Mar balear
Historia
El escamoteo del Mar Balear y del Mapamundi de Cresques
Aunque desde el gobierno de Cataluña se usa y se promueve la denominación de «mar catalana» en los mapas oficiales y documentos de gestión del litoral se sigue denominando como corresponde: «mar balear»
No es casualidad que desde finales del siglo XIX tanto el milenario «Mare Balearicum» de los romanos como el centenario Mapamundi del mallorquín Cresques Abraham quedasen etiquetados como catalanes, concretamente el «mar catalán» y el «Atlas catalán» y que además se hiciera desde el Rosellón (la supuesta Cataluña Norte) durante la Renaixença catalana.
Durante la Renaixença, el catalanista rosellonés Joseph Tastu bautizó el Mapamundi como «Atlas en langue catalane», que hasta entonces constaba inventariado en la Biblioteca de París como lo que era, una «Carte de 1376» y «Une quarte de mer». Años más tarde, en 1881, Alfred Morel-Fatio, jefe del Departamento de Manuscritos de la Biblioteca, publicó un catálogo de los ejemplares ibéricos de la biblioteca en el cual dio una noticia sobre el Mapamundi ya como «Atlas catalán»: «le fonds espagnol n’a recuilli qu’un seul manuscrit, l’atlas catalan, executé, sans doute, en 1375». No acabó ahí el escamoteo de lo balear. También fue desde el Rosellón, en plena efervescencia catalanista, donde se etiquetó al milenario mar balear como catalán.
En 1894, Georges Pruvot introdujo formalmente el término «mer catalane» en la literatura científica con su obra «Essai sur la topographie et la constitution des fonds sous-marins de la région de Banyuls». En su rosellonés estudio de Banyuls-sur-mer, influido por el científico catalanista Odón de Buen, definió el «mer catalane» basándose en la plataforma continental que unía las costas del Rosellón y Cataluña con el archipiélago balear. El catalanismo además de su «Atlas Catalán» había conseguido un nombre científico para una unidad geográfica que superaba las fronteras estatales entre España y Francia, «la mar catalana». El hasta entonces «Mare Balearicum» romano y que, en 1570, el flamenco Abraham Ortelius en su «Theatrum Orbis Terrarum» (considerado el primer atlas moderno) usó el rótulo en mayúsculas de «BALEARICUM MARE» para dar entidad a toda la cuenca, dándole la misma importancia visual que a las grandes provincias terrestres, había sido borrado del mapa.
La errónea e inventada denominación de Pruvot la continuó usando el oceanógrafo francés Julien Thoulet en su obra «L'Océanographie» (1904), para ser de nuevo utilizada en las Expediciones Oceanográficas Danesas por el Mediterráneo (1908-1910). Tales exploraciones fueron una serie de cruceros científicos liderados por el biólogo Johannes Schmidt a bordo del buque de investigación «Thor» que sirvieron para averiguar que la zona de cría de la anguila europea era el mar de los Sargazos y no el Mediterráneo. También realizaron estudios exhaustivos de la fauna pelágica, de la temperatura y de la salinidad del Mediterráneo. Pero para sus análisis usaron la errónea definición de Pruvot y de Buen ya que las estaciones científicas etiquetadas como «207 – 215 Catalonian Sea» se situaban justo en las islas Baleares. Pero para la Generalidad de Cataluña sí que continúan siendo útiles. Su Departamento de agricultura, ganadería, pesca y alimentación editó el libro «Recursos marins del Mediterrani. Fauna i flora del mar català» para dar «a conèixer, amb fotografies i textos breus, les espècies marines més freqüents als nostres litorals».
En febrero de 2026 el Institución Catalana de Historia Natural publicó un relación de los peces de «la mar catalana» en el que se informaba que en Baleares se capturaron un bacalao («Primera captura documentada al mar Català: juny de 2009 a les illes Balears») y también una escorpera púrpura («Espècie ocasional al mar Català (Balears)»). Para justificar que Baleares está en el mar catalán dan como referencia las erróneas estaciones científicas del danés Schmidt: «Segons les Danish Oceanographical Expeditions (1908-1910), el Mar Català és una subunitat del Mar Balear que va del cap de Cervera -al nord- al cap de la Nau -al sud-, incloses les illes Balears».
