Desde la retaguardiaMiquel Segura

Ahora tocaría una manifestación anti turística en feudos de la Boba Izquierda Balear, aunque no caerá esa breva

La pregunta es si tanta matraca hipócrita acabará o no por erosionar las extraordinarias perspectivas electorales de Prohens, hacia quien los manifestantes de Sóller, aleccionados dirigían sus cánticos e invectivas

Después de las manifestaciones anti turísticas de Palma y Sóller espero con ansia la celebración de una tercera en algún territorio -hay pocos- gobernados por la izquierda. Si no cae esa breva, lo cual es muy posible, se demostrará algo que este cronista malévolo intuyó desde el primer momento: toda la movida -incluida madò Farta- forma parte de una campaña organizada a cuatro manos por la Boba Izquierda Balear, los perro flautas de siempre y algunos medios de comunicación que, al parecer, vivían y sobrevivían mejor con Armengol. Está claro- lo tengo escrito- que a ambas manifestaciones se sumaron personas de buena voluntad que, en su ingenuidad, todavía piensan que el reto de reordenar el sector turístico depende de la fuerza de la calle. La mayoría se caerán del guindo, aunque va a llevar su tiempo.

La pregunta es si tanta matraca hipócrita acabará o no por erosionar las extraordinarias perspectivas electorales de Prohens, hacia quien los manifestantes de Sóller, claramente aleccionados, quien lo duda, dirigían sus cánticos e invectivas. Algunos recuerdan la celebérrima frase de Gabriel Cañellas el día en que cuatro desarrapados fueron a gritarle bajo su ventana: «Aquí abajo no veo a ninguno de los nuestros». Alcaldes de la Part Forana resabiados están, precisamente, en esta línea: «nada de eso afectará al voto de centro derecha, eso sí, puede que dispare hasta límites insospechados el de la extrema derecha». En este sentido se perciben síntomas alarmantes: figuras señeras del «viejo PP» -entre ellos algún que otro ex conseller- podrían inclinarse por votar a Vox. Hasta ahí llega la ola derechista, incrementada en los últimos días por la crisis migratoria de Ceuta y la posibilidad de que en Baleares tengamos algo parecido cualquier día de esos con la denominada ruta argelina. Encuestas realizadas a nivel nacional -lejos de la mano pecadora de Tezanos- indican que la debacle izquierdista podría superar todas las previsiones: entre Podemos, Sumar y lo que queda del PSOE no alcanzarían siquiera el 35% de los votos. El PP discretamente al alza y Vox. Oh cielos, disparado como un cohete.

Ante esta tesitura, ¿cuál es la estrategia de los fontaneros del PP? -también cabe preguntarse si, fuera del instinto político de la presidenta, queda alguien en su entorno que ejerza el delicado trabajo de la fontanería política, aunque esa sea otra historia-. La disyuntiva es: ¿hay que seguir mimetizando alguno de los planteamientos de Vox o cabe encontrar la fórmula para marcar una línea divisoria con ellos que, de alguna manera, conjugue el peligro del «corrimiento de carga» del voto moderado y sensato? Supongo -no lo sé, aunque algunos no me crean- que Prohens tiene una estrategia propia, pero pienso también que quizá habría que corregirla sobre la marcha. Mi consejo -nadie me lo ha pedido- sería: dureza extrema con la Boba Izquierda Balear, denuncia incansable de la hipocresía de Sánchez y Armengol y contemporización a dos bandas: por una parte con Vox -si Le Senne va a ser el candidato eso no tiene porque resultar difícil- y, por otra, con los de Coalició Per Mallorca, que en algunos de sus postulados -no en todos, ni mucho menos- andan cargados de razón.

Y a ver qué pasa, porque eso de la saturación turística y el hartazgo del indígena es cosa de temporada. Y es que, además, el panorama puede cambiar: un excelente artículo de Gisela Rivelles revelaba en ese mismo medio que en Ibiza ya se mira con pasmo y terror la imagen de unas playas vacías. Lo he dicho siempre: podemos ver muchas cosas antes de morirnos.

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