Esther Romero, en una imagen de archivo
Entrevista Ester Romero, directora de Cáritas Mallorca
«Cada vez hay más familias con el padre y la madre trabajando que necesitan la ayuda de Cáritas»
Esther Romero advierte de que el empleo de temporada ya no frena la exclusión en las islas y de que «caer en la pobreza hoy es alarmantemente fácil»
En ocasiones, los datos macroeconómicos positivos ocultan una realidad algo menos halagüeña, con miles de familias viviendo en una situación de precariedad incluso en los casos en que el padre y la madre trabajan. Así ocurre también en Baleares, como conoce bien la directora de Cáritas Mallorca, Esther Romero, quien concreta para El Debate algunas de las actuaciones más significativas que están llevando a cabo en favor de las personas más necesitadas.
PREGUNTA. ¿Cáritas sigue financiándose con aportaciones privadas y con fondos públicos?
RESPUESTA. Efectivamente. Según los datos de la Memoria de 2025, del total de la financiación del pasado año, el 73,7 % correspondió a financiación privada, con más de 4 millones de euros de aportaciones, mientras que la financiación pública representó el 26,3 %, con una cifra global superior a 1,4 millones de euros.
P. Son cifras relevantes...
R. La verdad es que ha habido un crecimiento importante del apoyo privado, especialmente a través de los legados. Es una realidad que nos ayuda a diversificar las acciones que llevamos a cabo, a trabajar con mayor transparencia y también con una mayor libertad.
P. ¿El perfil del usuario mayoritario de Cáritas en Mallorca ha cambiado a lo largo de los últimos años?
R. La verdad es que el perfil de las personas que atendemos y acompañamos en Cáritas Mallorca no ha cambiado demasiado en los últimos años. Lo que sí constatamos es que el problema del acceso a la vivienda es el principal factor que marca la vulnerabilidad de las personas.
P. ¿En qué sentido?
R. Antes, cuando una persona accedía a un trabajo, ese sueldo le permitía cubrir las necesidades más importantes: la alimentación, el alquiler, las medicinas o el transporte, y, por tanto, salir de una situación de pobreza. Ahora, con los elevados precios del alquiler, tener un empleo ya no garantiza salir de una situación de precariedad. Esto provoca que la vulnerabilidad se cronifique en el tiempo.
P. ¿Añadiría algo más en este punto?
R. El perfil actual de las personas que atendemos en Cáritas Mallorca es el de personas vulnerables afectadas por múltiples carencias. Se trata de una problemática claramente multidimensional.
P. ¿Cuál sería el perfil más frecuente en este contexto?
R. De las 10.187 personas que llegaron a Cáritas Mallorca, atendimos a 6.970, de las cuales más de 4.000 eran mujeres. Casi el 50 % de las personas atendidas viven en pisos compartidos, con todo lo que ello supone: compartir espacios con personas con las que no existe ningún vínculo previo y convivir utilizando zonas comunes como la cocina o el baño.
P. ¿Y por lo que respecta a la nacionalidad?
R. En cuanto a la nacionalidad, el 34 % son personas colombianas, mientras que cerca del 19 % son españolas. Este dato conviene explicarlo bien, porque puede dar lugar a malentendidos. Muchas personas se preguntan por qué Cáritas atiende a más personas extranjeras que nacidas en España. La respuesta es sencilla: las personas nacidas en España pueden acceder a los servicios sociales de los ayuntamientos, mientras que muchas personas migrantes, al no tener regularizada su situación administrativa, no pueden acceder a esas ayudas o tienen muy limitadas las prestaciones y servicios públicos. Por ello, una de las pocas alternativas que tienen es acudir a entidades sociales como Cáritas.
P. ¿La pandemia supuso un punto de inflexión también a nivel social?
R. La pandemia fue un antes y un después. Durante 2020, Cáritas atendió a más de 11.000 personas. Fue necesario reforzar e intensificar la atención y el acompañamiento en todos nuestros espacios, con la dificultad añadida de prestar ese servicio en un contexto marcado por las restricciones y las medidas sanitarias. Más del 50 % de las personas atendidas acudían por primera vez a Cáritas porque se habían quedado sin trabajo de la noche a la mañana. Algunas de ellas no pudieron recuperar su empleo cuando la situación volvió a normalizarse. Para estas personas, volver a empezar fue un proceso largo y necesitaron el apoyo de Cáritas durante ese camino.
P. Entiendo, sí...
R. Hay que tener presente que caer en una situación de vulnerabilidad es relativamente fácil, pero salir de ella requiere un proceso de medio o largo plazo. Una persona permanece de media en Cáritas entre dos y dos años y medio. Algunas sólo necesitan apoyo durante unos meses, mientras que otras permanecen vinculadas durante años, porque su situación se prolonga en el tiempo.
