Baleares, España, Europa
El camino hacia la autonomía
¿Por qué cada 1 de marzo es el Día de las Islas Baleares?
Del Pacto Autonómico de 1977 a la entrada en vigor del Estatuto en 1983, Baleares culminó un complejo proceso político que dio paso al autogobierno y redefinió su identidad institucional y social
A partir del 1 de marzo de 1983 se hizo finalmente realidad en el Archipiélago un anhelo que, de alguna manera, se había iniciado tímidamente durante la Segunda República, con el anteproyecto del Estatuto de Autonomía de 1931. Ese anhelo se había retomado casi medio siglo después, en la segunda mitad de los años setenta, con la recuperación de las libertades democráticas.
El camino hacia un nuevo marco regional se había iniciado, en cierta forma, el 4 de junio de 1977, cuando la mayoría de partidos políticos isleños de la época firmaron el denominado 'Pacto Autonómico', por el que se comprometían a intentar lograr para Baleares su primer Estatuto. Sólo dos semanas después, el 15 de junio, se celebraron en España las primeras elecciones generales democráticas desde las de febrero de 1936. La victoria fue entonces para la UCD, que lideraba Adolfo Suárez.
En aquellas fechas tan ilusionantes y esperanzadoras, la sociedad civil balear se empezó a movilizar también en esa misma dirección. Así, el 29 de octubre de 1977 tuvo lugar en Palma una gran manifestación bajo el lema 'Por la Autonomía', en la que participaron más de 20.000 personas. Además, los diputados de Baleares que habían resultado elegidos en las citadas elecciones generales del 15 de junio aprobaron el 'Proyecto de régimen transitorio para la autonomía de las Islas Baleares', en un acto que tuvo lugar el 12 de diciembre de 1977.
Con la llegada de 1978, se dieron nuevos pasos en esa incipiente andadura descentralizadora, pues los mencionados diputados isleños aprobaron el contenido del Real Decreto Ley 18/1978, de 13 de junio, en el que se fijaba la estructura del régimen preautonómico. Este decreto posibilitó la creación del Consell General Interinsular —antecedente directo del Govern— y de los consells insulares de Mallorca, de Menorca y de Ibiza-Formentera.
Los primeros avances
El Consell General Interinsular se constituyó formalmente el 28 de julio de 1978, en el Castillo de Bellver. Su primer presidente sería Jeroni Albertí, que entonces era senador y miembro de la UCD, partido que abandonaría en 1982 para crear Unió Mallorquina (UM). Albertí fue, además, una figura clave en la política balear hasta principios de los años noventa.
Para que Baleares y otras regiones españolas pudieran seguir avanzando en su senda hacia la obtención de un mayor reconocimiento territorial, se hacía imprescindible que España contase con una Constitución, que, entre otras cosas, determinaría las condiciones y los límites del futuro estado autonómico. Tras meses de intenso debate en el Congreso y en el Senado, la nueva Carta Magna sería aprobada por las Cortes el 31 de octubre de 1978 y ratificada mayoritariamente en referéndum el 6 de diciembre de aquel año.
Tras la aprobación de la Constitución, el 1 de marzo de 1979 hubo de nuevo elecciones generales, con una nueva victoria de la UCD. Un mes después, el 3 de abril, se celebraron elecciones municipales. Estos comicios locales tuvieron una importancia decisiva para que Baleares pudiera dar un paso más en su camino hacia la autonomía, pues en el Archipiélago no sólo se eligieron entonces los alcaldes y los ediles de las distintas corporaciones municipales, sino también los representantes de los consells de Mallorca, de Menorca y de Ibiza-Formentera.
En sentido estricto, aquellos fueron literalmente los primeros comicios preautonómicos que se vivieron en Baleares, aunque a la postre fueron también los últimos en el marco de ese provisional nivel representativo, pues las elecciones regionales que se celebrarían en Baleares cuatro años después —en 1983— serían ya plenamente autonómicas.
El régimen preautonómico
El primer presidente del Consell de Mallorca tras los mencionados comicios locales del 3 de abril de 1979 fue también Jeroni Albertí. De ese modo, a partir de 1979 y hasta 1982 Albertí presidió al mismo tiempo tanto el Consell General Interinsular —por elección indirecta— como el Consell de Mallorca —por elección directa—. Una de las particularidades del Consell General Interinsular fue, precisamente, que sus integrantes y sus dos únicos presidentes —Jeroni Albertí y Francesc Tutzó— fueron elegidos siempre de forma indirecta a lo largo de los cinco años de existencia de este órgano.
Con la nueva Constitución española y las instituciones preautonómicas ya en marcha, había llegado el momento de empezar a redactar el anteproyecto del primer Estatuto de Baleares. Esta labor recayó sobre la denominada 'Comisión de los Once', que se constituyó en junio de 1980 y que estaba conformada por cuatro miembros de la UCD, dos del PSOE, uno del PCE, uno de AP, uno del PSM, uno del Partit Socialista de Menorca y un independiente por Ibiza y Formentera.
