Charles Powell, en un momento de la entrevista
Casa Real Powell: «Salvo el caso de Suárez, el Rey Juan Carlos se llevó mejor con los presidentes de izquierdas»
«Felipe González nunca sintió celos del Rey; entiende que esto es un juego de suma positiva, no de suma cero»
El historiador Charles Powell relata en su nuevo libro, «El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España» (Galaxia Gutenberg), cómo fue la relación del anterior Monarca con los presidentes del Gobierno de su reinado. Según Powell, «salvo el caso de Adolfo Suárez, el Rey Juan Carlos se llevó mejor con los presidentes de izquierdas que con los de derechas» porque el propio Rey hacía un sobreesfuerzo para vencer su escepticismo o falta de conocimiento de lo que era la Corona.
—¿Cómo fue la relación de Don Juan Carlos con Suárez?
—El Rey tiene una relación muy especial, atípica, con Suárez. Por ejemplo, el Rey le dice que le tutee, y Suárez le tutea y le llama por su nombre en privado. Pasaban muchísimas horas juntos, montaban en moto por los jardines y el campo de La Zarzuela. Es decir, convivían en cierta medida. Esto no se volvió a repetir y quizás no fue positivo a la larga, porque el Rey y el presidente del gobierno no pueden ser realmente amigos.
—¿Y con Leopoldo Calvo-Sotelo?
—Hay una relación muy próxima con Calvo-Sotelo, pero mucho más fría, más profesional. Mi tesis es que, salvo el caso de Suárez, el Rey se lleva mejor con los presidentes de izquierdas que con los de derechas. ¿Por qué? Porque los presidentes de derechas son monárquicos por convicción, por tradición familiar o por lo que sea, por ideología, mientras que los presidentes de izquierdas no es que sean hostiles a la Monarquía, es que no han tenido trato con ella, no conocen la institución.
Leopoldo Calvo-Sotelo llevó a hombros el féretro de Don Alfonso, el hermano menor de Don Juan Carlos, que como es sabido, Don Juan Carlos mató accidentalmente. A Leopoldo no había que explicarle lo que era la Monarquía. Él había ido a Estoril a ver a Don Juan, llevaba en la solapa la insignia de Juan III, se había peleado cuando era estudiante con los falangistas en la calle. A Calvo-Sotelo no hay que explicarle lo que es esto y, además, tenía un conocimiento de la historia de España bastante interesante.
—¿Cómo era la relación con los presidentes de izquierda, con Felipe González?
—Yo creo que el Rey hizo un sobreesfuerzo con los primeros ministros del PSOE, precisamente porque no existía esa familiaridad. Lo hace primero con Felipe González, con quien luego desarrolla una relación que yo creo que es la más fructífera de todas las que tuvo. Inicialmente, él era neutro en relación con la Corona. De hecho, era escéptico y se establece una relación de lealtad, de cooperación.
A pesar de que Felipe González era muy conocido en América Latina, nunca sintió celos de Don Juan Carlos. En los años 80, el Rey viaja por toda América Latina, conoce muy bien a todos los dirigentes latinoamericanos y Felipe González entiende que esto es un juego de suma positiva, no de suma cero. Es decir, que son un tándem y que, si se distribuye bien el trabajo, llegan más lejos y llegan a más ámbitos distintos y que son complementarios. La complementariedad del Rey con su presidente del Gobierno es la clave de todo esto.
—Con José María Aznar se dice que no fue tan buena.
—Yo creo que se han exagerado las desavenencias del Rey con Aznar. Hay un episodio que ahora hemos conocido gracias a las memorias (de Don Juan Carlos). Cuando el Rey y Aznar coinciden en La Habana para la Cumbre Iberoamericana, pasean por las calles. Aznar se quita la chaqueta, y parte de la prensa interpretó que eso era un desaire, una falta de respeto. En sus memorias, el Rey cuenta que Aznar le pide permiso para quitarse la chaqueta y él le dice: «Yo también me la quitaría, pero es que llevo tirantes y no puedo aparecer en las fotos con tirantes». Entonces él se deja la chaqueta puesta y le da autorización a Aznar para que se la quite. Eso demuestra cómo a veces un episodio bastante nimio, de repente, se convierte en el supuesto símbolo de una desavenencia, cuando en realidad no existía. Aznar respetaba mucho al Rey.
—¿Se llevó bien con José Luis Rodríguez Zapatero?
—Es muy interesante la relación con Zapatero, una persona que no había tenido relación con la Corona. El Rey realmente hace un sobreesfuerzo y logra establecer una relación muy cercana con Zapatero, a quien además veía como alguien ingenuo, que no hablaba idiomas, que necesitaba ayuda, y está dispuesto a hacer ese esfuerzo. Por ejemplo, dado que la retirada de Irak había tensionado mucho la relación con Washington, el Rey se ofrece a ir al rancho de los Bush, gracias a su amistad con Bush padre. Yo creo que Bush padre fue el presidente americano, con el que mejor se llevó Don Juan Carlos, por edad, por mentalidad, por talante. Y va en noviembre de 2004, pasan el día de Acción de Gracias juntos, el Rey con la familia Bush, los dos y sus mujeres, en un esfuerzo por recomponer la relación. Un esfuerzo que realmente no tuvo mucho éxito en ese momento.
En las memorias de Eduardo Aguirre, que fue nombrado embajador inmediatamente después, cuenta que, cuando se despide de Bush, antes de venir a Madrid, le dice: «Para mí, Zapatero es un son of a bitch». Pone, eso sí, SOB, que es el acrónimo elegante cuando no quieres decir hijo de perra, que es un poco feo. Y le dice: «Ten claro que para mí Zapatero es un SOB y, por lo tanto, no me invites a España porque yo no voy a ir». Y de hecho nunca vino con Zapatero y no hubo una visita presidencial hasta Obama.
—Su último presidente fue Mariano Rajoy.
—Con Rajoy encontró de nuevo un hombre más joven, pero monárquico y, por lo tanto, se da por hecho que la relación va a ser buena. No creo que existiera una conexión especial, pero tampoco hubo problemas específicos.