Un complejo de cinco estrellas con 164 habitaciones situado junto al campo de golf de Andratx
Las conexiones del poder
El resort de lujo de Mallorca que conecta con uno de los hombres fuertes del ayatolá Jamenei
El Steigenberger Hotel & Resort Camp de Mar, un exclusivo complejo en la costa suroeste de la isla, aparece en la red de inversiones europeas del banquero iraní Ali Ansari, vinculado al entorno económico del régimen de Teherán
La bienvenida a la página web no puede ser más sugerente: «Su refugio en Mallorca. Cinco estrellas. Encanto mediterráneo. Una estancia inolvidable en la costa suroeste de Mallorca. A pocos pasos de la playa de arena fina. El Steigenberger Hotel & Resort Camp de Mar está enclavado entre el azul turquesa del mar, las estribaciones de la Serra de Tramuntana y el campo de golf de Andratx. Un lugar para quien busca tranquilidad y algo especial».
El mensaje es idílico, el hotel lo es aún más, pero la realidad no. Detrás de la propiedad de este complejo de lujo exclusivo aparece el nombre de Ali Ansari, un empresario iraní que durante años construyó una enorme fortuna en el sector financiero de su país. Su nombre está inevitablemente unido al Régimen de los Ayatolás, como uno de los pilares financieros de la Guardia Revolucionaria. Recientemente ha aparecido en investigaciones periodísticas internacionales que han reconstruido la red de inversiones inmobiliarias que ha tejido en Europa. Ahora, se da un paso más y aflora su conexión con Mallorca, cuna del turismo de lujo.
El Ayandeh Bank, de la mano del poder
Ansari hizo su fortuna a través de Ayandeh Bank, el banco fundado por su familia y que durante años fue una de las entidades privadas más importantes de Irán. En el sistema económico iraní, donde buena parte de las grandes empresas operan en estrecha relación con el poder político y religioso, el ascenso de grandes banqueros y empresarios rara vez se explica únicamente por razones empresariales.
Ese entramado de relaciones es el que lleva inevitablemente hasta el círculo del poder en Teherán. Durante décadas, la economía iraní ha estado profundamente influida por redes vinculadas al liderazgo religioso del país y, en particular, al entorno del todopoderoso ayatolá Ali Jamenei, muerto recientemente durante los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán.
Dentro de ese sistema, instituciones como el Islamic Revolutionary Guard Corps —la Guardia Revolucionaria— desempeñan un papel militar y lo que es más importante, controlan las bases sociales y económicas del país, desde la construcción hasta el entremado de las telecomunicaciones
Sanción de Reino Unido
Fue precisamente por presuntas conexiones financieras con esa organización por lo que el Reino Unido decidió sancionar a Ansari el pasado otoño, tras el colapso de Ayandeh Bank. Las autoridades británicas lo acusaron de haber financiado «actividades hostiles» vinculadas a la Guardia Revolucionaria y congelaron parte de su patrimonio en Londres, una cartera inmobiliaria valorada en más de 150 millones de libras. Ansari ha negado las acusaciones y ha anunciado que recurrirá las sanciones.
Mientras tanto, documentos mercantiles revisados por el Financial Times han permitido reconstruir una red de sociedades repartidas por varios países europeos a través de las cuales el empresario iraní ha ido acumulando propiedades durante los últimos años. El conjunto de esos activos —hoteles, centros comerciales y complejos turísticos— suma alrededor de 400 millones de euros.
Mallorca, en su radar
Entre ellos aparece el resort de Camp de Mar. El Steigenberger Hotel & Resort tiene 164 habitaciones y se sitúa en la exclusiva Camp de Mar, una pequeña localidad del municipio de Andratx, en el suroeste de Mallorca, a unos cuarenta minutos en coche de Palma. La zona forma parte de uno de los enclaves más cotizados de la isla, donde las montañas bajas de la Serra de Tramuntana se acercan al mar y las urbanizaciones de lujo se mezclan con campos de golf y calas tranquilas. La famosa mansión de Claudia Schiffer (de la que se deshizo en 2017) está ubicada sobre uno de sus acantilados, un dato que da buena cuenta del perfil de los vecinos.
Desde muchas de las terrazas del hotel se ve el Golf de Andratx, un recorrido conocido entre los aficionados por su dificultad y por el paisaje que lo rodea: colinas cubiertas de pinos, villas dispersas y caminos que bajan hacia el mar. A pocos minutos a pie está la playa de Camp de Mar, una cala pequeña de arena clara y aguas tranquilas, famosa por el restaurante que conecta con la arena a través de una pasarela. Si quiere un selfie mítico del verano mallorquín, este es el sitio.
Pero volviendo al mundo del lujo, el hotel está pensado para ese turismo que busca calma entre altos estándares de calidad y trato exquisito. Tiene varias piscinas exteriores rodeadas de jardines, un spa, restaurantes con vistas al mar y terrazas amplias donde muchos huéspedes pasan la tarde cuando baja el calor. En temporada alta predominan los visitantes del norte de Europa, golfistas, parejas y familias que buscan unos días de descanso lejos de las zonas más concurridas de Mallorca.
En definitiva, un resort mediterráneo de lujo. Una imagen que contrasta con lo que ocurre hoy a casi cuatro mil kilómetros de distancia.