Dos barcos, dos finales

Dos barcos, dos finales

Defensa

La «Baleares» y la «Infanta Elena»: hundirse con honor o morir en el desguace

El patrullero «Infanta Elena» se prepara para ser hundido por un torpedo del submarino «Isaac Peral» en un ejercicio de fuego real, un final muy distinto al de la fragata «Baleares», que acabó convertida en chatarra pese a las propuestas para darle una despedida más digna

¿Cómo le corresponde a un barco de una Armada acabar su vida activa? Un dilema entre hacerlo con honor, a cañonazos o por un torpedo, a que le vendan a peso, le desguacen en un astillero, y acabe convertido en chatarra.

Desde el hundimiento del crucero argentino ARA «Belgrano», por el submarino de propulsión nuclear británico HMS «Conqueror» en la guerra de Las Malvinas en 1982, no se había conocido otro hundimiento en combate por torpedos hasta el marzo de este año 2026, cundo el submarino nuclear estadounidense USS «Charlotte», de la clase «Los Ángeles», hundió una fragata iraní, la IRIS «Dena», cuando se dirigía a Sri Lanka para refugiarse de la guerra entre Irán y EEUU.

Dejando de lado estas acciones de guerra real, lo habitual es que en los ejercicios navales de entrenamiento «SINKEX» (abreviatura de «Sink Exercise», o ejercicio de hundimiento), se utilicen como blanco unidades reales dadas de baja y de las cuales se les ha recuperado todo el material reutilizable, y limpiado de cualquier elemento peligroso o tóxico, y que pudiera ser nocivo para la zona marítima en la que reposarían sus restos, siguiendo a pie de letra la exigente normativa de la Unión Europea, adoptada también por España.

En España, este parece ser que será el honorable final del patrullero P-76 «Infanta Elena», el equivalente náutico militar al «morir con las botas puestas». Este buque, que comenzó su vida como corbeta de la clase «Descubierta», significó un hito muy relevante para la construcción naval española, después de su experiencia con la construcción de la clase «Coutinho» para Portugal, en los astilleros «Bazán» (actual «Navantia»), con algunos barcos entregados a Egipto y a Marruecos. A pesar de su pequeño tamaño y su bajo desplazamiento (alrededor de 1500-1600 toneladas), a estas naves se les apodó en España «Hormigas atómicas» por la cantidad de armamento antisubmarino, antiaéreo y antisuperficie que portaban. La corbeta F-33, «Infanta Elena», recorrió durante sus 43 años de servicio más de 730.000 millas y estuvo 4200 días navegando. En 2004 se la reconvirtió en patrullero de altura, el P-76, retirándosele la mayor parte de su armamento, y dando prioridad a los equipamientos para la seguridad marítima y la navegación. Se la dio de baja de la lista de buques de la Armada en 2023.

En las fotografías se puede observar que cuando aparece un navío marroquí cerca de Perejil -al día siguiente de la operación- va con sus cañones enfundados

A principios de este mes de octubre fue remolcada hasta la base naval de Cartagena por el buque auxiliar A-101 «Mar Caribe», a la espera de su remolque definitivo a la zona de su hundimiento que posiblemente será, aunque se barajó el Mediterráneo, en una zona libre de navegación alrededor de las Islas Canarias. Y, retomando la introducción de este artículo, está planeado que el hundimiento -en fecha no concretada de este mismo mes de octubre- corra a cargo del flamante submarino español S-81 «Issac Peral», con uno de sus torpedos eléctricos, que combinan filoguiado con un sonar activo. Será una de las pruebas finales de evaluación -fuego real- de las capacidades de este submarino, el primero de su clase. Asimismo, será lo más parecido a una situación real de combate desde que el submarino S-74 «Tramontana» (ya dado de baja) estuvo en alerta, sumergido y vigilante, durante la operación «Romeo-Sierra» de recuperación del islote de Perejil en julio de 2002 -según explicó en «El Debate» Alonso Palacios- y cuando, según la leyenda, tuvo que emitir un «ping» de sonar activo de advertencia a un buque de la Armada de Marruecos. En las fotografías se puede observar que cuando aparece un navío marroquí cerca de Perejil -al día siguiente de la operación- va con sus cañones enfundados (una situación similar a la que ocurrió los pasados 30 y 31 de julio, cuando la «Hassan II» y varios patrulleros marroquíes entraron en aguas españolas en Ceuta, sin encontrar en principio resistencia).

