Castillo de Bellver

Castillo de BellverGetty Images

Leyendas de Mallorca

La bruja que te curaba la joroba si cantabas bien su canción: se esconde en una cueva bajo un castillo único en Europa

Esta leyenda mallorquina sobre obediencia, magia y castigo sitúa a tres hechiceras muy peculiares en uno de los enclaves más emblemáticos de Palma

Bajo el Castillo de Bellver (Palma), existen cuevas excavadas en la montaña que sirvió de cantera para levantar la fortaleza. Y entre esas galerías se conserva un relato popular inquietante y extraño. En una de esas cuevas, escondida entre la maleza del bosque, vivía una bruja capaz de hacer desaparecer una joroba… o de duplicarla si no le gustaba tu actitud.

El Castillo de Bellver es uno de los monumentos más reconocibles de Palma, y también uno de los más singulares: su planta circular es única en Europa. Alrededor, el Bosque de Bellver, el pulmón verde de la capital balear, esconde secretos y leyendas entre su maravilloso paisaje.

Mallorca, como buena parte de Europa entre los siglos XIII y XVII, convivió con un imaginario muy marcado sobre brujas. Y la isla aún lo delata en su toponimia: Puig de ses Bruixes, Cova de ses Bruixes, Pla de ses Bruixes, Font Bruixa… Pero también en sus cuentos populares. Esta historia de brujas y niños sirve para inculcar las consecuencias de no obedecer a los más pequeños.

La leyenda de la 'Bruixa' Joana

La historia se sitúa la Palma antigua. Un niño conocido por ser bondadoso y por su joroba, fue enviado por su madre al Bosque de Bellver a buscar leña. Entre los árboles oyó cantos y risas que salían de una cueva y, movido por la curiosidad, se acercó.

Dentro encontró a tres mujeres bailando y cantando. Le hicieron preguntas. El niño contestó con educación y respeto. Aquello pareció divertirlas. Le invitaron a bailar con ellas mientras repetían una canción pegadiza que enumeraba los días de la semana, pero sin nombrar nunca el domingo: «Lunes, martes, miércoles tres; jueves, viernes, sábado seis…». El niño no rompió la letra, mostró buena actitud y se comportó como una bruja más. Por este motivo, fue premiado. Tras el baile, salió de aquel oscuro agujero sin joroba.

Cuando el niño regresó a la ciudad, su cambio de aspecto corrió de boca en boca. Una vecina, cuyo hijo también era jorobado, deseó el mismo milagro para su retoño y lo mandó a la cueva. Sin embargo, este fue grosero, no quiso responder bien a las preguntas y, cuando llegó la canción, hizo lo que no debía: añadió el número siete, el domingo.

Las brujas se enfurecieron y le ordenaron que no lo repitiera porque odiaban el domingo. Pero el niño hizo caso omiso. El castigo fue tan simple como brutal: le pusieron otra joroba más.

'Rondaies' Mallorquinas

El relato proviene de una rondaia mallorquina –cuentos tradicionales que mezclan fantasía, leyendas y moralejas– conocida como la Bruixa Joana, el nombre de la hechicera que dictaba sentencia, y funciona como una advertencia disfrazada de magia. No va solo de brujas: va de modales, de obediencia y de consecuencias. Por eso encaja en las rondaies, que se transmitían oralmente y que, casi siempre, escondían una lección muy concreta: ser buena persona abre puertas y burlarte de las reglas te las cierra.

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