Museo del Niño en Albacete
Una colección pionera y única en España: el Museo del Niño de Albacete
El museo nació en 1987 por iniciativa de Juan Peralta, resultando en una idea totalmente genuina en España y valorada por su contenido en todo el mundo
El auge del interés cultural incluye en sus entrañas numerosas formas de expresión. El conocimiento puede expandirse en un abanico inabarcable de disciplinas expuestas en las artes, las letras, las ciencias o cualquier expresión dedicada al estudio de una temática en su versión más divulgativa.
Uno de los asilos del saber por antonomasia, recibe el nombre de museo. Los hay de cualquier motivo a los que pueda viajar la imaginación y por ello, muchos presentan una rareza sin igual, en lo que la palabra raro se refiere a único e incomparable.
Solo en la extensión de la región castellanomanchega, se encuentran muestras de lo más singular, como Museo del Queso (Manzanares, Ciudad Real), el Museo de Dulcinea (El Toboso, Toledo), el Museo de la Cuchillería en Albacete o incluso uno para la miel en Peñalver (Guadalajara). Desde luego, no son exposiciones comunes, pero en Albacete hay una colección que sobresale por encima del resto: el Museo del Niño.
Una iniciativa totalmente pionera y única en España, pero además, resulta ser el museo dedicado a la infancia, la familia y la escuela más antiguo del mundo. La evolución humana no se marca solo en avances tecnológicos o descubrimientos que proyecten el bienestar social. La mirada al ser más infantil se presenta como un fiel espejo en el que constatar como, desde edades tempranas, la vida ha cambiado por completo en pocos años.
Historia del Museo del Niño
Artículo de la época sobre la inauguración del Museo del Niño
El patrimonio de la infancia queda relegado al olvido conforme cada individuo va creciendo. Sus recuerdos perviven, pero todo el ajuar, que ha formado parte de sus primeros pasos en el mundo, desaparece. Por ello, con la intención de conservar el patrimonio infantil, Juan Peralta creó en 1987 el Museo del Niño, que más tarde sumaría el añadido ‘de Castilla-La Mancha’.
Un lugar de recuerdos compartidos por múltiples generaciones que miran hacia un mismo espacio, como puede ser un aula de escuela. No es ajeno a nadie e invita a la reflexión sobre el gran papel que juega la niñez para construir una sociedad enriquecida culturalmente.
Si bien la idea de Juan Peralta queda reflejada en 1987, no sería hasta dos años más tarde cuando se inauguraría el, por entonces, pequeño espacio ubicado en el sótano del colegio Benjamín Palencia. La iniciativa no tardaría en recoger éxitos con pequeñas exposiciones en ciudades como Ceuta y referencias en revistas, hasta que en 1996 el museo crece hasta los ochocientos metros cuadrados.
La creación de la Asociación de Amigos del Museo del Niño comparte la idea y durante los años noventa y principios del nuevo milenio, llegan a la exposición visitas de Argentina o México. En España, el éxito está más que constatado por la Complutense de Madrid, visitas desde Cataluña o incluso, de nuevo en clave internacional, la Universidad de Bogotá. El museo necesita un nuevo espacio y se reubica en el antiguo Colegio General Primo de Rivera.
Pronto se volvería a quedar pequeño y aprovechando la llegada de la potestad de competencias de la Junta sobre el museo, comienza en 2004 la búsqueda de una nueva sede. Con parón incluido con la llega de la asfixiante crisis económica, el museo empieza a tambalearse, pero finalmente en 2015, se muda a su ubicación actual en las antiguas instalaciones de la Escuela Graduada de Niñas del Colegio Virgen de Los Llanos.
Una colección incomparable
Una de las aulas recreadas en el museo
Por el motivo al que se dedica el museo, podría dar lugar al pensamiento erróneo de que se trata de una exposición poco desarrollada, pero todo lo contrario. El Museo del Niño cuenta con una distribución avalada y celebrada por expertos en la materia, logrando un viaje conmovedor a la niñez. Sus más de 30.000 objetos quedan expuestos por las entrañas de sus hasta doce salas, divididas con criterio para mejorar la experiencia del visitante.
Sus primeras salas rinden homenaje a la educación, sus objetos y espacios. En primer lugar, se adentrarán en un aula de época de la Restauración Borbónica, típica de mediados del siglo XIX y principios del XX. Por aquel entonces, el acceso a la educación era complicado y tan solo uno de cada diez niños estaba escolarizado. Pupitres, cuadros de los reyes y hasta un mapa de España y sus colonias, decoran la sala, además de otros singulares objetos como un precioso globo terráqueo.
Más adelante, el propio cambio de aula supone un salto, no demasiado grande en el tiempo, pero que refleja el gran avance en materia educativa. Esta aula comprende el periodo entre la Segunda República y el Franquismo, época en la que nacieron hasta 7.000 escuelas gracias al Plan Quinquenal, en pro de la escuela pública. Con la llegada de la dictadura, el espacio también refleja el cambio de paradigma con la llegada del catolicismo a la educación tras la vertiente laica impulsada por la República.
El resto de salas acogen variedades como juguetes, muñecas o un gran recopilatorio de 12.000 manuales escolares. Otros de los lugares de mayor interés son los dedicados a imprentas, máquinas fotográficas o los míticos tebeos, que protagonizaron por medio de sus héroes la infancia de numerosas generaciones de españoles.
Una visita obligatoria
Aula del Museo del Niño en Albacete
Resultaría egoísta, incluso pretencioso, tratar de desarrollar en un solo artículo el contenido total del museo. Su riqueza cultural, presenta a la colección como un tesoro en homenaje a la propia vida y concretamente, a la infancia.
Un lugar de valor incalculable y en ocasiones poco conocido, por lo que la visita para todo aquel que no lo haya disfrutado es obligatoria. Una máquina del tiempo real, con la que teletransportarse a los tiempos de los pupitres de madera, el papel en la aulas y los borrones en las manos tras una jornada de escritura y aprendizaje. Más allá de lo formalmente educativo, volver a los juguetes de la infancia y a los espacios lúdicos, que cada vez se alejan más de la rutina infantil, sirven de terapia pedagógica para aquel que recuerda una vida por sus salas.