Fundado en 1910
José María Rotellar

El poder adquisitivo se hunde

La economía no debe evaluarse por mensajes propagandísticos, sino por la evolución del bienestar real de los ciudadanos

Uno de los argumentos más repetidos por el gobierno en los últimos años es que los españoles viven mejor porque los salarios son hoy más elevados que en 2018. La afirmación de mayores salarios, tomada de manera aislada en términos nominales, es cierta: los salarios en términos corrientes han aumentado. Sin embargo, la cuestión relevante no es cuánto se cobra nominalmente, sino qué capacidad de compra proporciona ese salario. Y cuando se analiza la evolución de la renta disponible real de los trabajadores, la conclusión es muy distinta y se cae el argumento del gobierno, porque los españoles se han empobrecido.

Los datos son contundentes. Según las cifras del salario medio bruto, este pasó de 26.922 euros en 2018 a 32.446 euros en 2025. Es decir, un incremento del 20,5 %. A primera vista, podría parecer una mejora sustancial. Sin embargo, esa subida es sólo una parte de la historia.

Lo que determina el bienestar económico de los ciudadanos no es el salario bruto, sino el salario neto que finalmente llega a su bolsillo. Una vez descontados el IRPF y las cotizaciones sociales, el salario medio neto pasa de aproximadamente 21.800 euros en 2018 a 25.400 euros en 2025. El incremento neto es del 16,5 %, notablemente inferior al aumento del salario bruto, lo que refleja la voracidad confiscatoria de Hacienda.

La diferencia no es casual. Entre ambos años, la carga soportada por los trabajadores en concepto de impuestos y cotizaciones aumentó significativamente. En 2018, el trabajador medio soportaba aproximadamente 5.122 euros entre IRPF y cotizaciones sociales. En 2025, esa cifra alcanza los 7.046 euros. Es decir, un incremento de 1.924 euros anuales, equivalente a un aumento del 37,6 %.

La carga fiscal efectiva también crece. El tipo medio efectivo pasa del 19 % al 21,7 %. Dicho de otro modo, una proporción cada vez mayor del salario generado por el trabajador es absorbida por las administraciones públicas antes de llegar a su bolsillo.

Además, este aumento de la carga fiscal se produce en un contexto en el que no ha existido una ganancia real de poder adquisitivo. Por ello, resulta razonable concluir que una parte relevante del incremento de la tributación responde al fenómeno conocido como progresividad en frío. Cuando la inflación eleva los salarios nominales, pero los tramos del impuesto no se actualizan adecuadamente, los contribuyentes terminan pagando más impuestos sin haber mejorado realmente su capacidad económica.

Los datos lo ilustran con claridad. Del incremento total del salario bruto entre 2018 y 2025, que asciende a 5.524 euros, únicamente 3.600 euros llegaron al trabajador en forma de salario neto. Los restantes 1.924 euros fueron absorbidos por impuestos y cotizaciones. En otras palabras, sólo el 65% de la mejora salarial bruta llegó al bolsillo de los trabajadores, mientras que el 35 % restante fue capturado por el aumento de la carga fiscal y de las cotizaciones.

Sin embargo, incluso esa ganancia neta resulta insuficiente para mantener el nivel de vida previo. Entre 2018 y 2025 los precios aumentaron aproximadamente un 22,5 %. Y aquí aparece el elemento decisivo que suele quedar oculto tras los discursos triunfalistas.

Cuando se deflacta el salario neto de 2025 por la inflación acumulada, se obtiene una cifra equivalente a 20.729 euros medidos en euros de 2018. Es decir, aunque el trabajador medio percibe nominalmente 25.400 euros netos, su capacidad de compra equivale a la que tendría alguien que cobrara 20.729 euros en 2018.

La consecuencia es evidente. El poder adquisitivo real neto ha pasado de un índice 100 en 2018 a un índice 95,1 en 2025. Dicho de otra manera, el trabajador medio ha perdido aproximadamente un 4,9 % de poder adquisitivo durante este período.

Esta cifra tiene una enorme relevancia porque desmonta uno de los principales relatos económicos del gobierno. No basta con afirmar que los salarios son más elevados. Lo importante es determinar si permiten comprar más bienes y servicios. Y la respuesta es negativa.

De hecho, para mantener exactamente el mismo poder adquisitivo que tenía en 2018, el salario neto medio debería haberse situado en torno a los 26.700 euros en 2025. Sin embargo, se ha quedado en 25.400 euros. Existe, por tanto, un déficit de capacidad de compra de aproximadamente 1.070 euros netos anuales por trabajador, lastrado, en gran parte, por la voracidad recaudatoria.

La fotografía completa resulta especialmente reveladora. Entre 2018 y 2025, el salario bruto aumentó un 20,5 %. El salario neto aumentó un 16,5 %. La carga fiscal y de cotizaciones creció un 37,6 % en términos monetarios y un 14,2 % en términos de tipo efectivo. Mientras tanto, los precios se incrementaron un 22,5 %. El resultado final es inequívoco: el poder adquisitivo neto real cayó un 4,9 %.

La economía no debe evaluarse por los salarios nominales ni por los mensajes propagandísticos. Debe juzgarse por la evolución del bienestar real de los ciudadanos. Y cuando se analiza el salario neto después de impuestos y se corrige por la inflación, la conclusión es clara: entre 2018 y 2025 los trabajadores españoles han perdido capacidad de compra y, en consecuencia, se han empobrecido en términos reales.

  • José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas