Desde la retaguardiaMiquel Segura

Armengol recoge la deshilachada bandera de su capitán, oh capitán

Cuál va a ser, a partir de ahora, la bandera que enarbolará Francina de Inca, último bastión de los resistentes? Todo parece indicar que será la de la huelga del próximo día 11, por aquello de que quien pasa el día empuja el año

La campaña electoral -también en Baleares- es ya una montaña rusa. Armengol, la fiel madona de la finca sanchista, parece haber recogido la bandera que llevaba su capitán, oh capitán, que tras los últimos acontecimientos y escándalos ha quedado tendido en el campo de batalla aunque, según los corresponsales destacados en esta guerra -no está Pérez Reverte, ya un poco mayor para estos trotes- Pedro sigue respirando. Quizá con «respiración política asistida» como Franco hace 51 años por esas mismas fechas. No se contempla, al parecer, la opción de desconectarlo de la maquina.

¿Cuál va a ser, a partir de ahora, la bandera que enarbolará Francina de Inca, último bastión de los resistentes? Todo parece indicar que la de la huelga general del próximo día 11, por aquello de que quien pasa el día empuja el año. No es que esta charlotada le vaya a aportar muchos argumentos, pero al menos no tendrá que hablar del tren, de las joyas de Zapatero o de la detención del chófer del presidente que, bien mirado, podría ser el «asesino» en este thriller. Antes ese papel estaba reservado al mayordomo, pero las cosas han cambiado tanto. Fíjese, caballero, que ahora se realizan series en las que los actores, como los créditos, aparecen esquinados, aparentemente desenfocados y en las escenas de grupo las cámaras enfocan el suelo por debajo de las mesas y sillas. Debe ser el último grito de París pero un servidor tuvo que cambiar de canal porque me estaba mareando. Antiguo que soy.

Volviendo a lo nuestro: lo de la huelga tampoco colará. Los sindicatos tienen muy mala prensa y hasta los más tontos saben que sus cuadros viven del cuento: sueldos altísimos, prebendas superiores a las de la mayoría de los políticos, buena vida y poco trabajo. Francina se desgañitará para tratar de explicar que el paro general será un grito desesperado en pro de la vivienda, los salarios dignos y la conservación de las lagartijas de Ibiza pero será en vano: nadie la creerá. Con todo, hay que admitir que el hecho de asumir el papel de madre coraje en medio de la debacle tiene su mérito. Con el escaño asegurado -sin palacete ni mayordomo, eso ya no- cabe alabar su fidelidad al jefe caído -aunque no del todo- hasta el último aliento.

Mientras tanto, los agricultores y ganaderos se preguntan en qué medida les beneficiará la derrota de Trump en las recientes elecciones de medio mandato. La debacle del atrabiliario presidente tendrá, desde luego, consecuencias. A lo largo de los últimos días las mejores cabezas pensantes de la Unión Europea han estado considerándolas en Bruselas. Creen que el batacazo republicano en USA debilitará la agenda arancelaria de Trump, al tiempo que redirigirá la presión del sector primario hacia la Unión Europea.

¿Resultados a corto plazo? No los espero. Las cosas de palacio van despacio y si el palacio está en Bruselas, la lentitud puede ser desesperante. El balón está ahora en el terreno de juego europeo pero habrá que esperar. Recordad al santo Job.

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