Camino de Uclés

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Este es el camino entre Madrid y Cuenca que pocos conocen y ya han recorrido 35.000 peregrinos

Durante quince años, el Camino de Uclés ha unido historia, fe y naturaleza en una ruta jacobea que parte de Madrid y culmina en el monasterio que la Orden de Santiago recibió hace 850 años

A veces los grandes caminos nacen del silencio. Hace quince años, un hombre llamado Manuel Rossi trazó, casi sin saberlo, una de las rutas jacobeas más singulares de España: el Camino de Uclés, un sendero de 144 kilómetros que une la iglesia de Santiago en Madrid con el Monasterio de Uclés (Cuenca), casa histórica de la Orden de Santiago.

Desde su inauguración, más de 35.000 peregrinos —procedentes de 50 nacionalidades distintas— han caminado sobre esta senda de historia, fe y paisaje. Un camino bidireccional, porque también permite partir desde Uclés rumbo a Santiago, como si el alma quisiera volver sobre sus pasos.

Manuel Rossi, creador del Camino de Uclés

EUROPA PRESS / MATEO LANZUELA
08/11/2025

Manuel Rossi, creador del Camino de UclésEUROPA PRESS / MATEO LANZUELA

El origen: una promesa personal

Todo comenzó en 2010. Rossi, con problemas de salud, emprendió un viaje hacia Caravaca de la Cruz. En su trayecto se detuvo en Horcajo de Santiago, donde un párroco le habló del Monasterio de Uclés y de su sello perdido en la historia. Aquella conversación encendió una llama.

De regreso, quiso conocer el monasterio del que le habían hablado. Allí, entre archivos y leyendas, descubrió que en el siglo XVI existió un hospital de romeros, prueba de que ese territorio había sido parte de una antigua ruta de peregrinación.

Así nació su idea: reconstruir el camino que siglos atrás unía Madrid con la fortaleza espiritual de la Orden de Santiago, fundada precisamente para proteger a los peregrinos.

Los primeros pasos: de la nada al camino

Rossi empezó casi solo. «Cero ayuda al empezar», recuerda. Aun así, con fe y paciencia, fue marcando señales y mojones, guiado por la historia y la intuición. En la Semana Santa de 2011, un pequeño grupo de caminantes —madrileños, un cubano, un alemán y un alicantino— inauguró oficialmente el Camino de Uclés.

La llegada a destino fue épica: lluvia torrencial, barro y emoción. La alcaldesa de Uclés, Ana Gálvez, los recibió con bocadillos de tortilla. El párroco don Pedro bendijo a los peregrinos. Aquel día se escribió la primera página de un camino que no ha dejado de crecer.

De Madrid a Cuenca: un viaje a través del tiempo

El recorrido comienza en la iglesia de Santiago de Madrid, frente al cruceiro de Velázquez, caballero de la Orden. Desde allí, el peregrino cruza el Puente de Segovia, sigue el cauce del Manzanares y se despide de la capital mientras las viejas trincheras del Jarama asoman al camino.

Atraviesa Rivas Vaciamadrid, con su laguna formada en una cantera, y Arganda del Rey, donde se conserva la segunda cofradía de Santiago más antigua de España, fundada en 1554.

El camino serpentea después por el valle del Tajuña, pasando por Morata, Perales, Tielmes y Carabaña, donde aguarda la pila visigoda más antigua de la Comunidad de Madrid. Antes de dejar la región, Estremera despide al peregrino con el sonido solemne de su órgano barroco.

La edad del silencio

Tras cruzar la frontera con Cuenca, el paisaje cambia. Antiguos túneles ferroviarios dan paso a una zona que Rossi llama «la edad del silencio»: un tramo donde solo se oyen la respiración y los pasos.

En Barajas de Melo se alza el Bordón Universal, una escultura de ocho metros que proyecta su sombra sobre una concha de Santiago. Muy cerca, el Bosque de los Peregrinos y la Cruz del Pelegrín guardan las huellas de quienes dejan piedras pintadas como promesas cumplidas.

Bordón Universal, Barajas de Melo

Bordón Universal, Barajas de MeloAsociación Amigos del Camino de Uclés

A 1.100 metros de altitud, el caminante contempla el horizonte: la sierra madrileña al norte, Gredos al fondo. El aire es puro y el alma se ensancha.

El final: lágrimas frente al monasterio

El Paso Internacional de Peregrinos, bajo la A-40, muestra en su muro decenas de vieiras pintadas con las banderas de quienes completaron la ruta. Más de 50 nacionalidades ya forman parte de esta hermandad anónima del camino.

A tres kilómetros del final, entre los montes de la Sierra del Tesoro, aparece de pronto el Monasterio de Uclés, majestuoso y blanco sobre la roca. «A muchos se les saltan las lágrimas», confiesa Rossi.

Monasterio de Uclés

Monasterio de UclésMonasterio de Uclés

Allí, los peregrinos sellan su última credencial en el Trébol de Elidio, homenaje a un caminante fallecido en 2019. Luego, en una ceremonia sencilla pero solemne, reciben su certificado uclessiano entre aplausos.

Un camino que late

El Camino de Uclés no solo es una ruta; es una historia viva, tejida por voluntarios, curas de pueblo y caminantes anónimos. Una senda que une fe, historia y paisaje, y que recuerda que los grandes viajes, a veces, empiezan con un solo paso… y una promesa.

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