Casco Histórico de Toledo
Toledo blindará su Casco Histórico a los coches contaminantes desde 2026
El acceso se restringirá a vehículos sin etiqueta ambiental y a no empadronados. La medida, pensada para proteger el patrimonio y cumplir la normativa europea, impactará a visitantes y transportistas
El centro monumental de Toledo se prepara para una transformación histórica en su movilidad: a partir de 2026, los coches sin etiqueta ambiental y los conductores no empadronados en el Casco no podrán circular por sus calles empedradas y milenarias. El Ayuntamiento ha sacado a información pública hasta el 25 de agosto el proyecto de implantación de la zona de bajas emisiones (ZBE), una herramienta clave para frenar la contaminación en uno de los conjuntos patrimoniales más visitados de España.
El nuevo plan delimita un perímetro amurallado de más de un millón de metros cuadrados, rodeado por la muralla y el río Tajo, que quedará completamente blindado a los vehículos más contaminantes en 2030. Aunque la normativa se aplicará de forma progresiva, la primera gran restricción entrará en vigor en 2026, prohibiendo el acceso a los turismos sin distintivo ambiental de la DGT y a quienes no estén empadronados en el Casco Histórico.
Para suavizar el impacto, se prevé un año de margen para que los propietarios puedan empadronarse o regularizar su situación fiscal en Toledo. Sin embargo, los coches sin etiqueta ambiental no tendrán opción: salvo contadas excepciones que gestionará el Ayuntamiento, no podrán acceder al Casco Histórico.
Turistas y repartidores en el punto de mira
La medida no solo afectará a los residentes del Casco. Turistas, transportistas, taxis, VTC, autoescuelas y empresas de mensajería y reparto se verán obligados a replantear sus operaciones. El documento municipal establece un calendario de restricciones por etapas: desde el 1 de enero de 2028, por ejemplo, las autoescuelas y las empresas de paquetería con vehículos sin etiqueta o con etiqueta B deberán decir adiós a la posibilidad de circular por el interior de la muralla.
El transporte profesional tampoco queda al margen: taxis y VTC sin distintivo ambiental podrán trabajar en el Casco hasta el 31 de diciembre de 2029. Los que cuenten con etiqueta B tendrán un año más de margen, hasta finales de 2030. Este calendario escalonado busca permitir una renovación progresiva de las flotas, pero impone un horizonte claro para el final de los motores más contaminantes en el corazón histórico de la ciudad medieval.
Carga y descarga con restricciones
El desafío logístico es uno de los aspectos más delicados del plan. El Ayuntamiento reconoce que la actual flota de furgonetas y camiones que abastece a los negocios y vecinos del Casco Histórico está formada en su mayoría por vehículos diésel antiguos, muchos sin distintivo ambiental o con etiqueta B, con una antigüedad media de 15 años.
Para estos servicios esenciales se mantendrá la posibilidad de acceder en horarios limitados, regulados por la actual Ordenanza de Movilidad, pero solo hasta el 31 de diciembre de 2030. Mientras tanto, se está redactando una nueva ordenanza específica de carga y descarga que deberá equilibrar la necesidad de abastecimiento con la reducción de emisiones contaminantes.
El reto es especialmente relevante para las empresas de mensajería, paquetería y delivery, que deberán adaptarse a un nuevo escenario en el que la flota limpia y el cumplimiento estricto de los horarios serán requisitos imprescindibles para poder operar en el Casco.
Un plan polémico pero necesario
Para hacer realidad estas restricciones, el Ayuntamiento ha aprobado el Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS), un documento elaborado por el anterior equipo de gobierno que ha recibido críticas por considerarse «caducado» y no ajustado a las últimas necesidades de la ciudad. Pese a ello, la actual corporación ha decidido validarlo con el objetivo de no perder los 4 millones de euros de los Fondos Europeos Next Generation asignados para implantar un sistema de movilidad más eficiente y sostenible.
Estos fondos ya se han utilizado para la instalación de cámaras de control del tráfico en la ciudad, un paso imprescindible para garantizar el cumplimiento de las restricciones. Además, el equipo de gobierno ha anunciado que el plan será revisado en paralelo al despliegue de la ZBE, incorporando alegaciones, mejoras y la experiencia de otras ciudades españolas.
Cumplir con Europa y proteger el patrimonio
Más allá de las críticas políticas, la medida responde a una obligación legal: la directiva europea sobre calidad del aire y la Ley española de Cambio Climático exigen a las ciudades de más de 50.000 habitantes implantar zonas de bajas emisiones. El Ayuntamiento de Toledo quiere evitar sanciones y no quedar excluido de las ayudas estatales al transporte colectivo.
Pero hay un objetivo local aún más claro: proteger el Casco Histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y preservar su valor para residentes y turistas. Hoy recibe más de 185.000 vehículos a la semana, más de la mitad de ellos de no residentes. Este flujo masivo de tráfico genera problemas de contaminación, ruido y congestión, y contribuye al fenómeno de «isla de calor», con temperaturas máximas de media muy superiores a las de otros barrios: 19,7 grados frente a los 18 de Santa María de Benquerencia.
Un Casco Histórico más habitable y atractivo
Con esta apuesta por la movilidad sostenible, Toledo se suma a la lista de ciudades españolas que restringen el tráfico contaminante en sus centros históricos. La meta es hacer del Casco un espacio más saludable, habitable y atractivo tanto para quienes viven en él como para quienes lo visitan.
El plan contempla medidas para fomentar el transporte público, el uso de vehículos eléctricos y el carsharing o coche compartido, un servicio que permitirá acceder puntualmente a un vehículo sin tener que mantener uno propio. También se espera que la mejora de la movilidad reduzca la presión turística mal gestionada, equilibrando la conservación del patrimonio con el atractivo para los visitantes.
Aunque el calendario de restricciones llegará hasta 2030, el debate está abierto y las próximas semanas serán claves para recoger alegaciones, pulir el plan y definir cómo será la vida en el Casco Histórico de Toledo en las próximas décadas. El objetivo está claro: un modelo más sostenible, más respetuoso con el medio ambiente y con el legado cultural que ha hecho de Toledo una referencia mundial.