Embalse de Buendía

Embalse de Buendía

El balneario milagroso del XIX que yace oculto bajo el embalse de Buendía

En los Baños de Sacedón se llegó a construir el Real Sitio de la Isabela, llamado así por María Isabel de Braganza, reina consorte de Fernando VII

Los Baños de Sacedón los usaban los romanos. Cuando estos se marcharon, apenas nadie reparó en los bienes de sus aguas mineromedicinales. Muchos siglos después alguien, al fin, volvió a disfrutar de ellos.

En el XVII llegó a oídos de Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, que en el sitio de Guadalajara sus aguas tenían propiedades curativas y beneficiosas. Desde entonces, la realeza procedió a construir instalaciones para mejorar el lugar.

Patrimonio Real

El apogeo se dio con la construcción del Real Sitio de La Isabela, llamado así en honor de María Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII, promotora de la remodelación, a principios del XIX. El balneario, Patrimonio Real y pequeño oasis de salud, se convirtió en un punto de encuentro de la aristocracia y también del resto de clases sociales.

Vista del real Sitio de La Isabela

Vista del Real Sitio de La Isabela de Fernando Bambrila

Era una época en la que los baños estaban de moda como terapias y turismo por toda Europa, pero lo que parecía poder llegar a ser uno de los grandes destinos de este tipo de vacación, terminó desmoronándose por estar lejos de los grandes círculos, por su mala comunicación y por la desamortización, como causas principales de su abandono.

En 1958 se inauguró el pantano

El nuevo propietario de las tierras, el marqués de la Vega Inclán, trató de recuperarlo y reformó las instalaciones hasta que la Guerra Civil lo detuvo todo para siempre. El marqués murió en 1942 y todos sus bienes pasaron al Estado. Era la época de la planificación y construcción de las presas de Franco.

Ruinas del Real Sitio de La Isabela y Baños de Sacedón en 2006

Ruinas del Real Sitio de La Isabela y Baños de Sacedón en 2006

En 1946 comenzó a construirse el embalse de Buendía y en 1950 todos los habitantes que quedaban en la zona tuvieron que marcharse. En 1958 se inauguró el pantano y La Isabela quedó definitivamente anegada, aunque en períodos de escasez de agua aún emergen los restos de la pequeña población sumergida donde la gente (documentadas las propiedades de las sulfurosas aguas) acudía a curarse en la antigua superficie perdida.

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