Día 31 en El Robledo, Ciudad Real
Parece una locura, pero lo hacen cada fin de año en este pueblo de Ciudad Real
Desde hace casi 30 años, vecinos y visitantes se zambullen cada 31 de diciembre en un río helado para despedir el año y celebrar que sigue vivo
Hay lugares donde el final del año no se mide en campanadas ni en uvas. En El Robledo (Ciudad Real), el calendario se despide con los pies descalzos sobre la grava y el cuerpo avanzando hacia el agua. Cada 31 de diciembre, el río Bullaque vuelve a ser el escenario de una tradición que desafía al frío y al sentido común, pero que sigue intacta desde hace casi tres décadas.
No es un espectáculo preparado para turistas. Es un gesto sencillo, repetido año tras año, que forma parte de la identidad del pueblo.
Una zambullida que nació para celebrar que el río seguía vivo
La historia de este baño invernal no se entiende sin mirar atrás. En los años noventa, el Bullaque llegó a secarse por completo tras un periodo de dura sequía. El cauce vacío dejó una herida silenciosa en un pueblo acostumbrado a convivir con su río. Cuando el agua regresó, también lo hizo la necesidad de celebrarlo.
En 1995, algunos vecinos decidieron despedir el año entrando en el río como símbolo de agradecimiento y de victoria frente a aquellos años sin caudal. Lo que empezó como un gesto casi íntimo se convirtió, con el tiempo, en una tradición consolidada que hoy reúne a cientos de personas.
El frío, las risas y la orilla llena de vecinos
La escena se repite cada 31 de diciembre. El agua baja helada, el vapor se eleva en la superficie y, en la orilla, se mezclan risas nerviosas, aplausos y móviles preparados para inmortalizar el momento. Algunos participantes se lanzan con disfraces, gorros o camisetas conmemorativas; otros lo hacen en silencio, como si se tratara de un ritual personal.
Mientras unos se zambullen, otros observan. Vecinos de El Robledo y de pueblos cercanos acuden cada año para ser testigos de una tradición que ya forma parte del imaginario colectivo de la comarca.
Mucho más que un baño de fin de año
El chapuzón del Bullaque no es solo una forma original de despedir el año. Es también una reivindicación emocional del río como espacio natural querido y respetado. Para los robledanos, el Bullaque es memoria, paisaje y punto de encuentro, uno de los rincones más apreciados de su entorno.
Cada inmersión es un recordatorio de lo frágil que puede ser la naturaleza y de la importancia de cuidarla. Por eso, el baño no ha perdido fuerza con el paso del tiempo: sigue siendo una celebración del agua, de la vida y de la resistencia de un río que volvió cuando parecía perdido.
Cuando el último día del año cae sobre la sierra, El Robledo no necesita grandes fuegos artificiales. Le basta con su río. Con ese gesto sencillo y valiente de entrar en el Bullaque en pleno invierno, el pueblo cierra un año más y abre el siguiente con una tradición que ya es historia viva de Ciudad Real.