Un sanitario inyecta adrenalina
Todos los colegios de Baleares tendrán plumas de adrenalina: «En una alergia alimentaria cada minuto cuenta»
El Govern repartirá dos autoinyectores de adrenalina en cada centro educativo público, formará a toda la comunidad escolar y dará cobertura jurídica a los docentes para actuar con rapidez ante una anafilaxia
Manuela García sabe de lo que habla. Es consellera de Salud, sí, pero, sobre todo, es médica. No necesita que ningún asesor le explique qué puede esperar y qué no. Lo ha visto durante años de ejercicio profesional y conoce bien que, ante una alergia alimentaria desatada, el reloj juega en contra. «En una reacción anafiláctica el tiempo es vital», resume durante la conversación con El Debate. «Dependiendo de la intensidad, la persona puede empezar a ahogarse porque se produce un edema importante en las cuerdas vocales o porque se le hincha la lengua. Eso puede acabar provocando una parada cardiorrespiratoria. Todo el tiempo que consigamos acortar hasta administrar la medicación adecuada facilita que eso no llegue a ocurrir».
Esa convicción es la que ha llevado al Govern a impulsar un protocolo inédito en la escuela pública balear. Todos los centros educativos públicos de las islas dispondrán de plumas de adrenalina para atender una reacción alérgica grave, una medida que irá acompañada de formación específica para la comunidad educativa y de una instrucción que ofrecerá seguridad jurídica a los docentes que tengan que administrar el medicamento en una situación de emergencia.
La iniciativa partió de las propias familias, quienes llamaron a la puerta de la Conselleria de Salud. En concreto, la asociación de padres y madres de niños con alergia alimentaria y al látex trasladó al Govern una preocupación compartida por miles de hogares, que es la de una reacción anafiláctica puede producirse en cualquier momento y sorpresiva, en un niño no detectado, y en un centro sin un protocolo claro. «Ellos habían hecho una presentación en el Ministerio y planteaban que tenía que haber comedores escolares seguros y que una reacción anafiláctica podía aparecer en cualquier sitio sin que hubiera nada protocolizado. Recogimos el guante y pensamos que era importante hacerlo», explica la consellera. Porque, de hecho, hay casos. "En Baleares tuvimos uno, fatal, no hace mucho».
Manuela García, consejera de Salud de Baleares
El niño que todavía no sabe que es alérgico
En Baleares ya existe un programa de alerta escolar que identifica a unos 3.500 menores con alergias alimentarias. Son alumnos conocidos por los centros educativos, con protocolos individualizados y que, en muchos casos, ya acuden a clase con su propia pluma de adrenalina.
Sin embargo, el nuevo protocolo no está pensado únicamente para ellos. «El problema es que hay muchos otros niños que todavía no están diagnosticados y la alergia puede aparecer en cualquier momento. Pasan muchas horas en el colegio y una reacción puede desencadenarse durante una comida del comedor escolar. Ahí es donde hay que actuar», explica García.
La literatura científica, añade, estima que entre un 10 % y un 18 % de los niños desarrollará alguna alergia a lo largo de su vida. En muchos casos, la primera reacción grave llega sin previo aviso. Un alimento que hasta entonces nunca había provocado problemas puede convertirse, de repente, en una urgencia médica, y cuando eso sucede, el margen de reacción es mínimo. «Esos primeros minutos son fundamentales porque pueden salvar la vida. También son esenciales para mantener una correcta oxigenación cerebral, evitar que el paciente llegue a una parada cardiorrespiratoria y ganar el tiempo necesario hasta que lleguen los servicios de emergencia», insiste.
Dos plumas de adrenalina en cada colegio
La respuesta del Govern será dotar a todos los centros educativos públicos de dos autoinyectores de adrenalina. Habrá una pluma con la dosis adecuada para niños de entre uno y tres años y otra para alumnos de mayor edad. Ambas permanecerán disponibles en el colegio para poder utilizarlas cuando se sospeche una anafilaxia, siempre bajo la coordinación del 061.
La actuación estará perfectamente pautada. Ante una sospecha de reacción alérgica grave, la prioridad será llamar inmediatamente al servicio de emergencias. Mientras el equipo sanitario moviliza los recursos necesarios, un médico irá indicando telefónicamente los pasos que debe seguir la persona que esté atendiendo al menor. «Lo primero siempre será llamar al 061 para que un médico vaya guiando los pasos mientras se pone en marcha la atención. Ante cualquier situación urgente, lo primero es pedir ayuda. Al mismo tiempo, la persona que esté al lado puede ir a buscar la pluma de adrenalina», explica la consellera.
Aprender a detectar una anafilaxia
La distribución de los autoinyectores será solo una parte del plan. La otra consiste en que toda la comunidad educativa sepa reconocer una anafilaxia y actuar sin perder tiempo. Para ello, el protocolo establece tres niveles de formación.
El primero será abierto y accesible para cualquier persona. A través de una plataforma en internet se ofrecerán vídeos y material divulgativo dirigido a familias, profesores, personal no docente e incluso alumnado. En ellos se explicará cuáles son los síntomas que deben hacer sospechar una reacción alérgica grave y qué pasos hay que seguir hasta la llegada de los servicios sanitarios.
El segundo nivel estará dirigido a los responsables de las comisiones de salud de cada centro, que recibirán formación presencial específica para convertirse en la referencia dentro del colegio.
El tercer escalón será eminentemente práctico. Profesionales de los centros de salud acudirán a los colegios para enseñar cómo se utiliza correctamente una pluma de adrenalina, resolver dudas y recrear situaciones reales que permitan a los docentes familiarizarse con el dispositivo antes de verse obligados a emplearlo. Además, esa formación no será puntual. Se repetirá todos los años para actualizar conocimientos y reforzar los procedimientos. «Afortunadamente puede que nunca ocurra una situación así, pero precisamente por eso conviene refrescar periódicamente los conocimientos», señala García.
Un paraguas legal para los docentes
La Conselleria es consciente de que existe otro obstáculo que puede retrasar la actuación: el miedo a las consecuencias legales. Muchos profesores dudan sobre si pueden administrar un medicamento inyectable a un alumno por temor a asumir responsabilidades si algo sale mal. Por eso, la futura instrucción incorpora un tercer pilar que la consellera considera imprescindible: proteger jurídicamente al docente. «Queremos que los profesores que tengan que administrar una inyección de adrenalina, aunque sea siguiendo las indicaciones del profesional del 061 por teléfono, estén cubiertos desde el punto de vista legal», afirma.
La idea es despejar cualquier incertidumbre para que, llegado el momento, la prioridad sea únicamente atender al menor. «Queremos que no tengan miedo a administrar la adrenalina. Todo está basado en actuar dentro de un protocolo establecido y siguiendo un procedimiento reglado. La instrucción les proporciona ese respaldo jurídico ante cualquier posible consecuencia legal.»
La medida convierte a Baleares en la primera comunidad autónoma en implantar un marco común para todos los colegios públicos frente a las reacciones anafilácticas. Un gran paso al frente.