Tal como estaba previsto, en abril de 1981 la 'Comisión de los Once' entregó al Consell General Interinsular un primer anteproyecto o borrador de lo que debería ser el futuro Estatuto. Sin embargo, la falta de consenso entre los propios miembros de dicha comisión sobre algunos puntos, como la lengua o la bandera, provocó que Albertí decidiera disolver la 'Comisión de los Once' un mes después.
En ese contexto, en el verano de 1981 la UCD y el PSOE llegaron a un acuerdo acerca de cuál debería ser el texto definitivo del primer Estatuto, que finalmente fue elaborado por la denominada 'Asamblea de parlamentarios y consejeros interinsulares' los días 4, 6 y 7 de diciembre de 1981. Dos semanas después, el 16 de diciembre de 1981, el proyecto del Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares fue presentado en el Congreso de los Diputados.
La recta final
Al no ser Baleares una comunidad de las denominadas históricas, había iniciado el proceso autonómico por la vía del artículo 143 de la Constitución, que era una vía algo más lenta y que establecía un menor nivel competencial que la vía del artículo 151, que sólo siguieron Cataluña, el País Vasco, Galicia y Andalucía. En el caso de Baleares, la conclusión del proceso autonómico se demoró, además, algo más de lo esperado en un principio, al quedar paralizada temporalmente la tramitación del Estatuto en las Cortes por la convocatoria de elecciones generales para el 28 de octubre de 1982.
Dichos comicios supusieron la victoria del socialista Felipe González por mayoría absoluta, la práctica desaparición de la UCD y el ascenso hasta el segundo lugar de la coalición AP-PDP, liderada por Manuel Fraga. Una vez constituido ya el nuevo Parlamento, los trámites para la aprobación del Estatuto balear se aceleraron de manera significativa, hasta llegar al 22 de febrero de 1983, en que dicho texto fue definitivamente aprobado en el Congreso con 206 votos a favor, uno en contra y 97 abstenciones. En aquellas fechas entraron también en vigor los estatutos de Madrid, Extremadura y Castilla y León, que, junto con el de Baleares, fueron los últimos en ser aprobados. Tras ese último trámite, el 1 de marzo de aquel año entró en vigor el Estatuto de Autonomía de Baleares.
Con posterioridad, el 8 de mayo de 1983, se celebraron una nuevas elecciones municipales en el conjunto de España y las primeras ya plenamente autonómicas en 13 comunidades, incluida Baleares. La candidatura de Gabriel Cañellas por AP-PDP-UL y la de Félix Pons por el PSOE obtuvieron el mismo número de diputados, 21 en total. En aquel contexto, la UM de Jeroni Albertí, que había logrado seis escaños, decidió apoyar a Cañellas en la investidura. De ese modo, el 10 de junio Cañellas se convirtió en el primer presidente autonómico de Baleares. En aquel día histórico nacía el Govern como tal y al mismo tiempo desaparecía el Consell General Interinsular.
Partiendo de la realidad de ese dilatado y complejo proceso legislativo y normativo, el historiador Antoni Marimon hace para El Debate un «balance agridulce» de lo acontecido en la comunidad balear desde la entrada en vigor del Estatuto. «Se consiguieron hitos tan importantes como la transferencia de las competencias en enseñanza y sanidad, o la consideración de Baleares como nacionalidad histórica tras la reforma del Estatuto llevada a cabo en 2007», valora, para añadir: «Pero aún hay cuestiones no resueltas, como puedan ser una saturación turística muy relevante o una situación yo diría que complicada para la cultura y la lengua propia».
Presente y futuro
Ahondando en ese análisis, Marimon señala que «tras más de cuarenta años de autonomía, tanto un problema como el otro se habrían tenido que reconducir, pero no ha sido así, aunque posiblemente no tanto por voluntad de quienes nos gobiernan, sino sobre todo por dinámicas de alcance mundial, como los flujos de población o el proceso de globalización».
Le preguntamos también a Marimon si considera que el actual modelo autonómico que hay en España sería ya el definitivo. «Yo creo que hay una parte de la población que querría más autonomía y hay otra parte que desearía que hubiera menos», reconoce. A partir de esa evidencia, cree que «el actual status quo se mantendrá por ahora aún un cierto tiempo».
«La paradoja es que España es un estado casi federal, pero no federal en sentido estricto», especifica a continuación. «Desde la Primera República ha existido miedo o temor a hacer de España un Estado federal, pero no puedo dejar de pensar que una España federal quizás habría causado menos problemas que el modelo autonómico», resume.
Desde 1983, Baleares ha tenido siete presidentes autonómicos. En concreto, Gabriel Cañellas, Cristòfol Soler, Jaume Matas, Francesc Antich —fallecido en enero del pasado año—, José Ramón Bauzá, Francina Armengol y Marga Prohens, quien en unos meses cumplirá ya tres años en el cargo. Con sus aciertos y sus errores, todos ellos han contribuido a consolidar la autonomía isleña y a que gane en autoestima y en confianza. Pero nada de ello hubiera sido posible sin el esfuerzo y la dedicación de quienes elaboraron el Estatuto de 1983 y, posteriormente, de quienes en 2007 llevaron a cabo la primera reforma en profundidad del citado texto, que es el que hoy sigue aún vigente.