Desde la retaguardiaMiquel Segura

¿ Y si madò Farta fuese en realidad Mercedes Garrido?

Me hubiese gustado que la policía de Santanyí le hubiese arrancado la careta en plena calle; los antifaces están bien para las películas de El Zorro, pero que para salir por ahí de reivindicación hay que dar la cara

Almuerzo de conspiradores en un enclave secreto de la playa de Muro. Comemos frente al mar, bajo un sol amable. Trasiego, todavía, de turistas en la arena. Unos caminan por la orilla con sus críos, otros se meten en las encalmadas aguas. Observamos varias parejas retozando en el mar. Todo el mundo parece feliz en un entorno de postal a escasos días de la festividad de Todos los Santos.

«En mis tiempos -comenta un comensal- el 1 de noviembre era el día del estreno de la indumentaria de invierno». Había que sacar la ropa de abrigo y acudir al cementerio para honrar a los difuntos. La playa, para aquellos que gozaban del privilegio de visitarla, quedaba ya muy lejos. Entonces noviembre era un mes casi invernal.

-No creas -le replico- Chopin y George Sand vivieron un noviembre extrañamente cálido en son Vent en el otoño de 1838. Por esas fechas en Mallorca es muy común el clima benigno. Y no olvidéis que tiempo atrás incluso el tiempo se sujetaba a las convenciones. En Sa Pobla tuvimos un personaje excéntrico conocido como el señor Ramón, que el 1 de noviembre se vestía con levita negra y abrigo que lucía invariablemente hasta la festividad del Corpus del siguiente año, cuando se embutía en un traje de lino blanco. Con frío o calor su vestimenta dependía del calendario.

-Si madò Farta contemplase este panorama tardo veraniego se pondría histérica -el comentario era de un comensal que hasta entonces ni siquiera había abierto la boca. «Menudo disgusto se llevaría».

-Pues yo creo -afirmó otro- que tras la máscara de esa falsa payesa se oculta la propia Mercedes Garrido. La defensa que la socialista hizo de ella en el parlamento es muy sospechosa.

Yo no quería seguir el tema porque, personalmente, estoy harto de madò Farta. Tiene bemoles que la vestimenta mallorquina por excelencia haya sido secuestrada por ese o esa mamarracho. Me hubiese gustado que la policía de Santanyí le hubiese arrancado la careta en plena calle.

-¿Tú crees que la alcaldesa del pueblo conoce a estas alturas la identidad de la/el fantoche?

-Se lo pregunté y me dijo que no, que solo le había visto la cara la policía. Supongo que si el juez toma cartas en este asunto no podrá comparecer con el rostro oculto. Ya escribí hace tiempo que eso de los antifaces está bien para los tebeos y las películas de El Zorro, pero que para salir por ahí de reivindicación hay que dar la cara. No creo ni siquiera, que eso sea legal.

En la sobremesa afloró -era inevitable- el tema de las elecciones. Un comensal de talante abierto y pacificador aseguró que está buscando votos hasta debajo de las piedras. «Si Sánchez repite me voy de España». El dueño del restaurante, conocido de la mayoría de los integrantes de la mesa, no tuvo empacho en desvelar el sentido de su voto: Llegué a Mallorca con una mano delante y otra detrás y a mi nadie me ha regalado nada. No me duelen prendas en afirmar que en algunas ocasiones voté al PSOE pero ahora voy a votar a Vox».

-Con la nariz tapada, claro...

-Qué nariz tapada ni que niño muerto: con la cara bien alta.

Nadie dijo nada pero vislumbré a mi alrededor un círculo -la mesa era redonda- de cabezas en actitud de asentimiento. Los bañistas, todavía empapados y con el rostro satisfecho, se retiraban a sus hoteles.

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