TikTok, el pozo en el que «pescar» almas para Cristo
Entrevista
Xiskya, la monja 'tiktokera': “Que se enamoren de Cristo, no del espectáculo"
El Debate entrevista a la Hermana Xiskya, referente de la evangelización digital en España y una de las voces más influyentes en redes sociales dentro del ámbito religioso. Afincada en Mallorca, lleva más de una década anunciando el Evangelio en el entorno digital
Referente indiscutible de la evangelización digital en España y en buena parte del mundo hispanohablante, la Hermana Xiskya Valladares lleva más de una década presente en las redes sociales con naturalidad y estrategia, mucho antes de que la Iglesia incorporara con soltura el concepto de «misión digital». Comenzó siendo conocida como la monja tuitera, cuando Twitter -hoy X- concentraba la conversación pública, y hoy es identificada como la monja tiktokera, reflejo de una evolución que no sólo ha sido de plataforma, sino también de lenguaje, formato y comprensión del ecosistema. Siempre aprendiendo, siempre creciendo. Sin embargo, en un entorno cada vez más veloz, más inmediato, más agotador, la Hermana Xiskya equilibra ese vértigo con una particular apuesta por la «slow life»: la fotografía, que le exige detener la mirada y educar el encuadre; la bicicleta, como espacio de aire y distancia; y, sobre todo, la artesanía en cuero —bolsos, carteras y fundas trabajadas a mano—, una afición nacida tras una operación de menisco que se convirtió en refugio creativo y casi meditativo, un tiempo de silencio y trabajo paciente que compensa la lógica acelerada del algoritmo.
Para quien no la conozca aún, ¿cómo se definiría usted?
Soy religiosa de la Pureza de María y me considero misionera digital. Gran parte de mi misión ha sido el anuncio del Evangelio a través de las redes sociales. No lo he hecho para personas que ya creen, sino que desde el principio fijé mi público en las personas agnósticas o alejadas de la fe que han sido bautizadas, esos católicos «enfriados» de los que hablaba Benedicto XVI cuando se refería a la nueva evangelización.
¿A los ateos los da por perdidos?
No. Pero me he dado cuenta con el tiempo —al principio lo intentaba— de que muchos ateos están muy resentidos como para volver. Incluso creo que, a veces, son más creyentes que muchos creyentes, porque no se puede estar resentido con un Dios que no existe. Si alguien está tan «de uñas», es porque, en el fondo, ese Dios existe para esa persona.
Luego hay otro grupo que ha llegado al ateísmo desde una reflexión filosófica muy profunda. Yo siempre digo «de momento», porque las personas que buscan la verdad al final la encuentran. Por eso no son mi objetivo principal. Aunque hicimos una encuesta y un 10 % de mis seguidores se declaran ateos, y entre un 20 y un 25 % son agnósticos o alejados. En total, alrededor de un 30 % no son creyentes practicantes.
Es decir, siete de cada diez seguidores «ya se conocen el tema»
Sí, pero es muy fácil escuchar aquello que confirma lo que uno ya cree. Eso es cómodo. Mi misión es otra.
Después de tantos años, ¿ha sentido frustración? Su reto es difícil.
Recibo muchísimos mensajes positivos en privado. Cada día me llegan más de cien mensajes; no puedo leerlos todos, pero los que leo confirman que la labor no es en vano, que el tiempo está invertido positivamente. Eso me anima mucho. Nosotros sembramos y es Dios quien cosecha. Nuestro trabajo es echar la semilla; cada persona tiene su ritmo y Dios respeta esos ritmos.
¿Cuáles son ahora mismo sus cifras en redes?
Sumándolo todo, supero el millón de seguidores. En TikTok tengo casi 800.000; en Instagram, unos 61.000; en Twitter, alrededor de 75.000 o 76.000; y en Facebook, unos 25.000, aunque esta última no la alimento directamente. Mi público no está en Facebook; es una red social con un público más mayor y, además, me parece una red más endogámica.
Tiene usted un conocimiento técnico que podría interesar a cualquier empresa, incluso a alguna multinacional.
