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José María Rotellar

Los precios asfixian a la economía y siguen empobreciendo a la clase media

La inflación en junio se sitúa, según el indicador adelantado, en el 3,2% interanual, la misma que en abril y que en mayo, de manera que persiste la presión inflacionista

Como ya he contado en estas páginas, la subida de precios sigue empobreciendo a la población, especialmente a la clase media. Así, la inflación en junio se sitúa, según el indicador adelantado, en el 3,2 % interanual, la misma que en abril y que en mayo, de manera que persiste la presión inflacionista. La subyacente crece un 2,9 % interanual, que muestra cómo la inflación se extiende por toda la actividad económica. Datos que, a buen seguro, mañana se confirmarán con el dato definitivo, si es que no empeora, pero que estará, en cualquier caso, en esos registros.

Además, la inflación no da tregua de manera clara en el mes de junio: la subida intermensual del IPC general es relevante, al subir un 0,6 %, que prorroga las subidas de marzo, abril y mayo. La subyacente también sube intermensualmente y lo hace un 0,4 %, de manera que aun eliminando los costes energéticos y de alimentos no elaborados, el incremento inflacionista se está enrocando ya de forma estructural en toda la cadena de valor, como muestra el dato de la subyacente.

Hay, por tanto, un mantenimiento de la tendencia alcista de manera acelerada, impulsada por el incremento de los precios energéticos derivado de la guerra de Irán, que se acelera en términos interanuales en su parte más estructural, con un IPC armonizado con la UE del 3,6 % interanual en junio, mismo registro que en mayo y una décima más que en abril, dos más que en marzo y 1,2 puntos más que en febrero, que lleva a que la evolución de los precios en España esté 1,6 puntos por encima del objetivo de precios del BCE.

Lo grave además es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados

Lo grave además es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados alcanzados en los meses anteriores, con lo que sigue mermando el poder adquisitivo de los agentes económicos. La acumulación del deterioro de dicho poder adquisitivo es intenso y los agentes económicos han ido gastando sus ahorros y ajustando su cesta de la compra. De hecho, ese empuje en los precios, en los que España tiene una elevada responsabilidad, ha llevado al BCE a subir un cuarto de punto los tipos de interés.

Todo ello, hace que desde que gobierna Sánchez la inflación haya subido un 26,40 %, mientras que la subyacente, durante su mandato, lo haya hecho un 23,57 %.

Además, la preocupante evolución del crecimiento económico, basado en el gasto público (que ha expulsado a la inversión en gran parte), ha tensado los precios al alza durante mucho tiempo.

Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres. Ése será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología de Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas; la economía real de los ciudadanos ve cómo cada vez puede afrontar sus gastos con menor amplitud, porque su poder de compra ha caído, porque se han empobrecido, y eso no hay nadie que pueda esconderlo; simplemente, basta con observar la vida cotidiana de los ciudadanos en el supermercado, donde es más palpable.

Carestía de la cesta de la compra, impuestos confiscatorios y cotizaciones asfixiantes empobrecen a una clase media que, a este paso, se irá alejando cada vez más de los estándares de nivel de vida que caracterizan a dicha clase media, cosa que sería, de confirmarse, letal para la propia evolución económica española, pues una economía necesita de una potente y próspera clase media para crecer de manera sana y equilibrada, pero la política económica de este Gobierno –y a Dios gracias que no tiene las competencias en política monetaria– intensifican ese empobrecimiento con el desbordante gasto público, los impuestos y las cotizaciones, antes mencionados. Están estrangulando a la economía y a los ciudadanos. De hecho, ya se ha destruido empleo de manera intensa en la EPA del ITR-2026. El efecto estructural sobre la economía de la política económica bajo el sanchismo, aunque ahora no se perciba, es letal, porque se mantiene a base de subsidios, de expulsar talento, de atraer mano de obra de bajo valor añadido y del impulso del gasto público, que merman las posibilidades de que la economía crezca por sí misma y sea sostenible, no sostenida, como es ahora.

Sánchez, como bien dijo Feijóo, ha sido una desgracia para España, también en economía, aunque no lo parezca. Sobrevive en el corto plazo tapando el corto recorrido de sus medidas con la anestesia del gasto público y el incremento de población que no es productivo, porque sustituye profesionales formados por mano de obra de baja cualificación, que hace virar a la economía hacia actividades de menor valor añadido, empobreciendo a la misma, al tiempo que introduce una bomba de relojería sobre los servicios públicos con su regularización masiva de inmigrantes que estaban ilegalmente en España. Su política económica ha sido, por tanto, completamente nociva, en el medio y largo plazo, para la economía española.

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