El Rey, durante su discurso del 3 de octubre de 2017, tras el golpe separatista en Cataluña
Casa Real Cómo se gestó el mensaje del Rey tras el golpe separatista en Cataluña
Don Felipe estaba esperando en Zarzuela a Rajoy con unos folios en la mano
Hoy hace nueve años el Rey consiguió parar con un mensaje de apenas seis minutos de duración un golpe de Estado separatista en Cataluña que llevaba meses gestándose. La Generalitat se había instalado en la desobediencia a la Justicia. El Parlamento autonómico estaba aprobando las llamadas «leyes de desconexión» de España. Y los separatistas habían convocado un referéndum ilegal de independencia.
El PSOE y Ciudadanos eran contrarios a aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite intervenir una Comunidad autónoma y que no se había aplicado nunca antes, y el Gobierno del PP no quería asumir en solitario el coste de esa decisión.
Urnas y colegios
Dos días antes del referéndum, el Ejecutivo de Mariano Rajoy aseguraba que la consulta ilegal no se iba a celebrar. Pero llegó el 1 de octubre, y todos los españoles -incluido el Rey- vieron por televisión que los colegios estaban abiertos, que había urnas y papeletas y la gente votaba. Incluso el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, depositó su voto, tras burlar la vigilancia policial cambiando de coche en un túnel.
A pesar de las imágenes y evidencias, la noche del 1 de octubre el presidente del Gobierno hizo una declaración institucional totalmente alejada de la realidad: «Hoy no se ha celebrado un referéndum en Cataluña», afirmó.
El día 2 Rajoy recibió en Moncloa por separado a los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Ciudadanos, Albert Rivera. Pero no hubo foto de la unidad. Y el día 3 el PSOE pidió la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno. El ánimo de la mayoría de los españoles estaba por los suelos y las redes sociales ardían pidiendo la intervención del Rey.
Despacho habitual
Ese mismo día 3, Rajoy acudió al Palacio de La Zarzuela para mantener uno de los despachos habituales con Don Felipe, aunque la situación era muy excepcional. El Rey le recibió con unos folios en la mano. Le dijo que quería dirigirse esa misma noche a los españoles por televisión y que ese era el mensaje que quería transmitir.
Rajoy leyó los papeles detenidamente y no cambió ni una coma. Así lo refrendó. Solo preguntó al Rey si no tenía previsto pronunciar alguna parte en catalán. Don Felipe le dijo que no, que ya había valorado esa opción, pero que tenía muy claro que en esa ocasión quería hablar exclusivamente en español.
Después, el texto se tradujo a las lenguas cooficiales y también al inglés y francés para publicarlo en la página web de la Jefatura del Estado y que las Embajadas pudieran consultarlo. Era importante que la comunidad internacional tomara nota de que España seguía considerando a Cataluña parte de su territorio.
En cuanto el presidente del Gobierno abandonó el Palacio, se pidió a un equipo de televisión que se desplazara a Zarzuela para grabar al Rey. Ahora no habría que pedir un equipo externo porque la Casa del Rey dispone de una sala audiovisual dotada con todos los medios necesarios para que el Jefe del Estado se pueda dirigir a los españoles si hay necesidad.
Doce millones y medio de espectadores
Hacia las seis de la tarde de aquel 3 de octubre empezó a circular la noticia de que Don Felipe iba a hablar. Y a las 21 horas lo hizo. El Rey llamó a los poderes del Estado a asegurar el orden constitucional y habló con una gravedad y energía como nunca se le había oído antes. 12,5 millones de españoles lo vieron por televisión, alcanzando una cuota de pantalla del 76,7%, especialmente en Cataluña, donde la cuota llegó al 83,5%.
Las palabras del Rey devolvieron la esperanza a muchos españoles. El 8 de octubre, cinco días después, Barcelona fue escenario de una manifestación masiva que desbordó las calles con banderas de España y demostró que otra Cataluña era posible. El sueño duró hasta que Pedro Sánchez necesitó el voto de los separatistas para ser investido presidente del Gobierno y compró los apoyos con indultos y con la ley de Amnistía.
Mensaje del Rey del 3 de octubre
Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada, ilegalmente, la independencia de Cataluña.
Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno. Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña. Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando –desgraciadamente– a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada. Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.
En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.
Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.
Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los españoles, particularmente a los catalanes. A los ciudadanos de Cataluña –a todos− quiero reiterarles que desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos. Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.
Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza. Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña.
Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España.
Felipe R.