George Virgiliu Teianu
La mató de 66 cuchilladas delante de su bebé, ahora la Justicia le condena por 15 años de maltrato previo
La sentencia describe un «ambiente de terror» marcado por insultos, control económico, aislamiento social, amenazas de muerte y agresiones constantes que acabaron sometiendo a Rosario
Rosario —«Chari», como la conocían en su entorno— fue asesinada salvajemente por su pareja en diciembre de 2024. El tipo, George Virgiliu Teianu, un rumano de 40 años con antecedentes y un historial de violencia que llevaba años alarmando a quienes le rodeaban, la acuchilló repetidamente mientras ambos viajaban en coche por el Coll d’en Rabassa, en Palma, con la hija menor de ambos —una bebé de apenas 21 meses— sentada en la sillita trasera. La Fiscalía sostiene que llegó a asestarle 66 cuchilladas y golpes dirigidos a zonas vitales: cabeza, cuello, tórax, abdomen y brazos. Más brutal, más cobarde y más despiadado, imposible.
Pero aquella escena de sangre no apareció de la nada, no fue un estallido imprevisible. El horror llevaba incubándose quince años. Quince años de control, miedo, amenazas, golpes y humillaciones que ahora una jueza de Palma, titular de Penal 3, ha cerrado con una condena de siete años de cárcel por maltrato habitual, lesiones y amenazas. La sentencia —a la que ha accedido El Debate— reconstruye el calvario que vivió Rosario durante más de una década y media. La magistrada habla de un «ambiente de terror». De «sumisión». De «control absoluto». Lo que describe es el retrato de una mujer atrapada durante años bajo el dominio de un hombre obsesivo y profundamente violento.
George Virgiliu Teianu aparece en la resolución como alguien incapaz de relacionarse sin imponer miedo. Necesitaba controlar cada aspecto de la vida de Rosario. Le revisaba el teléfono móvil, sospechaba constantemente de infidelidades, montaba escenas de celos y reaccionaba con violencia ante cualquier mínima contrariedad. La insultaba continuamente. «P...». «Mierda». «No vales nada». La degradación verbal era diaria. Un goteo constante destinado a destruir la autoestima de la víctima y convencerla de que no tenía salida ni futuro.
Tampoco podía manejar libremente el dinero. La sentencia recoge que Rosario tenía que pedirle incluso pequeñas cantidades para comprar comida. A veces escondía dinero por miedo. Vivía económicamente sometida a él, igual que emocionalmente estaba atada a sus cambios de humor y explosiones violentas.
El aislamiento era otra de las herramientas habituales del maltratador. Controlaba sus relaciones personales, se enfadaba si hablaba con otras personas y la alejaba progresivamente de amistades y familiares. Como ocurre en muchas situaciones de violencia machista prolongada, el agresor había conseguido convertir el miedo en rutina.
Patadas, puñetazos, empujones
Y después estaban las agresiones físicas.
La jueza considera probado que durante años hubo zarandeos, empujones, tirones de pelo, patadas y puñetazos. Episodios de violencia que Rosario soportaba mientras intentaba criar a sus dos hijas en medio de un clima de terror permanente. Los testigos que declararon durante el procedimiento describieron a una mujer consumida psicológicamente. Llorando. Temblando. Aterrorizada.
El episodio que acabó desencadenando la denuncia formal ocurrió el 1 de noviembre de 2024. Teianu sospechó que Rosario hablaba con otro hombre y reaccionó como llevaba reaccionando años: con violencia. La agarró, la zarandeó, le dio una patada y la golpeó. Pero lo más estremecedor fue lo que dijo entonces: «Yo iré preso, pero a ti te mataré». Y así fue.
Rosario acudió a la Guardia Civil y denunció por primera vez formalmente más de una década de malos tratos. El sistema VioGén activó una valoración de riesgo alto. Un juzgado dictó una orden de alejamiento de 500 metros y se implantó control telemático mediante pulsera. Pero no bastó.
La pulsera y la encerrona en el coche
Según sostiene la Fiscalía en el procedimiento por asesinato —le imputa dicho delito, con alevosía y ensañamiento—, Teianu pasó días llamándola y enviándole mensajes hasta convencerla para quedar con él. La mujer accedió. Quedaron el 10 de diciembre de 2024 para recoger a la hija menor de ambos en la escoleta. Rosario llegó con su Peugeot 107. Después de recoger a la niña, él se puso al volante y ella ocupó el asiento del copiloto.
Entonces empezó la última secuencia del horror.
La Fiscalía relata que Teianu condujo de forma extraña, lenta y errática por varias calles del Coll d’en Rabassa. Llevaba escondido entre la ropa un cuchillo de cocina de 15 centímetros de hoja, y en pleno trayecto comenzó el ataque. Chari apenas pudo defenderse. Recibió cuchilladas y golpes dirigidos a la cabeza, el cuello, el tórax, el abdomen y los brazos mientras la niña permanecía detrás, atrapada en su sillita. El ataque fue tan salvaje que el coche terminó chocando varias veces hasta quedar detenido a la altura del número 33 del Camí de Can Pastilla.
En un primer momento, los avisos que llegaron al 112 hablaban simplemente de un grave accidente de tráfico. Otro siniestro más. Pero cuando los primeros policías y sanitarios llegaron al lugar y se acercaron al vehículo, el escenario cambió por completo. Dentro del coche había una mujer ensangrentada y ya sin vida, una bebé herida y señales evidentes de una agresión brutal con arma blanca.
Teianu había escapado corriendo, dejando atrás el cuerpo de la madre de sus dos hijas, una de ellas presente durante las 66 puñaladas. La Policía Local logró detenerlo poco después en las inmediaciones. Sin apenas inmutarse, reconoció ante los agentes que había apuñalado a Rosario.