casos, los padres mantienen una estructura de roles muy definida, donde la educación prolongada no es vista como prioridad esencial, especialmente si existen necesidades domésticas o laborales urgentes.

Además, señalan un elemento fundamental: la diferencia de género.

Aunque las chicas suelen mostrar mejor rendimiento académico y mayor disposición a continuar estudiando, son también quienes cargan con más obligaciones dentro del hogar. Muchas adolescentes asumen tareas de cuidado de hermanos pequeños, apoyo en la casa o atención a familiares enfermos. Esto dificulta su continuidad educativa y, en algunos casos, conduce a abandonos silenciosos.

Los chicos, por su parte, tienden a abandonar por motivos laborales. La idea de entrar pronto en el mercado de trabajo, incluso con empleos básicos, aparece como un horizonte más atractivo y más valorado en el entorno familiar.

El profesorado añade otro aspecto recurrente: fuera del aula, surgen sistemáticamente referencias a diferencias religiosas, de costumbres o incluso de forma de vestir como factores que remarcan cierres comunitarios y rupturas relacionales. Se repite especialmente la observación sobre el uso del velo, no solo como elemento religioso, sino como marcador identitario que puede reforzar distancias sociales.

Victimismo: en constante actitud defensiva

En este contexto, el informe destaca la doble presión a la que se ven sometidas muchas adolescentes: por un lado, las expectativas y normas de la comunidad familiar de referencia marroquí; por otro, la sociedad mallorquina donde han nacido o se han escolarizado. Entre ambos polos aparece una tensión constante vinculada a identidad, discriminación, pero también victimismo.

Victimismo entendido como una estrategia defensiva constante: junto a experiencias reales de rechazo, puede desarrollarse una tendencia a ver una discriminación en cualquier fricción cotidiana: una recomendación académica, una interacción social, un conflicto escolar. Este mecanismo, según los autores, puede reforzar el cierre identitario y dificultar puentes de integración educativa y social.

Otro punto relevante es la percepción de que derivar al alumnado marroquí hacia formación profesional en lugar de bachillerato se vive como un menosprecio. Aunque la FP puede ofrecer empleabilidad, muchos jóvenes interpretan esa orientación como un techo impuesto, lo que alimenta frustración y desconfianza hacia el sistema.

Paradójicamente, los docentes coinciden en que, pese a las restricciones familiares que reducen la participación pública de las chicas, ellas suelen mostrar mayor dedicación, rendimiento y continuidad académica que los chicos, que con más libertad externa tienden antes al abandono laboral temprano.

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