Dos de los vecinos del presunto yihadista
Policía Nacional
Un vecino «normal» que compraba muchas alfombras: así camuflaba su plan el líder yihadista en un barrio de Palma
El presunto cabecilla del Daesh detenido en Mallorca planeaba un atentado individual tras camuflar su radicalismo en un piso compartido: «Dijo que no había que beber alcohol»
En la calle Gabriel Maura de Palma -una vía como tantas otras de Palma, de casas bajas y antiguas, donde la rutina suele imponerse al sobresalto- la mañana del miércoles amaneció al grito de ¡Policía! mientras decenas de efectivos acordonaban la zona y entraban en tromba en el primer piso del número 3. Buscaban a un hombre en concreto, el supuesto cabecilla de una célula yihadista del DAESH que planeaba atentar en España. «Como en las películas», resumía uno de los inquilinos del piso, todavía con el desconcierto en la voz.
El detenido, un individuo de nacionalidad marroquí, llevaba alrededor de medio año residiendo en ese inmueble compartido con otros hombres. Entre ellos, Vasil, un ciudadano checheno que describe la convivencia como «normal», sin indicios que hicieran sospechar lo que estaba por venir. «Nunca noté nada raro», insiste. Sin embargo, la escena vivida esa mañana rompió cualquier sensación de cotidianidad: «Había tanta gente en casa que no cabíamos», recuerda. Ante el despliegue policial, optó por largarse al bar.
En el entorno más próximo, las percepciones se mezclan entre la incredulidad y el miedo. Un vecino del piso inferior cuenta a este medio un detalle que le llamó la atención. «Un día yo estaba tomando una cerveza en una terraza y le dije que se sumase. Se negó, dijo que no había que beber alcohol».
Alfombras de las que compraba el supuesto yihadista
En el edificio contiguo, una mujer no oculta su inquietud. «Madre mía, si es que estamos pared con pared», lamenta, todavía impactada por la proximidad física con alguien ahora señalado como presunto líder de una célula yihadista, cuyas intenciones pasaban por atentar en España siguiente el modelo de ataque individual, es decir,
Misma percepción en los comercios de la zona. Nadie se cree que pueda estar compartiendo barrio con alguien acusado de querer atentar en nuestro país. «Es que eso pasa en Netflix, no en el edificio de al lado». En una tienda de menaje del hogar situada a escasos metros del domicilio, los propietarios recuerdan al detenido como un cliente habitual, siempre acompañado por otros hombres. Su interés era concreto: alfombras. «Para rezar», explican. La compra era frecuente y práctica: «Aquí les salía bien porque son muchos y nuestros precios son imbatibles».
Vasil, compañero de piso
Este mosaico de testimonios dibuja la paradoja habitual en este tipo de casos: la convivencia diaria con alguien que, hacia el exterior, no despertaba sospechas significativas. Los que más tienen que ocultar son los que más se esfuerzan por mostrar normalidad.
En paralelo a esta dimensión vecinal, la operación policial ha revelado un alcance mucho mayor. La Comisaría General de Información, en colaboración con la Brigada Provincial de Información de Palma, detuvo al hombre como presunto jefe de una célula terrorista. Se trata de una persona «muy radicalizada que planificaba viajar a zona de conflicto para hacer la yihad», según fuentes policiales.
El arrestado consumía y divulgaba material de contenido de la organización terrorista Daesh en sus perfiles de redes sociales y lo empleaba además para el adoctrinamiento a terceros.
De hecho, había manifestado su voluntad a viajar para hacer la yihad en zona de conflicto y los servicios de inteligencia marroquíes lo vinculan con la planificación para la «ejecución de un atentado terrorista en España siguiendo el modo operativo del terrorismo individual», es decir, pretendía atacar como un lobo solitario en España.
Este miércoles ha caído cuando Palma despertaba.