Grupo Anro, Tomelloso
De un taller en Tomelloso al Roig Arena: la odisea manchega de Anro que ha conquistado 21 países
De una vieja casa de Tomelloso a levantar estructuras icónicas en cuatro continentes, la historia familiar que ha convertido el hierro manchego en referencia internacional
En Tomelloso, donde el horizonte se dibuja entre viñas y viento manchego, comenzó una historia que hoy recorre el mundo. En 1959, Ángel Rodríguez arreglaba aperos de labranza en un pequeño taller. Nadie imaginaba entonces que aquel ruido de martillos sería el primer latido de una compañía que acabaría levantando estadios, estaciones ferroviarias y edificios en más de veinte países.
Así nació Grupo Anro, una empresa que resume el carácter de Castilla-La Mancha: trabajo silencioso, ambición paciente y raíces que no se olvidan.
Del campo manchego a las grandes estructuras del mundo
La historia de Anro no se entiende sin la tierra que la vio nacer. Tomelloso era agrícola, y la industria giraba en torno al campo. Ángel Rodríguez empezó reparando herramientas, luego barandillas, ventanas, cerrajería… hasta que el metal empezó a crecer. Llegaron las primeras estructuras de envergadura. Después, los grandes hitos.
Alphabetic Tower en Batumi (Georgia)
El Centro Comercial La Vaguada en Madrid, las estaciones de Atocha y Santa Justa… y, con el paso de los años, proyectos internacionales: una planta termosolar en el desierto de Atacama (Chile), la Alphabetic Tower en Batumi (Georgia), edificios en Inglaterra o Hungría, el Roig Arena de Valencia o el futuro estadio del Getafe CF. De un taller con un ayudante a una empresa con casi 300 trabajadores directos. De Tomelloso al mundo.
Roig Arena, Valencia
El relevo generacional que cambió el rumbo
Cuando Ángel Rodríguez entregó las llaves a sus hijos Rafael y Carmen, la empresa dio un salto definitivo. Sin renunciar a su ADN manchego, Anro se convirtió en referente nacional e internacional en estructuras metálicas.
La investigación y el desarrollo marcaron el nuevo camino. Y de ahí nacieron dos divisiones que hoy definen el futuro del grupo.
Aparcamientos que se desmontan y viajan
Hace catorce años nació Anrotech, especializada en aparcamientos en altura desmontables, ampliables y reubicables.
Una idea revolucionaria que ya suma más de medio millón de metros cuadrados construidos y más de 25.000 plazas de aparcamiento.
Uno de sus proyectos más llamativos fue el traslado en apenas doce semanas de un parking desde San Sebastián hasta el Hospital 12 de Octubre de Madrid. En Santander, un silo logístico con capacidad para miles de vehículos sigue ampliándose. En Sevilla, el aeropuerto contará con otro gran aparcamiento diseñado por la firma. En Las Palmas de Gran Canaria, el parking del puerto fue uno de los primeros en concesión promovido, construido y gestionado por Anrotech. Su construcción se desarrolló en el tiempo récord de ocho semanas.
Parking Las Palmas de GC
La estructura como mecano gigante. El acero como arquitectura del futuro.
Edificios modulares que se construyen en fábrica
En 2023 llegó la tercera pata del grupo: Anrobox, centrada en la construcción industrializada de hoteles, viviendas o residencias.
Edificios modulares fabricados en taller, con procesos más controlados, plazos más cortos y menor impacto ambiental. Construcción sin agua en obra, reducción de residuos y una apuesta clara por la economía circular.
El primer hotel modular de 24 habitaciones en Tomelloso será su carta de presentación. Si dentro de veinte años cambia su uso, podrá desmontarse y trasladarse sin demolición. Arquitectura que se mueve. Ciudades que se adaptan. Un mundo resiliente.
Primer hotel modular en Tomelloso
Un gigante global con corazón manchego
Pese a firmar obras en Chile, Georgia o Reino Unido, Anro sigue mirando a Tomelloso. Alrededor de la empresa ha crecido industria local, empleo y formación. Un ecosistema que demuestra que Castilla-La Mancha no solo exporta vino o queso, sino también ingeniería y talento.
Siete décadas después, el ruido de aquel primer taller aún resuena. En cada viga que sostiene un estadio. En cada parking desmontable que cambia de ciudad. En cada módulo que se convierte en hotel.
La historia de Anro es la de una tierra que aprendió a levantar el mundo sin dejar de pisar su propio suelo. Y todavía queda mucho acero por moldear.