Iglesia de san Román en Toledo, de estilo mozárabe

Detalle del interior de la iglesia de san Román en Toledo, de estilo mozárabe

¿Sabías que Castilla-La Mancha tiene varias (des) conocidas «lenguas propias»?

En la región se hablaba el mozárabe, más que una lengua un conjunto de dialectos con mezcla de latín, castellano y árabe

Seguramente, de primeras, muchos lectores se sorprendan de esta afirmación. ¿Qué lengua (s) propia (s) va a tener un castellano de toda la vida o un manchego de siempre que no sea el español, si el castellanomanchego es casi el español más español que hay?

Lenguas romances

Precisamente el español, el castellano, está extendido gracias a él. Un castellano habla castellano, es decir: español desde el principio, ¿o no? El español es lengua romance: proviene del latín que dejaron los romanos, pero más concretamente del latín vulgar, que es el habla que quedó cuando los romanos se fueron.

De lengua vulgar (como el catalán o el gallego) se convirtió en lengua refinada tras la Reconquista, pero antes de esto, en Castilla-La Mancha se hablaba el mozárabe, más que una lengua un conjunto de dialectos con mezcla de latín, castellano y árabe. El castellano del norte acabó mezclándose en un auténtico romance lingüístico.

Como si esos cristianos castellanomanchegos (de Al-Andalus) que no podían saber que un día serían castellanomanchegos hubieran querido hablar español a toda costa. Así que hay tanto mozárabe en un ciudadrealeño como latín vulgar en un burgalés: de ahí la inmensa riqueza del español, una suerte de maravillosa Hispanidad filóloga.

Mestizaje lingüístico

El resultado es el castellano moderno. El mismo de estas líneas, que llegó tras una evolución y un mestizaje que a pesar de lo universal, dejó sus particularidades dialectales lo suficientemente notables como para casi legar una casi lengua propia, valga la redundancia.

Del mismo modo que se sabe cuando alguien habla en catalán, también se sabe cuando alguien habla en manchego, aunque el manchego sea mucho más basicamente español que el catalán, por eso decir «lengua propia» es una exageración formal y oficial, pero quizá no lo sea práctica y oficiosa por la sintaxis y el léxico.

La sintaxis o el léxico

La sintaxis y el léxico no hacen una lengua, pero son el principio del camino. Los catalanes o los gallegos se quedaron con su romance, más distintivo, y los castellanomanchegos con el suyo. Al final la cosa casi va de amor, que es lo que se dice que mueve el mundo. El uso de los tiempos verbales, la pronunciación de ciertos fonemas o los diminutivos casi hacen un idioma.

Uno que no es tan diferente como para sentirse diferente, pero es diferente. La «lengua propia» del castellano y del manchego se distingue. En la del manchego casi se distingue el mozárabe que no se sabe cómo es, pero está ahí en esas palabras únicas, en esas aspiraciones, en los apócopes, en la influencia del andaluz, otra «lengua propia», y el valenciano, esa otra un poco distinta, como el catalán.

El latín y el mozárabe

Al castellanomanchego, en su forma castellana y en su forma manchega, se le advierte por el latín y el mozárabe (y el árabe), esas lenguas propias sumergidas bajo el castellano, como el detalle del sastre bajo la solapa del traje, que no se ve, pero se siente como un lenguaje (como una «lengua») propio.

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