Pero, a la vez, será la continuación de la «tradición» establecida con el hundimiento de la fragata F-73 «Cataluña» en el ejercicio «SINKEX 2007» por un torpedo lanzado por el submarino S-72 «Siroco».

Un final sin honor para la Baleares

La fragata F-71 «Baleares» tuvo un final muy distinto del de sus hermanas de clase, a la quedaba nombre, F-73 «Cataluña», y F-72 «Andalucía», hundidas honorablemente en 2007 y 2008, respectivamente, en aguas de las Islas Canarias, y del que tendrá la «Infanta Elena» este mes.

La «Baleares», una excelente y modificada versión española de la clase «Knox» estadounidense, fue dada de baja en la Armada en 2005 tras 31 años de servicio y de haber recorrido más de 622.000 millas náuticas, siendo vendida para desguace, que se llevó a cabo en 2014. Complementando el dato del «Tramontana», la F-71 fue el buque principal en las inmediaciones de Perejil mientras escoltaba al portaaviones R-11 «Príncipe de Asturias», recalando después de la acción en Ceuta.

Sin embargo, este proceso final del buque no fue el deseado por personas e instituciones de las Islas Baleares. Hubo muchas voces, encabezadas por el Ayuntamiento de Calviá -un muy importante municipio costero de Mallorca- que pedían otro fin para el barco que llevaba, por segunda vez, el nombre de las Islas Baleares. Por una parte, Calviá solicitó a la Armada, y, por ende, al Ministerio de Defensa, que cediera el barco -una vez descontaminado- para hundirlo en sus costas, a distancia segura frente a Santa Ponça, y crear un arrecife artificial para generar una reserva marina y un lugar de atracción para los buceadores recreativos, como ocurre en muchos otros lugares del mundo. Por otra parte, hubo voces públicas, entre las que me incluí en ese momento, que reclamábamos un final honroso, con su hundimiento a manos de una fuerza naval en un ejercicio como el que sufrieron más tarde sus hermanas «Andalucía» y «Cataluña».

Este proceso final de la Baleares no fue el deseado por personas e instituciones de las Islas

Nada ocurrió. Existieron muchas presiones -fundamentalmente de grupos ecologistas, nacionales y locales, como el GOB (Grup d’Ornitologia Balear)- que expresaron su oposición a la primera de las opciones, generando un importante revuelo mediático, que hizo que Defensa dejara de lado ambas posibilidades. Se alegaron los grandes costes de descontaminación del barco, y de retirada de materiales peligrosos, que, siendo ciertos, no fueron óbice para que se llevaran a cabo tanto en la «Cataluña» como en la «Andalucía». Sin embargo, muchos buques hundidos por accidentes (el «Don Pedro», en Ibiza, por ejemplo, que para los buceadores es el pecio más accesible e importante de Europa), o en combate (como el «Delfín», vapor de la República hundido por un submarino italiano en 1937 frente a la playa de Calaceite, o el caso del submarino C-3, en 1936, mucho más técnico por su profundidad de 70 metros, los dos frente a la costa de Málaga) se han convertido en paraísos de exploración: ¿hace falta un desastre para que no existan impedimentos morales?

Se estudió la posibilidad conservar el puente de mando de la «Andalucía», sin llegar a ningún acuerdo, así como se planteó conservar la «Cataluña» como museo flotante en San Felíu de Guixols, sin tampoco fructificar la propuesta. Únicamente se entregó la bandera de combate de la F-73 a la Generalidad de Cataluña, pero de la «Baleares» nada queda, salvo en el emblema heráldico de la 31ª Escuadrilla de Escoltas, que aún mantiene el símbolo del castillo y la palmera junto con los de las otras F-70.

Al contrario de la tradición de muchos otros países, en los que es un honor conservar sus barcos que han hecho historia (por poner un ejemplo reciente, hace poco estuve a bordo del destructor clase Fletcher «Velos», ex USS «Charrette», en Thesalonikki, que se opuso activamente a un golpe de estado en Grecia, perfectamente conservado) parece ser que en nuestro caso no los queremos ni a flote ni, en muchos casos, como el de la «Baleares», tampoco hundidos con honor.

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