Gabriel Le Senne, presidente del Parlamento balear
El Perfil
Gabriel Le Senne: sobre el corcel de sus contradicciones
Gabriel Le Senne Presedo, licenciado en Derecho y Administración de Empresas, hijo de un ex director general en el primer gobierno de Cañellas, presidente del parlamento balear, no para de atraer titulares de prensa como la miel atrae a las moscas. Esta semana está en el candelero más que nunca, gracias a su discurso del primero de marzo, día de la patria autonómica, lleno de alusiones a la inmigración desmedida que sufren estas islas y que algunos asociaron a la teoría del gran reemplazo. Tampoco pasaron desapercibidas sus críticas al sistema autonómico desde lo más alto de la cámara autonómica.
No debe ser fácil para este experto hombre de leyes montar el agitado corcel de sus contradicciones. ¿Se puede presidir un parlamento regional surgido del actual estado autonómico, abogando por su casi desaparición por considerarlo «incapaz» de hacer frente a la situación política española? ¿Es correcto convertir el discurso institucional de una efeméride en una especie de mitin? ¿Se puede maniobrar desde la cámara autonómica para ser candidato a presidir un Govern cuyas competencias quisieras reducir? Todo eso sin caerse del caballo, conservando la calma y unos modales caballerescos que, sólo en ocasiones excepcionales se permite romper. Una de ellas, la más sonada, fue la que acaeció el 18 de junio de 2024 cuando dos diputadas socialistas con máster en el arte de provocar crispación le sacaron de sus casillas luciendo unas camisetas en las que figuraba el rostro de Aurora Picornell, fusilada por los franquistas en la noche de Reyes de 1937. Mercedes Garrido y Pilar Costa se instalaron en la Mesa del Parlament de la que forman parte con el claro propósito de provocar a Le Senne y lo consiguieron plenamente. Fueron expulsadas pero antes el presidente de la cámara rasgó una fotocopia de la foto de la militante comunista. Y ahí fue Troya. El dirigente de Vox tiene un juicio pendiente por ello.
En su discurso del domingo 1 de marzo Le Senne dejó caer unas frases que muchos mallorquines de los pocos que vamos quedando repiten a diario en tertulias de café o de sobremesa. Lo que pasa, según opiniones generalizadas, es que no era el momento ni el lugar. Alertar sobre los efectos demográficos y sociales que la inmigración masiva y descontrolada está causando en la sociedad balear es algo que han hecho -y por escrito- sesudos analistas nada cercanos a la extrema derecha. «Sin control de fronteras no hay control de territorio y sin control de territorio no hay estado». Eso mismo se ha escuchado en boca de doctos observadores de nuestra realidad actual. Lo que pasa es que no lo hicieron en momento institucional, mucho menos desde la solemne tribuna parlamentaria en acto conmemorativo.
Otra afirmación muy poco adecuada a la sede ni al momento fue aquella de que «de seguir el ritmo migratorio y de natalidad actual, en pocas décadas no quedará nada de las gentes que habitan Baleares». Eso se escucha, en palabras menos solemnes, en todas las esquinas y lo dicen precisamente los habitantes de Baleares que temen convertirse en una rareza histórica, una especie de «Copito de Nieve», supervivientes de un tsunami de globalización que es ya imparable.
La vuelta del español al corazón administrativo del Parlament ha sido otro de los titulares que Gabriel Le Senne nos ha dado recientemente. El pasado mes febrero, la Mesa del Parlamento de las Islas Baleares acordó que el Boletín Oficial del Parlament (BOPIB) volviera a publicarse en castellano y catalán, poniendo fin a más de 30 años en los que la edición oficial se difundía únicamente en catalán. El español, su bandera.
Si el corcel de sus contradicciones no lo derriba y mantiene sus banderas en alto, don Gabriel podría aspirar a presidir el Govern en el cada día más cercano 2027.