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La última bala de Sánchez: tergiversar el 23-F para desprestigiar a la Corona y calentar el republicanismo

Acorralado por los escándalos, el presidente del Gobierno ha decidido desclasificar los documentos del golpe de Estado para intentar movilizar a la izquierda a un año de las elecciones

Pedro Sánchez, el pasado domingo en Ponferrada (León)Europa Press

El anuncio de la desclasificación de los documentos del 23-F ha disparado todas las alertas; no por lo que se pueda desvelar sobre el intento del golpe de Estado, sino por el riesgo de tergiversación de los hechos por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, que nunca ha ocultado su animadversión hacia el Rey Juan Carlos, su desprecio a la Transición ni su admiración a la República.

De momento, Moncloa ha respetado las formas y ha informado al jefe de la Casa del Rey, Camilo Villarino, antes de hacer público el anuncio de la desclasificación, según confirmaron a El Debate en el Palacio de La Zarzuela.

Pero el anuncio de la desclasificación de los documentos del 23-F ha suscitado dudas razonables en varios sectores, dada la tendencia del Gobierno de Pedro Sánchez a reescribir la historia y a manipular la memoria.

Además, un presidente que fue capaz de dar pucherazos para ganar las elecciones primarias de su partido -como pudieron ver los españoles por televisión- también puede mostrar unos documentos y ocultar otros, con el argumento de la seguridad nacional, y de esta manera suscitar dudas, desprestigiar y provocar polémicas que, además le sirvan para tapar los numerosos escándalos de corrupción y abusos sexuales que le acosan. Mientras se debata sobre el 23-F, no se hablará de Koldo, Cerdán, Zapatero, Aldama, el sobre de Delcy Rodríguez, Begoña Gómez, Ábalos, el hermano de Sánchez o el DAO de la Policía Nacional.

Borrar al Rey Juan Carlos

El mismo procedimiento que empleó el ministro Félix Bolaños la semana pasada para borrar al Rey Juan Carlos de una exposición en el Congreso sobre la historia de la Constitución de 1978 —fue capaz de encontrar 40 fotos sin el Monarca que la promovió y sancionó—, se puede aplicar ahora para desclasificar los documentos del 23-F más favorables a sus intereses y ocultar los que favorezcan a Don Juan Carlos.

Una de las cuestiones más llamativas del anuncio realizado por Sánchez es por qué el Gobierno ha decidido desclasificar esos documentos precisamente ahora, cuando varios grupos parlamentarios llevan años pidiéndoselo. El Ejecutivo no ha sido capaz o no ha querido sacar adelante la Ley de Información Clasificada, que lleva cuatro años bloqueada en el Congreso de los Diputados mientras sigue vigente la Ley de Secretos Oficiales de 1968. Pero de esta forma Sánchez puede elegir lo que desclasifica, como hará ahora con los documentos del 23-F.

Y todo apunta a que se trata de un nuevo golpe de efecto de Sánchez para tratar de movilizar a una izquierda decepcionada con su líder, que se encuentra acorralado por los escándalos cuando falta un año para las próximas elecciones generales.

Son muchas las voces que llevan años advirtiendo de que la verdadera aspiración del proceso puesto en marcha por Sánchez es la República y, para eso, antes tiene que desprestigiar la Monarquía y la Transición, la España del sistema democrático del 78.

Así lo advierten desde Jaime Mayor Oreja a Isabel Díaz Ayuso o, en los últimos días, Cayetana Álvarez de Toledo y Esther Muñoz. La portavoz del PP en el Congreso afirmó el jueves en el Club Siglo XXI que «los españoles deben ser conscientes de que, si Sánchez lograra perpetuarse en el poder en las próximas elecciones, pondrá en peligro nuestro modelo territorial y nuestro modelo de Estado. Es lo único que le queda por entregar».

Votar el régimen, no el gobierno

Y Cayetana Álvarez de Toledo, en una entrevista a The Objective, insistió este domingo en ese mismo mensaje: «Sánchez buscará plebiscitar las elecciones generales para desplazar la crítica de su Gobierno al Régimen: la Monarquía parlamentaria del 78 —que tacharán de caduca y contaminada— frente a una presunta República plurinacional de derechos infinitos y derechas residuales».

«Es la polarización en su versión más frívola y peligrosa. Porque apela a la tentación del abismo, al vértigo adánico de inaugurar un tiempo nuevo. Es sepultar la reforma para ejecutar la ruptura largamente soñada por los enemigos de la España democrática», añadió.

La desclasificación parcial y tergiversada de los documentos del 23-F podría ser el comienzo de una campaña para intentar arrebatar a Don Juan Carlos uno de los grandes éxitos de su reinado -haber frenado el intento de golpe de Estado de 1981- y desprestigiar la página más brillante de la historia reciente de España -la Transición-.