Se dijo en el Parlamento y en Sineu: «La gente tiene que trabajar»
Todo lo que se mueve ahora mismo obedece al mismo impulso: las elecciones del 29 de noviembre; también el Debate sobre el Estado de la Autonomía convocado por sorpresa por la astuta presidenta con el loable propósito de pillar a la BOIB (Boba Izquierda Balear) con el pie cambiado
Por un momento, la idea se me pasó por la cabeza pero la rechacé de inmediato ¿Ir a echar la mañana al parlamento en vez de largarme a Sineu, como hago casi todos los miércoles? Además, un sol radiante invitaba al paseo, y los rifirrafes políticos podrían provocarme reflujo. ¿En qué estaría yo pensando?
Curiosamente, en la villa sineuera tuve ocasión de escuchar una frase que Prohens también pronunció, rotunda, en el hemiciclo. «La gente tiene que trabajar». Eso mismo escuché varias veces de boca de gente moliente y corriente, que se había levantado de la cama entre dos luces para salir a ganarse un incierto jornal. La presidenta se refería, según supe luego, a los acampados de la plaza de España que han dejado aquel espacio urbano hecho una porquería. Mis interlocutores del mercado hablaban más o menos de lo mismo: de tanto personal como hay hoy en día que piensa que el Estado tiene que cuidarlo y mantenerlo desde la cuna hasta la sepultura. Y que eso, como el fregar de aquel anuncio de la tele, tendría que acabar.
Tanto los comentarios callejeros como los parlamentarios son propios del período pre electoral que estamos viviendo. Todo lo que se mueve ahora mismo obedece al mismo impulso: las elecciones del 29 de noviembre; también el Debate sobre el Estado de la Autonomía convocado por sorpresa por la astuta presidenta con el loable propósito de pillar a la BOIB (Boba Izquierda Balear) con el pie cambiado. Creo que lo ha conseguido puesto que en dos días ha anunciado medidas de apoyo a los que ella denomina «la gente de aquí» con inversiones de muchos millones de euros. Si repasamos los proyectos anunciados comprobamos que, de una vez por todas, Prohens ha ocupado la franja del regionalismo cañellista. Cómo don Gabriel, ella asegura que su objetivo es el de apoyar a los autónomos, pequeños comerciantes y empresarios, agricultores y, en general, la gente que quiere prosperar trabajando en orden y armonía en una sociedad tranquila, más bien tradicional, alejada de todo exceso y radicalismo, conectada a los valores que nos permitieron progresar y que en la actualidad, dentro y fuera de las islas, han sido arrasados por políticas que no se asientan en la gestión sino en la ideología. Por supuesto, querido lector, que todo lo que se dijo y prometió en esos últimos dos días en el salón de las Cariátides debe usted contextualizarlo en la cita electoral de finales de noviembre, y también en la que vendrás después. Y al decir eso me refiero tanto a las promesas de la presidenta como a la desesperación de la oposición que, al decir de un diputado con el que hablé tras la sesión parlamentaria, quedó «abatida y sin rumbo».
Con todo, la alegría del miércoles para ese cronista fue la «ejecución -política- inmediata» de Jorge Campos por un pelotón mandado por Abascal. Me da en la nariz que, ante la inminencia de un resultado electoral de campanillas, en Vox están derivando hacia el sentido común y el seny, palabra mallorquina de casi imposible traducción. No conozco de nada a la señora o señorita que va a sustituir al energúmeno enemigo de nuestra lengua y cultura -podría ser peor, es un riesgo- pero la desaparición del tal elemento del escenario político balear era algo tan necesario para nuestro cuerpo social como la insulina para un diabético.
¡Buñuelos para todos!