Patio del Palacio del Infantado de Guadalajara
El palacio donde se casaron Felipe II y Felipe V convertido en el Museo Provincial más antiguo de España
El Palacio del Infantado de Guadalajara fue antigua propiedad de la Casa Mendoza y sirvió tanto para bodas reales como para disponer el Museo Provincial en la actualidad
La expansión cultural y la conciencia por el patrimonio histórico se han multiplicado con el nacimiento incesante de museos de diferentes índoles. El afán por exponer artículos y vestigios del pasado vio en el siglo XIX su gran momento de recreación, para convertirse en un esencial extendido socialmente desde el siglo XX.
Conceptos contemporáneos han dado lugar a edificaciones museísticas de compleja arquitectura. Su modernidad choca habitualmente con algunos espacios habilitados como escaparates de la historia. Los primeros museos se ampararon, en muchas ocasiones, en lugares que por sí mismo forman parte del patrimonio y que solo sus muros merecen la visita.
Es el caso del Palacio del Infantado en Guadalajara, construido a estilo tardogótico, pero con gusto renacentista y toques de gótico isabelino, en el siglo XV. La nobleza de la época encontró en el lugar, la disposición idónea para celebrar eventos de importancia como bodas reales, pero su destino viró hace casi dos siglos.
En 1838, fruto de la Desamortización de Mendizábal se promovió la conservación y exposición de los bienes artísticos. Fue así como quedó sembrada la semilla y ese mismo año se crearía el Museo Provincial de Guadalajara, aunque el Palacio del Infantado no fue su primera ubicación, pese a que antes del periodo actual, ya recibió tal honor.
Un palacio para bodas reales
Fachada del Palacio del Infantado de Guadalajara
En tiempos de nobleza extendida, la Casa Mendoza ordenó la construcción del presente Palacio del Infantado. Por iniciativa de Íñigo López de Mendoza y Luna, por entonces segundo duque del Infantado, se demolieron las antiguas casas de Pedro González, el primero de los Mendoza.
El dibujo plasmado en piedra se otorga al arquitecto Juan Guas, que siguió con fidelidad las órdenes de los Mendoza para imprimir en la construcción la gloria de la familia. A finales del siglo XV, la obra se dio por concluida en un alarde de gótico, con adornos de artesonados, riquezas dispuestas y una delicia de espacio interior conocido como ‘Patio de los Leones’.
Diseñado con finura, pronto resultaría del gusto de la alta aristocracia española. En 1560, el propio Felipe II escogería el palacio como lugar para la celebración de su boda con Isabel de Valois. Nueve años después y a imitación del estilo del palacio que se construía para residencia del monarca, el Palacio del Infantado acogió ciertas modificaciones que le dotaron de un aire renacentista.
Ya en el siglo XVIII sirvió como residencia de Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II, que regresaba del exilio y que perdió la vida en su interior en 1740. Antes, en 1714, el palacio acogió una nueva boda de poderes, en este caso la de Felipe V, que tras contraer primero matrimonio en Viena, repitió el evento en Guadalajara.
Durante el siglo XIX, los Mendoza partirían a la Corte dejando el infantado prácticamente sin actividad y ocupación. Finalmente, Mariano Téllez-Girón y Beaufort-Spontin, el que fuera decimoquinto duque del Infantado, acordó una venta y cesión de la mitad del palacio al Ayuntamiento. Tras la Guerra Civil, el inmueble sería definitivamente cedido a la Diputación Provincial para acoger el actual museo.
El Museo Provincial más antiguo de España
Interior del Museo Provincial de Guadalajara
Con la desamortización en pleno funcionamiento, diversos materiales fueron reubicados en la iniciativa museística. La colección ha asumido varios cambios de residencia en sus casi dos siglos de historia, pero su primer hogar se fijó en el palacio de Antonio Mendoza, en una etapa destacada por la función de prisión que ocupaba el edificio a su vez.
En 1861, el museo quedó retirado y por primera vez llegaría al Palacio del Infantado para un breve periplo entre 1873 y 1898, pasando en tal fecha al convento de la Concepción. Tan solo un año después, tuvo que volver a mudarse por derrumbes en su cubierta y el museo queda en ‘stand by’ guardado en la Diputación y a la espera de un nuevo espacio para exponer su riqueza.
El olvido sumió a las piezas guardadas en la indiferencia, casi un siglo asoladas escondidas del conocimiento popular. Redescubiertas como un tesoro en 1972, se restauraron y en 1973 quedaría nuevamente inaugurado el museo en su ubicación actual del Palacio de los Infantes. El lugar recoge todos los vestigios hallados y piezas de valor disponibles en la provincia desde 1985.
El curso de los yacimientos que cuentan actualmente con actividad arqueológica sigue guiando la dedicación del museo. Más allá de las salas dedicadas a arqueología, el Museo Provincial cuenta con una gran colección de arte, la más antigua del museo, con pinturas y esculturas. Además, cabe mencionar el profundo carácter etnográfico presente en el recorrido y que advierte la importancia de estudiar la evolución y relaciones entre pueblos a lo largo de la historia.