Bueno, es que además de formarme como misionera digital, soy profesora universitaria. Tengo una tesis doctoral sobre Twitter y las comunidades católicas en los primeros cien días del papa Francisco. No es solo buena intención; hay estudios sólidos detrás. También soy directora del gabinete de comunicación del CESAG y elaboro su plan de social media. Mi fuerte es la evangelización, pero estos conocimientos pueden aplicarse a cualquier ámbito. La diferencia es que en la evangelización hay una exigencia ética mayor: o se está comprometida con Cristo o no se está. Los seguidores perciben si lo que se dice se vive o no se vive. La autenticidad es fundamental.
¿Hay falsedad o postureo en el mundo de los misioneros digitales?
Sí, lo hay. He detectado cuentas que parecen reales y son inteligencia artificial. Por ejemplo, «Fray Martín» no existe. También hay una supuesta monja que tampoco es real. Y postureo también hay, aunque creo que es muy minoritario. En general, los misioneros digitales que conozco hacen un esfuerzo grande por ser auténticos.
Se lo preguntaba porque, evidentemente, las redes sociales alimentan la vanidad. Nadie está exento.
Totalmente. Somos todos humanos y nadie está exento. Pero precisamente para que no haya contradicción hacen falta dos cosas: oración y confrontar la propia vida con el Evangelio, y un acompañamiento espiritual externo que ayude a discernir si lo que uno hace nace del amor de Dios o del ego. Cuando eso falla, el ego se va inflando y ahí pueden venir crisis vocacionales o abandonos. En los laicos puede ser incluso más peligroso, porque no siempre tienen a alguien que les confronte.
Por otro lado, jamás hay que improvisar. Hay que planificar y rezar los contenidos. Preguntarse: ¿esto va a ayudar a la audiencia o es promoción de mi yo? Yo también he cometido errores y he aprendido que hay cosas que alimentan el algoritmo pero confunden a la audiencia.
TikTok es una red especialmente agresiva.
Tiene un algoritmo muy adictivo. Es consumo rápido, de mucha velocidad e instantaneidad. Antes no era así; se ha vuelto más agresiva y con más publicidad. Yo subo mi contenido, pero apenas consumo vídeos. Aun así, creo que es importante estar ahí: más vale que alguien se encuentre un mensaje que le haga bien a que no lo encuentre nunca.
Se habla de un regreso de los jóvenes al cristianismo. ¿Qué mensaje hay que insistirles?
Que se enamoren de Jesucristo y no del espectáculo. Los conciertos y las multitudes pueden ser un trampolín, pero lo importante es leer el Evangelio, buscar a Jesús y sus valores, ir a lo profundo. Este mensaje va especialmente dirigido a los líderes de esos jóvenes, porque son quienes tienen la responsabilidad de no quedarse en lo superficial y conducirlos a la persona de Jesús, que es quien da madurez y valores para permanecer cuando venga el viento en contra.
Cuéntenos algo más personal. ¿Qué hobbies tiene?
Tres principalmente: la fotografía —soy profesora de fotografía—, la bicicleta y la artesanía en cuero. Hago bolsos, carteras y fundas. Empecé tras una operación de menisco, cuando no podía moverme. Es un contraste con mi vida digital: un tiempo de lentitud, casi meditativo, de trabajo manual y silencio. Me recuerda al taller de Jesús y de José. La artesanía la practico varias veces por semana; la fotografía, continuamente, porque viajo mucho dando cursos y conferencias. Instagram lo utilizo más como álbum personal. Mi «cuartel general» evangelizador es TikTok.
¿Por qué hay menos monjas que sacerdotes en YouTube?
Creo que es una cuestión de tiempo y también de carga de trabajo. Muchas mujeres religiosas asumimos tareas domésticas además del apostolado. Editar un vídeo de YouTube requiere muchísimo tiempo. Incluso un vídeo de un minuto bien producido lleva horas; en YouTube, más todavía.
¿Algún día dejará todo esto?
Sí. Creo que todo tiene su tiempo. Igual que uno se jubila del trabajo, esto también lo dejaré. Quizá a los 60 o a los 65; más allá de los 65 seguro que no seguiré.