El transporte aéreo global está más interconectado de lo que se pensaba

El transporte aéreo global está más interconectado de lo que se pensabaGetty Images

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¿Por qué los retrasos aéreos se propagan entre continentes? El efecto mariposa de las conexiones ocultas

Una investigación de la universidad pública de Baleares (UIB-CSIC) aporta la primera evidencia empírica de que las demoras aéreas siguen patrones globales y se transmiten a través de rotaciones de aeronaves, conexiones de pasajeros y tripulaciones, más allá de las rutas visibles

El llamado efecto mariposa sostiene que una pequeña alteración puede desencadenar consecuencias de gran alcance. En la aviación internacional, esa metáfora tiene una traducción muy concreta y es que un retraso de pocos minutos en un aeropuerto puede terminar afectando a vuelos en otros continentes horas después. Así lo demuestra un estudio firmado por la Universidad pública de las Islas Baleares (UIB) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que analiza cómo las demoras se propagan a escala global y revela la existencia de conexiones ocultas en la red mundial de aviación.

Cuando se observa un mapa mundial de vuelos, lo que se ve son líneas que conectan ciudades. Sin embargo, la red real es mucho más compleja. Los investigadores explican que muchas de las relaciones que permiten que un retraso «salte» de un aeropuerto a otro no responden únicamente a trayectos directos, sino a la forma en que está organizada la operativa diaria del sistema.

Una de esas conexiones invisibles es la rotación de aeronaves. Un mismo avión puede realizar varios trayectos consecutivos en distintas regiones del mundo. Si llega tarde a su primer destino, ese retraso se arrastra al siguiente vuelo y al siguiente, generando una cadena que puede terminar afectando a otro continente. El avión actúa, en la práctica, como vehículo físico de la demora.

Otra pieza clave son las conexiones de pasajeros, especialmente en grandes hubs intercontinentales. Cada día, miles de viajeros enlazan vuelos de corto y largo radio. Cuando un vuelo llega con retraso y concentra pasajeros en tránsito, el aeropuerto y las aerolíneas deben decidir si esperan o reprograman. En ambos casos, el impacto se traslada a otros destinos.

El tercer elemento son las conexiones de tripulaciones. Pilotos y personal de cabina operan rutas que enlazan distintos aeropuertos en periodos muy cortos. Un desfase en su llegada puede obligar a retrasar la salida de otro vuelo, incluso en una región distinta. Es una relación que no figura en ningún mapa comercial, pero que influye decisivamente en la sincronización global.

Estas conexiones ocultas explican por qué un retraso que comienza en Europa puede terminar afectando vuelos en Asia o América horas después, incluso sin que exista una ruta directa entre ambos puntos. La propagación no depende solo de la geografía sino de la arquitectura operativa del sistema.

No sólo por tormentas y averías

Durante décadas, los retrasos aéreos se han atribuido principalmente a causas visibles: mal tiempo, problemas técnicos o saturación de infraestructuras. Aunque estos factores siguen siendo determinantes, el estudio subraya que los mecanismos internos de propagación son, en muchos casos, igual o más relevantes.

La forma en que las aerolíneas diseñan sus horarios, ajustan los tiempos de conexión y planifican la utilización de flotas crea un sistema altamente eficiente, pero también muy sensible a perturbaciones. Cuanto más optimizada está la red, menos margen existe para absorber imprevistos. Y en esa optimización extrema es donde surgen los canales invisibles de transmisión de retrasos.

Un estudio para potenciar la estrategia

Comprender estas dinámicas se traduce en consecuencias directas para aerolíneas y gestores aeroportuarios. Si se identifican los aeropuertos que actúan como hubs de propagación —aquellos con mayor capacidad de transmitir demoras a otras regiones— pueden adoptarse medidas específicas.

Entre las estrategias posibles que sugieren los investigadores destacan aumentar los márgenes de conexión en puntos críticos, rediseñar horarios y rotaciones para evitar acumulaciones de demora y priorizar vuelos que funcionan como «puentes» intercontinentales. «Actuar sobre esos nodos estratégicos podría reducir los efectos en cadena», indican desde la UIB.

Según los investigadores, estas medidas ayudarían a mitigar el impacto económico que generan los retrasos globales: costes adicionales para aerolíneas, congestión en aeropuertos y pérdida de tiempo para millones de pasajeros.

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