El Conde Mal

El Conde MalIA

Leyendas de Mallorca

El castigo eterno de un conde malvado: vagar por los cielos de Mallorca en su caballo infernal

Historia y fantasía se funden en uno de los mitos más ricos y completos del folklore mallorquín

Es uno de los personajes más odiados en la historia de Mallorca. Una vez fallecido, siguió aterrorizando a los pueblos que le sufrieron en vida, rondando por los cielos a lomos de su caballo envuelto en llamas. Ramon Burgues Safortesa i Pacs Fuster fue el segundo conde de Santa Maria de Formiguera, título heredado de su padre, del que se aprovechó para explotar, atormentar y castigar cruelmente a los habitantes de Santa Margalida. Su representación en obras literarias y canciones populares, convirtieron este villano feudal en una de las leyendas más terroríficas de la isla.

Ramon Burgues Safortesa i Pacs-Fuster (1627–1694) siempre mantuvo una relación conflictiva con los vecinos de Santa Margalida. Imponía sus rentas de forma abusiva y ejercía la violencia sin parar sobre los que no satisfacían sus demandas.

El episodio que lo marcó de forma eterna, como terriblemente malvado, ocurrió en 1647, cuando ordenó asesinar en Palma a Baltasar Calafat, síndico de Santa Margalida. El crimen se cometió a tiros, en plena ciudad, frente a la casa de la víctima. Aunque hubo condena, la sanción fue leve comparada con la gravedad de los hechos. Para los vecinos, quedó claro que el conde era totalmente impune, lo que le hacía mucho más peligroso.

La leyenda del Conde Mal

Tras su muerte, su recuerdo se mezcló con una figura legendaria mucho más antigua, procedente del ámbito catalán: la del Conde Arnau, el noble condenado a vagar eternamente por sus pecados. Así nació el Conde Mal, una de las leyendas más conocidas del folclore mallorquín.

Según la tradición, Ramon fue castigado a regresar desde los infiernos montado sobre un caballo negro, cargado de cadenas y rodeado de llamas verdes, para recorrer sin descanso los cielos sobre las tierras que dominó.

Galatzó es el gran escenario de la leyenda. Allí se sitúan las cabalgadas nocturnas, los gritos, los relinchos y el sonido de las cadenas. La tradición habla de huellas del caballo marcadas en la roca, de simas donde arrojaba a sus víctimas y de lugares donde cometía sus torturas. También se decía que aparecía ante su viuda envuelto en fuego, hasta que la colocación de símbolos religiosos lograron expulsarle del lugar.

Impacto en la cultura popular

La leyenda fue creciendo con el tiempo. Se incorporaron pactos con el diablo, torturas rituales y una obsesión amorosa por una monja clarisa llamada Margalida. En Palma, el fantasma habría hecho levantar una torre para poder verla en el Palau de Can Formiguera, con ayuda infernal.

Durante el siglo XIX, escritores y poetas del romanticismo plasmaron la leyenda en obras literarias y canciones populares que se difundieron por toda la isla y mantuvieron viva la historia en pueblos como Santa Margalida, Puigpunyent o Andratx.

Así, el conde dejó de ser solo un personaje histórico para convertirse en uno de los mitos colectivos más completos de Mallorca, transmitido durante generaciones. Algunos aseguran que el jinete en llamas, sigue vagando por los cielos de Galatzó. En todo caso, lo que engrandece la leyenda es esa mezcla de fantasía y realidad. La inmensa imaginación y creatividad con la que la cultura popular mallorquina representó a uno de sus antihéroes más conocidos.

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