Vista de la localidad al pie de la sierra de Alto Rey
¿Qué pueblo de Guadalajara fue conocido como «el pequeño Bilbao»?
Su riqueza mineral produjo en el XIX un desarrollo industrial asombroso para una localidad casi perdida al pie de la sierra de Alto Rey, en medio de las encinas, los pinos y la jara
Hay muchos pueblos que tienen un pasado de esplendor cuyo presente no corresponde a lo que fueron. Su declive fue debido a distintas razones, la más común y extensible la pérdida de lo que les hizo especiales, o del interés por aquello que les hizo especiales.
Monumento al minero en Hiendelaencina
Hiendelaencina, en Guadalajara, es uno de esos pueblos. Sus minas de plata hicieron de él en el XIX un lugar muy próspero. Su riqueza mineral produjo un desarrollo industrial asombroso para una localidad casi perdida al pie de la sierra de Alto Rey, en medio de las encinas, los pinos y la jara.
Antes de ser importante solo era una aldea sin nombre que se convirtió en estrella por las minas. Un estrellato que duró desde mediados de siglo hasta principios del XX, cuando el cierre del yacimiento fue para ella como el inicio del cine sonoro para muchos actores de cine mudo: a los espectadores dejaron de interesarles sus películas, que quedaron tan despobladas como Hiendelaencina.
Respiradero de una de las antiguas minas de plata
En aquel escaso medio siglo de gloria efímera, recibió el favor del público. Llegaron trabajadores de toda España. También inversores extranjeros que fundaron empresas alrededor del brillo de la plata. El pequeño pueblo bullió durante el esplendor industrial inusitado que le dio el sobrenombre de «el pequeño Bilbao» hasta que la plata, al menos la mejor, se acabó.
Tuvo 5.000 habitantes y hoy solo 100
Hiendelaencina llegó a tener casi 5.000 habitantes en su mejor momento, sufriendo un decrecimiento brusco después de 20 años de explotación. La mina siguió funcionando, pero a menor ritmo, éxito y jaleo, disminuyendo su población paulatinamente hasta que tocó techo (más bien sótano) a principios del XXI, en la inexorable decadencia hasta sus actuales poco más de cien habitantes.