Iglesia de San Miguel, Brihuega, Guadalajara
Por qué todos hablan hoy de esta iglesia escondida en Brihuega: un templo medieval único declarado BIC
La villa de Brihuega, uno de esos paraísos escondidos donde la historia deja huella en cada esquina, vuelve hoy a ocupar titulares. La Junta de Castilla-La Mancha ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) a la Antigua Iglesia de San Miguel, un templo del siglo XIII que no solo conserva siglos de arquitectura, sino también la memoria profunda de un pueblo que ha sido cruce de culturas, territorio disputado y escenario de episodios decisivos para la región.
La decisión, publicada este miércoles en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha, reconoce oficialmente el valor monumental de este edificio singular, un templo medieval que parece emerger desde la tierra, semienterrado en una vaguada que explica buena parte de su misterio y de su resistencia.
Brihuega, Guadalajara
Un templo que nació entre murallas, castillos y caminos medievales
La Iglesia de San Miguel se asienta en un enclave que lo dice todo: una hondonada natural entre el Castillo de Brihuega y la Real Fábrica de Paños. Su fachada norte, literalmente atrapada por la ladera, permanece semienterrada, mientras la oriental queda a apenas un metro de la principal vía de acceso a la villa. Esa ubicación extrema, casi imposible, ha condicionado su vida durante ocho siglos.
Su planta basilical de tres naves, la altura de la nave central, los accesos laterales —uno hacia el antiguo camposanto, otro hoy tapiado bajo el terreno elevado— y la complejidad de su cabecera con bóvedas de crucería y ladrillo, dibujan un templo donde cada reforma cuenta una época distinta.
Un edificio nacido de un pueblo que siempre fue frontera
Brihuega no entiende la historia sin la palabra «frontera». Su origen se remonta al poblado celtibérico de Brioca; su raíz íbera —briga, «lugar fuerte o amurallado»— encaja a la perfección con su condición estratégica. Por aquí pasaron los andalusíes, que levantaron una alcazaba para vigilar el valle del Tajuña; por aquí reordenaron el territorio los cristianos tras la reconquista de Toledo en 1085.
La villa llegó a ser señorío arzobispal, comparable a los grandes dominios toledanos. Su fuero del siglo XIII, otorgado por Rodrigo Jiménez de Rada, regulaba una convivencia avanzada para su época, donde cristianos, judíos y moros compartían normas y responsabilidades.
Durante los siglos XII y XIII el pueblo creció, levantó murallas y erigió templos como San Felipe o Santa María de la Peña, mientras la Iglesia de San Miguel se consolidaba como uno de los hitos religiosos de la villa.
Entre guerras, leyendas y modernidad
Brihuega vivió asedios en el siglo XV, la expansión ilustrada del XVIII —con la Real Fábrica de Paños como motor industrial— y la profunda huella del siglo XX: la llegada del cine, los cambios políticos, la batalla de Guadalajara en 1937 o la desaparición del códice del Fuero de Brihuega, recuperado en 2022.
En ese recorrido, la Iglesia de San Miguel ha sido testigo silencioso: templo medieval, espacio barroco, refugio, almacén, iglesia, y hoy salón de actos donde la comunidad mantiene vivo el edificio a través de nuevos usos.
La arquitectura que explica ocho siglos de historia
San Miguel combina piedra y ladrillo, con muros de mampostería, presbiterio de sillería, arquerías apuntadas y una cabecera cargada de simbolismo. Sus capillas barrocas hablan de la arquitectura del Siglo de Oro; su sacristía con cúpula gallonada muestra el refinamiento del barroco; y su torre campanario —levantada en dos fases, medieval y del XVII— aún conserva las antiguas troneras que proyectaban el sonido de las campanas sobre toda la villa.
La fachada principal, con su arco capialzado y un rosetón medieval parcialmente cubierto, es la carta de presentación de un templo que ha sobrevivido a derrumbes, reformas y al ascenso del terreno que cubrió parte de su lateral norte.
Un monumento clave dentro del Conjunto Histórico
La Iglesia de San Miguel forma parte del alma del casco histórico de Brihuega, junto a la Real Fábrica de Paños, el Castillo de Peña Bermeja, las iglesias de Santa María de la Peña y San Felipe, los conventos y las antiguas puertas de la muralla. Un entramado declarado Conjunto Histórico en 1973 y que hoy suma un nuevo reconocimiento oficial.
El BIC no solo protege el edificio: protege también su memoria, su función urbana y su papel dentro del relato histórico de una villa que ha sido celtibérica, andalusí, medieval, barroca, ilustrada e industrial.
Una declaración que asegura futuro y preserva identidad
La declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento confirma el valor excepcional de este templo que ha sobrevivido ocho siglos de transformaciones. Su conservación, hoy adaptada a un uso contemporáneo, permite que la comunidad siga disfrutando de un espacio único donde arquitectura e historia se dan la mano.
En Brihuega, la Iglesia de San Miguel no es solo un edificio: es un puente entre épocas. Y desde hoy, también un legado protegido para las generaciones que vienen.