En el centro, Manolo Marín Cano, durante la fiesta de despedida organizada por amigos de Ibiza.
La crisis de vivienda expulsa de Ibiza a su histórico fabricante de guitarras: «Me tengo que ir de donde nací»
Manolo Marín Cano se marcha a Galicia junto a dos de sus hermanos tras perder la casa familiar en la que llevaban medio siglo
La crisis de vivienda de Ibiza no solo está expulsando a trabajadores que no pueden afrontar los elevados alquileres. También está obligando a marcharse a vecinos que llevan toda su vida en la isla. Es el caso de Manolo Marín Cano, un conocido lutier ibicenco de 54 años que ha construido 230 instrumentos musicales y que en diciembre abandonará su tierra natal para instalarse en una pequeña localidad de Orense, en Galicia.
No se marcha solo. También lo harán dos de sus hermanos, Pepe y Dani, después de perder la posibilidad de continuar viviendo en la casa de campo de Sant Jordi en la que su familia ha residido durante medio siglo.
La vivienda estaba alquilada bajo un contrato de renta antigua. Tras el fallecimiento de su padre, los hermanos dispusieron de un plazo legal de subrogación de dos años, que finaliza este diciembre. Durante ese tiempo, Manolo buscó una alternativa en Ibiza, pero los precios del mercado inmobiliario hicieron imposible encontrar una vivienda que se adaptara a sus necesidades.
«Primero pasé por la rabia de tenerme que ir del lugar donde he nacido porque la especulación no deja otra alternativa», explica en una entrevista concedida a Sant Josep és Música.
Vinculados al desarrollo turístico
La historia familiar de los Marín Cano está estrechamente vinculada al desarrollo turístico de Ibiza. Sus padres llegaron en 1966 desde La Puebla de Cazalla, en Sevilla, atraídos por las oportunidades laborales que ofrecía la construcción de hoteles. Su padre trabajaba como maestro de obras y en 1975 la familia se instaló en una casa de campo de Sant Jordi, donde también se ocupaba del mantenimiento de la finca y de sus tierras.
Marín Cano nació en Ibiza en 1972 y ha vivido prácticamente toda su vida en aquella vivienda. Ahora tendrá que cerrar definitivamente su puerta. «Llegué a mi casa con tres años y me marcho con 54», reconoce, «el día que tenga que cerrar la puerta y coger el coche para no volver, sé que va a ser una sensación muy complicada».
Ante la imposibilidad de encontrar una alternativa en la isla, comenzó a buscar propiedades en otras zonas de España. Después de estudiar distintas opciones y visitar varias viviendas, encontró una casa en la comarca de Celanova, en Orense, que decidió comprar junto a sus hermanos. La nueva vivienda, situada en el municipio de Gomesende, les permitirá disponer de algo que en Ibiza se había convertido en inalcanzable: una casa propia. «El hecho de tener algo propio, de decir esto es mío, de aquí no me pueden echar, me da tranquilidad», explica.
Más de 200 instrumentos
La marcha de Manolo Marín Cano supone también la pérdida de una figura muy querida en la escena musical ibicenca. El artesano comenzó a fabricar instrumentos de forma autodidacta en 2008, mientras trabajaba en el aeropuerto. Con el tiempo convirtió aquella afición en su profesión y llegó a construir 230 guitarras y bajos, reconocibles por el trébol de cuatro hojas que utiliza como distintivo. También ha reparado, restaurado y ajustado numerosos instrumentos de músicos locales durante casi dos décadas.
Más de medio centenar de músicos se reunieron días atrás en Can Jordi Blues Station, uno de los establecimientos emblemáticos de la música en directo en Ibiza, para rendirle homenaje. Muchos acudieron con guitarras y bajos construidos por él, que fueron fotografiados por Joan F. Ribas. El encuentro, organizado por Sergio Gumbao con la colaboración de Vicent Jordi, terminó con un brindis de agradecimiento al artesano.
Marín Cano, que también es bajista del grupo LaCalle, ha preparado su despedida de los escenarios y ya cuenta con un sustituto en la formación. Aunque su marcha deja un vacío en la música local, ha confiado su cartera de clientes a Víctor Sánchez, otro constructor y reparador de instrumentos establecido en la zona de Santa Eulària.
«Ahora mismo estoy saturado»
El traslado a Galicia supondrá también un cambio profesional. Manolo no tiene previsto abrir inmediatamente otro taller, pese a disponer de espacio para hacerlo en su nueva vivienda. Después de 18 años dedicado a fabricar y reparar instrumentos, quiere descansar, adaptarse a su nuevo entorno y recuperar tiempo para sí mismo. «Ahora mismo ni siquiera tengo claro al 100% que me vaya a seguir dedicando a esto», admite, aunque cree que terminará recuperando las ganas de trabajar con la madera y la música.
La despedida está siendo especialmente difícil. Entre homenajes, encuentros con amigos y los preparativos de la mudanza, el artesano reconoce que vive una mezcla de tristeza e ilusión. Su caso refleja una de las contradicciones más profundas de Ibiza: una isla que atrae visitantes y grandes inversiones de todo el mundo, pero en la que algunos de sus vecinos de toda la vida ya no encuentran un lugar donde quedarse.