Aunque desde el gobierno de Cataluña se usa y se promueve la denominación de «mar catalana» en los mapas oficiales y documentos de gestión del litoral, además de en publicaciones y estudios de todo tipo, en los organismos españoles e internacionales se sigue denominando como corresponde, «mar balear». Dejando de lado la errónea denominación francesa, el Instituto Español de Oceanografía no sabe nada del inventado «mar catalán», sólo conoce del «mar balear».
Lo mismo hace la Organización Hidrográfica Internacional (IHO) que en su guía «Límites de los océanos y los mares» lo define y sitúa «entre las Islas Baleares y la costa de España, limitando al suroeste: una línea desde el cabo de San Antonio (Alicante) hasta cabo Berbería (extremo suroeste de Formentera); al sudeste: la costa sur de Formentera, de allí una línea desde Punta Roja, su extremo este, hasta el extremo sur de la isla de Cabrera y la isla del Aire, en el extremo sur de Menorca; al noreste: la costa este de Menorca hasta el cabo Favaritx de allí una línea hasta el cabo de San Sebastián (Gerona)».
La denominación de mar balear es la única válida ya dada por los romanos hace más de dos mil años y que ha sido utilizada durante siglos por cartógrafos e historiadores como Eginardo, biógrafo de Carlomagno. En su «Vita Karoli Magni» escrita entre el año 830 y el 833 relataba como la frontera sur de las conquistas de Carlomagno era el «mare Balearicum» o el «Balearico mari»: «pars Galliae, quae inter Rhenum et Ligerem oceanumque ac mare Balearicum» [la parte de la Galia que se extiende entre el Rin, el Loira, el océano y el mar Balear]; «Hiberum amnem, qui apud Navarros ortus et fertilissimos Hispaniae agros secans sub Dertosae civitatis moenia Balearico mari» [El río Ebro, que nace entre los navarros y atraviesa las tierras más fértiles de España bajo las murallas de la ciudad de Tortosa hasta desembocar en el mar Balear].
Fue en el siglo I a.C. que el greco-póntico Estrabón describió el mar balear entre Iberia y las Baleares: "frente a la desembocadura del Ebro, hacia el sur, se hallan las Baleares, islas memorables, en razón de las cuales el mar se denomina allí Baleárico; a estas islas los griegos las llamaron Gimnesias”. El procurador imperial romano Cayo Plinio Segundo en su «Historia Naturalis» (hacia el año 77 d.C.) plasmó sobre un rollo de papiro la denominación dada por Roma añadiéndole la de mar Ibérico: «Hibericum aut Baliaricum». El greco-egipcio Claudio Ptolomeo en el siglo II en su «Geographia“ mantuvo sólo la de mar de Baleares: “En el mar baleárico, las islas Pitiusas son dos (…); las islas Baleares son también dos». Aunque no se conservan sus dibujos originales de su libro octavo, Ptolomeo estableció las bases de la cartografía moderna.
No fue hasta mil años más tarde que el monje Máximos Planudes (1260-1310) encontró en Constantinopla un manuscrito de la «Geographia» con el texto completo en el idioma griego original, pero sin mapas. Se atribuye a Planudes la confección o, al menos, la dirección de los trabajos de recreación de los mapas de Ptolomeo conforme a sus instrucciones literales y a las coordenadas recogidas. De esos trabajos han llegado hasta nuestros días tres ejemplares no completos. En uno de ellos se puede apreciar bajo las islas Baleares el rótulo BALLIARIK PÉLAGOS (mar Baleárico) y frente a la costa andaluza mediterránea el rótulo IBERIKON PÉLAGOS (mar Ibérico).
Para Ptolomeo eran dos mares diferentes aunque ninguno de los aparece en el Mapamundi de Cresques. En su obra, Cresques (máximo exponente de la denominada Escuela Cartográfica Mallorquina) refleja la concepción tolemaica de la Tierra en el centro del Universo, pero la supera al incorporar conocimientos prácticos de navegación del Mediterráneo y descripciones detalladas de Asia y África. Cresques utilizó los conocimientos geográficos heredados de Ptolomeo, combinándolos con la información de los portulanos y relatos de viajeros.
A pesar que el Mapamundi de Cresques Abraham se conoce erróneamente como «Atlas Catalán», el topónimo Cataluña no aparece en ninguna de sus seis hojas de pergamino ricamente iluminadas. Imaginemos por un instante que en el «Atlas británico» («Britannica Atlas») de la «Encyclopædia Britannica» no apareciese el topónimo Gran Bretaña en ningún mapa.