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El Rey dirige su Mensaje de Navidad desde el Salón de Columnas del Palacio RealCasa del Rey

Análisis del Mensaje de Navidad del Rey  Una inyección de optimismo

El nuevo equipo de comunicación de la Casa se nota. Un gran discurso

Aunque sea Navidad, o precisamente porque es Navidad, a veces es necesario mirar al futuro con optimismo. Es el resumen que hago de la felicitación de Don Felipe de ayer.

También ayer felicité la Navidad a un amigo español que se ha trasladado a vivir con su mujer e hijos a Estados Unidos. Está feliz. No pudimos evitar hablar de la situación política. Reconocía que las noticias que se publican allí sobre España son bastante desalentadoras. Parece que todo es corrupción y que el futuro aún pinta peor. Pero decidimos –es Navidad– poner un paréntesis entre tanta bazofia para celebrar las fiestas como se merecen. Y en ello estamos. Por eso también me gustó el discurso del Rey.

Es verdad –no pudo evitarlo o no quiso– que aludió a la «ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos» y también que reconoció que «los ciudadanos también perciben que la tensión en el debate público provoca hastío, desencanto y desafección» y que «esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones». Pero el tono de sus palabras no era ese.

Don Felipe, durante la grabación del Mensaje de NavidadCasa del Rey

Desde el comienzo de su discurso aludió al mejor pasado: «Se han cumplido 50 del inicio de nuestra transición democrática. Estos aniversarios me animan a hablaros esta Nochebuena de convivencia; de nuestra convivencia democrática, a través de la memoria del camino recorrido y de la confianza en el presente y en el futuro». Un pasado que nos enseñó a ser más tolerantes. «La Transición fue, ante todo, un ejercicio colectivo de responsabilidad. Surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo». Sí: diálogo, coraje y unidad, «las lecciones más valiosas» que todos aprendimos y que fueron el eje de sus palabras.

Hubo también referencias a la Constitución, a Europa… sin olvidar los problemas reales de hoy: «el aumento del coste de la vida» (parece que el Rey es el único que pone negro sobre blanco esta cruel realidad); «el acceso a la vivienda es un obstáculo para los proyectos de tantos jóvenes» (otro de los baldones de nuestra sociedad); «que los avances tecnológicos generan incertidumbre laboral; o que los fenómenos climáticos son un condicionante cada vez mayor y en ocasiones trágico». Por no hablar del panorama internacional en el que situó algo que también ocurre en España: «Una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones». Pero tampoco se quedó ahí.

El Jefe del Estado, de pie, en el Salón de Columnas del Palacio RealCasa del Rey

Fue precisamente en ese punto cuando sacó a colación el argumento presidencial de John F. Kennedy: «Preguntémonos, sin mirar a nadie, sin buscar responsabilidades ajenas: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esa convivencia? ¿Qué líneas rojas no debemos cruzar?». Sí, se trataba de una interpelación personal que concluía con una llamada al diálogo «no correr a costa de la caída del otro; que España es, ante todo, un proyecto compartido».

Me alegré mucho de las mejoras técnicas en el discurso. También de que se volviera a utilizar el Salón de Columnas del Palacio Real. De las tomas y ambiente navideño, ausente por cierto en el crisma campero de este año; pero sobre todo me gustó el contenido. El nuevo equipo de comunicación de la Casa se nota. Un gran discurso. Pero sobre todo, una inyección de optimismo en estos tiempos que nos ha tocado vivir. ¡Feliz Navidad!