El Debate sigue los pasos de El Quijote
La sociedad se explica entre Alonso Quijano y Sancho y a través de ellos todo se cuenta, como todo lo queremos contar en este periódico que empieza
Toda la ciudad de Toledo, como el París de Hemingway, se le ha venido a uno encima, en vez de tristemente con todas las primeras lluvias frías del invierno, con las últimas del mismo, anunciándose casi ya la primavera o más bien la falsa primavera. Es difícil, pero emocionante. Aunque uno no es tan joven (de edad), sí se siente un poco como el autor que ni siquiera había escrito entonces Fiesta, su primera novela.
Castilla-La Mancha es como esa primera novela, una que hay que contar todos los días para que la lean los toledanos, los guadalajareños, los conquenses, los albaceteños y los ciudadrealeños. Son largos y sonoros los gentilicios manchegos, casi como ancha se dice que es Castilla. Por ancha o anchurosa, que es más bonito, va a haber que ir de un lado a otro como don Quijote en el intento de informar en vez de descifrar la condición humana.
Aunque en realidad ambas cosas son lo mismo con un poco más de inmediatez y mucha menos literatura en lo que nos ocupa. La delegación de Castilla-La Mancha quiere ser un Quijote periodístico porque en la obra de Cervantes está todo. La sociedad se explica entre Alonso Quijano y Sancho y a través de ellos todo se cuenta, como todo lo queremos contar en este periódico que empieza: lo noticioso siempre y también lo bello y lo innoble, lo alegre y lo triste, lo fácil y lo difícil.
El objetivo es el caballero de la Mancha como si él guiara nuestros pasos en el XXI como ha guiado los pasos de los hombres, más allá de todo ámbito, a través de los siglos. El Debate se echa hoy a esos caminos, frisando uno mismo los cincuenta, con la «lanza (que es la palabra) en astillero, adarga antigua» y desde luego que con «rocín flaco y galgo corredor» para que todo empiece como tiene que empezar.