P. ¿Es más fácil de lo que a priori pudiera parecer pasar de una situación de precariedad a una situación de pobreza?
R. La precariedad implica vivir en una situación de riesgo derivada de la inestabilidad laboral, de problemas de salud o de otras circunstancias que pueden desembocar, si no se corrigen, en una situación de pobreza. La pobreza supone la falta de ingresos o de recursos suficientes para cubrir las necesidades básicas, lo que sitúa a la persona en una situación de vulnerabilidad. Es muy fácil pasar de una situación de precariedad hoy en día a una situación de pobreza, sobre todo en nuestra isla, en donde todavía hay mucho trabajo de temporada y donde el acceso a la vivienda es casi un lujo en vez de un derecho.
P. Leí en una entrevista reciente que usted comentaba que, por regla general, al mallorquín le cuesta pedir ayuda. ¿Sigue siendo aún así?
R. Sí. Lo que comenté es que hay perfiles de personas mallorquinas que no acuden a los servicios sociales para solicitar asesoramiento o ayudas, pese a que probablemente las necesitarían. No sé si es por falta de información, por vergüenza o porque consideran que su situación es circunstancial y que no necesitan ningún tipo de ayuda o mediación. También es cierto que, por lo general, la población mallorquina dispone de una red familiar o de un entorno cercano que puede prestar apoyo y acompañamiento, algo de lo que muchas personas migrantes carecen. Por ello, su situación suele ser más frágil.
P. ¿Hay hoy familias en las que el padre y la madre trabajan, pero que aun así necesitan la ayuda de Cáritas?
R. Sí. Lamentablemente es una situación que cada vez se repite con más frecuencia debido al elevado precio de los alquileres. Aunque ambos progenitores tengan un empleo y la familia disponga de dos ingresos, ese dinero no siempre permite cubrir todas las necesidades básicas, porque el alquiler absorbe más de la mitad de los ingresos familiares. Si además hablamos de familias monoparentales, la situación todavía es más complicada. Cada vez constatamos con mayor claridad que tener un trabajo ya no garantiza salir de una situación de pobreza, lo que genera una sensación de enorme desesperanza.
P. ¿El mayor problema para muchas de esas familias es entonces la vivienda?
R. Sí. El acceso a la vivienda y, especialmente, el elevado precio del alquiler son actualmente el principal problema de muchas familias. Toda la economía familiar gira alrededor del pago del alquiler. De hecho, lo primero que hacen muchas familias al comenzar el mes es pagar esa mensualidad. Ese gasto absorbe una parte muy importante de sus ingresos y deja en un segundo plano otras necesidades básicas.
P. ¿Con cuántas plazas residenciales cuenta hoy Cáritas en Mallorca para personas en situación de calle o vulnerabilidad?
R. En estos momentos tenemos capacidad para atender a unas 30 personas en los recursos habitacionales de Cáritas. Se trata de un programa basado en viviendas compartidas, con habitaciones individuales o familiares y espacios comunes adecuados, supervisados por personal técnico de Cáritas.
P. ¿Sería como vivir en un albergue tradicional?
R. No es un albergue para personas sin hogar, sino un recurso temporal cuyo objetivo es proporcionar seguridad, estabilidad y fortaleza para afrontar una situación complicada. Al mismo tiempo, Cáritas trabaja para que estas personas recuperen la confianza y las herramientas necesarias para afrontar nuevos retos personales.
P. ¿Nos podría dar detalles, por favor, de su ambicioso proyecto de pisos para personas vulnerables en Palma?
R. Por ahora estamos en la fase inicial del proyecto, pero somos conscientes de que la emergencia habitacional que vive Mallorca hace necesarios más proyectos como los que ya tenemos en Inca y Calvià. Se trata de un modelo de vivienda con espacios comunes y habitaciones individuales o familiares. Esta fórmula busca ofrecer intimidad a las personas, pero también favorecer la convivencia, la corresponsabilidad en el cuidado de los espacios comunes y el apoyo mutuo. Compartir experiencias y situaciones similares ayuda a afrontar con más fuerza los nuevos retos.
P. ¿Cuándo podría ser ya una realidad ese proyecto?
R. No es un proyecto que vaya a ser una realidad de forma inmediata, aunque ojalá fuera así. Es un proceso lento que requiere diferentes permisos por parte de la Administración. Todavía no hay una fecha prevista para su puesta en marcha porque nos encontramos en una primera fase.
P. Ah, de acuerdo...
R. El objetivo es habilitar y acondicionar un inmueble ya existente de la Diócesis de Mallorca para convertirlo en un recurso con habitaciones para personas y familias, además de espacios comunes, siguiendo el modelo que ya desarrollamos en los proyectos Domus de Calvià e Inca.