El acusado, durante la sesión del viernes

El acusado, durante la sesión del viernesEUROPA PRESS

Juicio en Mallorca

El forense del crimen de la Colònia: «Tenía la cara destrozada y no pudo defenderse de la paliza»

La anciana sufrió múltiples fracturas en el rostro, el cráneo y las costillas tras una agresión a patadas durante al menos 15 minutos; la mujer estaba medicada con fentanilo y tramadol y era «especialmente vulnerable»

La brutalidad de la agresión dejó a la víctima con el rostro completamente desfigurado y sin posibilidad alguna de defenderse. Así lo han relatado este martes los médicos forenses encargados de la autopsia de la mujer asesinada en la Colònia de Sant Jordi, durante una nueva sesión del juicio con jurado popular que se celebra en la Audiencia Provincial de Baleares contra el hombre acusado de matar a patadas a su exsuegra en septiembre de 2024.

Los especialistas, autores tanto del informe preliminar como del definitivo, han descrito ante el tribunal un escenario de extrema violencia. Según han detallado, el cadáver presentaba numerosas contusiones repartidas por el cráneo, el rostro y el torso, además de múltiples fracturas óseas en la cara, especialmente en las órbitas de los ojos y en la nariz. La inflamación facial era tan severa que, según han explicado, el rostro había quedado completamente deformado por la sucesión de golpes.

La víctima también sufría fracturas en el tórax y varias costillas rotas. Para los forenses, el patrón de lesiones no deja margen a demasiadas dudas: la mujer recibió golpes «reiterados y repetitivos» compatibles con patadas y pisotones dirigidos principalmente a la cabeza, el cuello y la zona torácica mientras se encontraba boca abajo en el suelo.

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención durante la declaración pericial ha sido la ausencia de lesiones defensivas. Los médicos han explicado que el cuerpo no presentaba heridas típicas de una persona que intenta protegerse de una agresión, como golpes o fracturas en brazos y manos. Esa circunstancia, unida al estado físico de la víctima, reforzaría la tesis de que apenas pudo reaccionar ante el ataque.

Medicada con fentanilo

En este sentido, los análisis toxicológicos practicados durante la autopsia detectaron restos de fentanilo y tramadol, dos potentes analgésicos que la mujer tenía prescritos para tratar el dolor. Los facultativos han señalado que el consumo de este tipo de medicación podía provocar una importante merma física y reducir considerablemente su capacidad de respuesta.

La sesión de este martes ha estado centrada principalmente en la prueba médica y científica sobre la muerte de la mujer, aunque el trasfondo del caso continúa marcado por el clima de violencia y miedo que ya quedó expuesto durante la primera jornada del juicio.

El acusado se enfrenta a una petición de 20 años de prisión por parte de la Fiscalía por un delito de asesinato. La acusación particular, ejercida por la familia de la víctima, considera en cambio que concurre una especial gravedad y reclama que sea condenado a prisión permanente revisable.

Un crimen que conmocionó

Según sostiene el Ministerio Público en su escrito de acusación, los hechos ocurrieron el 25 de septiembre de 2024 en el domicilio familiar de la Colònia de Sant Jordi donde convivían el acusado, su entonces pareja y la madre de ésta. Aquella tarde, aprovechó que la mujer regresó sola a casa para abordarla en el porche de la vivienda, tirarla al suelo y comenzar a golpearla brutalmente.

La Fiscalía mantiene que la agresión se prolongó durante al menos quince minutos y que el acusado descargó sobre la víctima una sucesión de fuertes patadas y talonazos dirigidos principalmente a la cabeza. Las lesiones provocadas resultaron incompatibles con la vida.

El juicio ya había arrancado este lunes con una sesión especialmente dura por el testimonio de la hija de la víctima y expareja del procesado. La mujer relató ante el jurado que llegó a denunciar al acusado en dos ocasiones por malos tratos, aunque acabó retirando ambas denuncias «por miedo». Según dijo, vivía aterrorizada y dormía con la puerta de la habitación cerrada con llave y con las zapatillas puestas por si necesitaba salir corriendo.

Durante su comparecencia también aseguró que el acusado la llamó por teléfono mientras, presuntamente, estaba agrediendo mortalmente a su madre. «Todos pudimos escuchar los gritos de miedo, pánico y dolor», afirmó durante su declaración.

La mujer describió además una relación «tormentosa» y explicó que el mismo día del crimen le pidió al acusado que abandonara la vivienda. Según su versión, él le respondió con una frase que la Fiscalía considera especialmente reveladora de su estado de ánimo: «Estás muy guapa de luto». También relató que horas antes había orinado en el coche de su madre.

A lo largo de la primera jornada también declararon varios agentes de la Guardia Civil que acudieron al domicilio tras recibir el aviso. Todos coincidieron en que el acusado salió a recibirles con manchas de sangre en las piernas y en los pies. Llevaba puestas unas chancletas y repetía constantemente frases como «yo no he sido», «os he llamado yo» o «os estáis equivocando».

Un vecino que presenció parte de la escena describió además los gritos de la víctima como «desgarradores».

El comportamiento del acusado durante el juicio también marcó el desarrollo de las sesiones. El lunes protagonizó varios enfrentamientos verbales con el presidente del tribunal después de insistir en que quería cambiar de abogado. El magistrado le recordó que esa petición ya había sido rechazada previamente y le advirtió en varias ocasiones de que dejara de interrumpir.

Lejos de calmarse, el procesado continuó increpando al tribunal e incluso llegó a levantarse del banquillo, obligando a intervenir a los agentes encargados de su custodia. Finalmente, el juez ordenó su expulsión temporal de la sala para poder continuar con la vista oral. Minutos después regresó bajo la condición de permanecer en silencio.

Con la declaración de los forenses, el jurado popular ha escuchado este martes el relato más detallado hasta ahora sobre la extrema violencia de la agresión y sobre el estado en el que fue hallada la víctima, en un juicio que continúa avanzando entre testimonios especialmente duros y una fuerte tensión en la sala.

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