Romera y García conocen la cría del conejo gigante de España

Romera y García conocen la cría del conejo gigante de EspañaDiputación de Toledo

El secreto que guardan unas monjas en Toledo puede salvar a un gigante que España está perdiendo

En un convento de Toledo, las hermanas franciscanas luchan en silencio por salvar al histórico conejo gigante de España, una raza única al borde de desaparecer

En el corazón discreto de la provincia, entre muros antiguos y silencios de clausura, late una historia que huele a campo, a tradición y a memoria rural. En el convento de San Antonio de Padua, las hermanas franciscanas cuidan con paciencia una joya viva del patrimonio español: el conejo gigante de España, una raza histórica que hoy lucha por no desaparecer.

La Diputación de Toledo ha decidido sumarse a esta pequeña gran batalla. Con un convenio de colaboración y una ayuda cercana a los 3.000 euros, la institución provincial apoya el trabajo del convento para mejorar, difundir y preservar esta raza autóctona amenazada, un proyecto que busca mantener vivo un legado que forma parte de la historia agroganadera del país.

El gigante que nació para alimentar a España

El conejo gigante de España no es solo un animal de gran tamaño. Es un capítulo olvidado de la economía rural, una raza reconocida internacionalmente desde 1921 y desarrollada para mejorar la producción cunícola en tiempos en los que el campo sostenía a familias enteras.

Sus raíces genéticas se entrelazan con el gigante de Flandes, del que heredó tamaño, crecimiento y calidad de canal. Durante décadas fue una referencia productiva en España, hasta la llegada de híbridos comerciales que relegaron a las razas tradicionales a un segundo plano.

Hoy, su presencia es escasa. Está incluida en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado como autóctona y amenazada, y su cría en pureza se concentra en centros especializados que tratan de evitar su desaparición definitiva.

Y ahí, entre esos guardianes silenciosos, están las hermanas del convento.

Un convento que protege la memoria del campo

Las religiosas de clausura llevan años criando y seleccionando ejemplares, participando en exposiciones y concursos ganaderos para dar visibilidad a la raza. Su labor, callada pero constante, es la que ahora recibe el impulso institucional.

La ayuda permitirá aumentar el número de animales, conservar su acervo genético y desarrollar programas de cría selectiva, además de adquirir 20 jaulas necesarias para el correcto desarrollo del proyecto.

El vicepresidente provincial, Joaquín Romera, destacó durante su visita que apoyar este tipo de iniciativas significa apostar por la biodiversidad, la sostenibilidad y el equilibrio territorial.

Por su parte, la diputada Marina García subrayó que proteger esta raza garantiza la continuidad de prácticas agroganaderas tradicionales y el relevo generacional en el medio rural.

Más allá de las palabras institucionales, lo cierto es que el proyecto es también una historia humana: la de mujeres que, en silencio, sostienen una tradición centenaria.

El patrimonio que no sale en los mapas

Castilla-La Mancha está llena de tesoros que no aparecen en las guías turísticas: ermitas olvidadas, castillos en ruinas, caminos de polvo… y razas animales que cuentan la historia de un país.

El conejo gigante de España es uno de esos secretos. No es solo ganadería. Es cultura rural, identidad, biodiversidad. Es memoria.

En tiempos en los que el campo se vacía y las tradiciones se diluyen, cada proyecto de conservación es un hilo que une pasado y futuro.

Quizá por eso, en ese convento de Toledo, el silencio suena distinto. Allí, entre jaulas y cuidados diarios, crece un gigante que no quiere desaparecer.

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